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«He intentado ser perverso, pero soy un fracaso»

«He intentado ser perverso, pero soy un fracaso»

Fumador, caótico, taurino, incontinente, reflexivo y seductor. Luis Eduardo Aute festeja 50 años de  carrera con una gira en la que incita al «individualismo» para batir el «aborregamiento»

PPLL

Miércoles, 2 de marzo 2016, 00:58

Todo apunta a que este filipino afincado en Madrid nació pintor y morirá mezclando los óleos de su paleta. En medio, este creador desaforado ha escrito himnos de amor y de muerte, y compuesto toda suerte de canciones de duda, rabia, ira, sexo, alevosía y destrucción. El hombre que, dicen, mejor susurra a las mujeres celebra cincuenta años de expedición artística. Lo hace con una gira antológica y floral, Giraluna. Hablamos con Luis Eduardo Aute (1943) de sus incontinencias, de las bombas de su niñez, de la lidia, del regreso social «al Medievo» y de los sacrosantos pórticos catedralicios.

Dice Ana, su secretaria, que apenas tiene un minuto libre, que viene de cantar en el Palau y que se va para Ecuador y, que en medio, remata la sexta entrega de sus libros de «poemigas». ¿Qué necesidad, a estas alturas, de tanto ajetreo?

Ah, esa misma pregunta me la hago yo. No sé... Las cosas vienen así y así me las tomo. Pero no se crea, cuando acabo las giras, me encierro en casa y pueden pasar un par de meses sin que salga ni a la esquina.

Y ya son años. 72. ¿Lo suyo es hiperactividad, autoterapia en abierto o una misión filantrópica de amor y paz?

Es un poco de todo eso, sí. Para mí vivir es estar encerrado en mi estudio pintando, dibujando, escribiendo, con la cámara haciendo fotos o películas o con la guitarra, construyedo canciones. Yo no deslindo vida y trabajo.

Ese desenfreno creativo, ¿es fruto de una sobreestimulación más o menos disciplinada?

No lo sé, la verdad. Supongo que es una necesidad de reflexionar y ver de qué trata toda esta película de estar en este planeta. Soy curioso e intento buscar respuestas que aparecen tomando formas muy diversas.

¿Qué le dieron de mamar y de soñar en aquella Manila agujereada por los bombardeos yankis en la que nació?

Hubo poco de lo uno y de lo otro. Me contaron que en el asedio de los bombardeos yankis a Filipinas para librarnos de los japoneses estuvimos un par de semanas encerrados en un hospital. No había leche ni comida. Me llegaron a dar por muerto. Tenía dos años. Y después fueron años de posguerra, destrucción y horror. Recuerdo ese clima... Y en el colegio era un desastre. Sacaba muy malas notas. En todo menos en dibujo. Era hijo único y me encerraba en mi cuarto y me ponía a dibujar. No me gustaba el fútbol y no me comunicaba bien con el resto de compañeros de clase.

Medio siglo después de que Massiel pusiera voz a sus Rosas en el mar, ahí sigue, detrás de sus gafas redondas, aferrado a un cigarro y desgranando emociones. ¿Le sorprende?

No. ¿Debería?

Se lo pregunto de otra manera. En esta sociedad de consumo voraz y relaciones inalámbricas, ¿se siente escuchado?

Las cosas no han cambiado tanto. La sociedad sigue montada en un delirio. Los cambios han sido formales, adjetivos, pero el sustantivo sigue siendo un desastre. Hemos vuelto a las cruzadas, a los señores feudales, que son los dueños de todo, los que tiene todos los derechos mientras que nosotros, los súbditos, pagamos los diezmos, a los alquimistas, con la obsesión de convertirlo todo en oro, a las epidemias, ahora prefabricadas. Hemos avanzado tanto que estamos descubriendo el Medievo.

¿Dos transiciones son demasiadas para una sola vida?

La de ahora yo no la veo como una segunda transición. La veo como la transición bis. Es el mismo pacto entre las fuerzas de siempre y otras, supuestamente nuevas. Yo la observo con mucho escepticismo. Ya he visto la película varias veces.

¿Y cómo acaba?

