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FERMÍN ANGUITA
Lunes, 14 de julio 2008, 05:01
Aun lado y otro del Mediterráneo la vida enfrenta a las personas a situaciones muy diferentes y casi abismales. Los niños españoles tienen asistencia médica sin problemas y cualquier complicación siempre tendrá más posibilidades de combatirse en un quirófano cerca de casa y, en la mayoría de las veces, sin que su familia tenga que entablar auténtica lucha contrarreloj contra el destino y, no sabemos si es peor, contra la economía.
Bassma nació en enero pasado en Arzrou, rozando el atlas marroquí y casi en las puertas de Argelia. Su nombre, 'Sonrisa' fue una premonición del esfuerzo que muchas personas realizarían para que en el futuro la enarbolase como cualquier niño y haciendo relucir esos preciosos rasgos árabes que tiene la pequeña.
Bassma es una niña con suerte, pues sus padres están luchando por ella desde que supieron que la pequeña nació con el labio superior y el paladar partido en dos. En España, la enfermedad es conocida como 'labio leporino' y, en las tierras lejanas del este de Marruecos es un auténtico problema que tiene sobrecogidos a sus padres, gente honrada y trabajadora que apenas puede ingresar en su hogar un sueldo con que hacer frente al problema médico de su hijo (el padre gana 120 euros al mes).
Al otro lado del mar donde tantos pierden la vida cada mes, un grupo de amigos conforma una modesta pero humana ONG llamada 'El norte perdido'. Son siete personas (la fundaron cinco) y una cantidad nada despreciable de colaboradores y gente que arrima el hombro ante situaciones difíciles.
Sin pensarlo
Una de sus integrantes es Marisa, valenciana que junto a su marido reside en Motril y que en pleno viaje en Argentina recibieron una llamada, una petición, canalizada a través de un contacto en Marruecos. Tuvieron conocimiento del problema de Bassma después de la petición de ayuda que sus padres lanzaron para que el viento llevase ese mensaje, como un viaje nómada, como ellos mismos. «Ni pensarlo siquiera -dice Marisa- pues en marzo nos presentamos allí cuatro personas e hicimos todas las gestiones posibles, sabiendo de antemano que la operación costaría más de tres mil cuatrocientos euros más gastos de viajes, etc », explica. Y es que la operación hay que pagarla. En España el problema se hubiese afrontado de manera bien distinta, pero allí se ha tenido que movilizar todo el mundo. Varios 'padrinos' anónimos han puesto una parte; en Motril, sin ir más lejos, una cofradía (La Buena Muerte) tuvo conocimiento de lo que ocurría, a través de Javier Fernández, y organizó una cena para recaudar fondos donde obtuvieron una parte importante del coste.
Hermandades y amigos
Pero había que hacer más, la hermandad del 'Silencio' junto con Radio Motril, la Coral Armiz y el empeño de José Manuel González o Gerardo Martín hicieron el resto organizando en la noche de este pasado sábado el concierto benéfico 'Música para una sonrisa'. La citada coral actuó desinteresadamente con la sola intención de que el público diese un donativo, cualquier donativo, a la finalización del acto en los locales de CajaGranada.
Y es que queda una segunda operación que devolverá a la pequeña no solo una parte importante de su físico, sino su propia subsistencia pues tiene importantes problemas para ser alimentada de manera normal. En este caso, afirma Marisa, «nadie parece tener el norte perdido, sino una capacidad enorme de sentirse útiles y solidarios». Es más, cuenta esta integrante de la ONG que cada vez que vuelven de Marruecos, donde centran buena parte de su acción, las cosas importantes de aquí les parecen nimias y lejanas.
A estas horas Bassma no podrá intuir cuanta gente hay pensando y actuando por ella y para ella. Algún día, al leer estas líneas, se dará cuenta que por encima de culturas, religiones y fronteras, existe una humanidad mucho más grande de lo que creemos.
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