Me temo que se acaba cuando uno palma.

¿Se puede ser ácrata hoy?

De espíritu, sí. Mi vida es caótica, no tiene orden ni concierto. Políticamente, no. Hay que intentar de una manera u otra organizar la convivencia pero con dignidad, que es lo que no ocurre ahora, con esta apoteosis del neoliberalismo que vivimos. Es un fracaso rotundo y un disparate absoluto. Inventamos robots que van a la luna mientras masas de refugiados intentan huir de las bombas.

¿Y se puede ser taurino con la barbilla alta?

Buff, ahí entramos en un terreno muy complejo... Yo amo a los animales más que a mí mismo. Y prohibiría todos esos festejos en los que les hacen barbaridades y que no tienen nada que ver con lo que ocurre en una plaza de toros. La tauromaquia es una liturgia donde se representan las contradicciones de la vida de forma real. Ahí están el miedo, el valor, la inteligencia, la medida, la seducción y la muerte. Es cierto que el animal sufre y que es un ritual cruel, al igual que ocurre en la vida. Yo no lo llamo espectáculo ni fiesta. Porque donde hay muerte no hay fiesta.

«Acabó el tiempo de hablar de las flores», proclamó allá por mediados de los noventa en una entrevista similar. Y, con la que cae, se pone a fabular con girasoles y Giralunas. ¿Es impotencia o la receta de la nostalgia?

Esa es una historia que improvisé en un concierto, que la sigo contando, y con la que reivindico el criterio propio, la individualidad frente al aborregamiento general. Habla de un girasol insumiso, que cuando cae el sol, permanece erguido mirando al cielo porque intuye que algo va a pasar. Y pasa que sale la luna y para premiar su rebeldía le muestra su cara oscura.

El sexo, a lo que usted tanto ha cantado, ¿tiene reemplazo llevadero?

Siempre hay sexo. Otra cosa es que la biología no siempre responda a ese deseo de conocimiento profundo del otro. Porque en el deseo carnal uno quiere ser el otro para religare, volver a la unidad, al uno. Yo siempre digo que si Dios existe, es sexo puro. Que eso de llamar al principio de las cosas el Big Bang me parece una barbaridad. Cómo se puede llamar con una onomatopeya de cómic al gran orgasmo del Dios trinitario, haciendo el amor consigo mismo a tres bandas. Yo no sé explicarlo de otra manera...

Del gótico y de Garzón

Dicen Sabina y Pérez-Reverte que usted siempre cantó «al coño de las mujeres, que son las que van a los conciertos y las que compran música». ¿Puede, quiere, enmendarles la plana?

No, qué va. Coincido plenamente con el cuadro de Courbet. Es el origen del mundo. Ahí nace la vida y nace la muerte también. Estéticamente es como el pórtico de un catedral gótica.

Sin embargo, solo se le ha conocido una mujer, Maritxu, la madre de sus tres hijos. ¿El canalla sexy fue en realidad un chico bueno?

Yo siempre he intentando ser perverso, cínico y malvado, pero soy un fracaso.

Entonces, ¿su leyenda de seductor es...?

Es eso, leyenda.

Allá por el 93 hizo campaña por Izquierda Unida. ¿En las generales de 2015 abrazó a Garzón?

Sí. Me cae bien. Me parece un tipo creíble, sin postureo ninguno.

¿Le gusta en qué ha cuajado el Movimiento 15-M?

Bueno, no me gustaría periclitarlo. Está haciéndose. Es aire fresco que quiere desintoxicar el clima político. Está lleno de buenas intenciones. Veremos cómo sobrevive en esta jungla.

¿Qué recomienda a sus hijos?

Les advierto de que les toca vivir un mundo muy difícil, con perspectivas cada vez más confusas e inalcanzables, y les recomiendo queintenten ser personas cultas, con deseos de conocimiento.

Cuando mira su último autorretrato, ¿le gusta en qué se ha convertido?

Eso depende del día. En uno bueno pienso, hasta aquí has llegado, haciendo lo que te gusta y sin traicionarte demasiado. Y eso me produce tranquilidad cuando me voy a dormir.

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