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COSTA

El Gran Poder ya puede mirar de frente

La Visitación estrena el primer retablo que se erige en Motril en medio siglo

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Domingo, 7 de diciembre 2008, 04:05

HAN pasado cuatro años desde que se gestó el proyecto que la motrileña hermandad del Gran Poder presentó a la comunidad de las madres Nazarenas de esta ciudad. Lo que un día fue, simplemente, un algo lejano e inalcanzable se acaba de transformar en una espléndida y muy singular obra de arte, tras la bendición del impresionante retablo marmóreo que se alza el presbiterio de la iglesia-monasterio de La Visitación y que preside la impresionante talla de Jesús del Gran Poder, el 'Nazareno' que nació de las manos del imaginero Domingo Sánchez Mesa en los años cuarenta del pasado siglo.

Una imagen que ha abandonado su modesto retablo de época -ubicado en el crucero del templo- y ahora ya 'mira de frente' a la nave principal de la Visitación. Así, el pasado 29 de noviembre se convertía en una jornada histórica por cuanto es el primer retablo, que corona el altar mayor de un templo, que se levanta en Motril en casi media centuria.

El propio hermano mayor de la corporación nazarena, Joaquín Bustos, no tiene palabras para dar las gracias a todos los que se han dejado «muchos meses de trabajo, de horas libres, del tiempo que deberían haber dedicado a los suyos» para hacer realidad la ya larga y vieja aspiración tanto de la hermandad como de la comunidad de Madres Nazarenas.

Un trabajo desinteresado y totalmente voluntario en el que han participado muchos hermanos, costaleros o simplemente amigos y allegados a la junta de gobierno del Gran Poder y dos albañiles amigos de la hermandad, Antonio Moreno Toquero y Antonio Cardona, así como la aportación económica y anónima de muchos ciudadanos, empresas y las actividades realizadas por la propia hermandad, «especialmente aquella que supone encerrarnos todos en un bajo, a trabajar, en días en los que toda la ciudad está de fiesta», decía Bustos en relación al esfuerzo de toda su junta durante las cruces de mayo.

300 piezas

El imponente retablo fue concebido íntegramente por el motrileño afincado en Sevilla, Francisco Posadas Chinchilla, quien tuvo muy claro, desde el principio, un planteamiento grandioso y de mayor protagonismo en el templo para la venerada imagen y el elaborarlo en tres tonalidades de mármol de Macael.

Se trata de un puzzle de más de trescientas piezas ensamblado sobre una estructura metálica que, tras su conclusión, alcanza los siete metros de altura y acoge en su hornacina central a la imagen del titular de la Hermandad.

A los pies, se ubica el antiguo sagrario y coronándose el retablo con el llamativo crucificado traído, ex profeso, desde la India por una hermana de la congregación. Curiosamente, esa singular imagen ha sido colocada sobre una cruz de madera confeccionada por Javier Carrasco, uno de los puntales humanos de la hermandad hacia la que tuvo el gesto de tallar, sobre la misma, tantas flores como costaleros aúpan el paso del Gran Poder cada miércoles santo.

Mucha emoción

El propio Carrasco no pudo ocultar su emoción al presentar el acto del pasado sábado en un recién remozado templo que tuvo que abrir puertas y rejas para permitir ser seguido una impresionante multitud de motrileños; en una noche en la que el nerviosismo estuvo a flor de piel y la emoción jugó una mala pasada a más de una persona.

El retablo fue engalanado, para la ocasión, con antiguos ciriales, centros y pequeñas ánforas con rosas rojas. El antiguo emplazamiento de la imagen, ha sido ocupado ahora por la de Nuestra Señora del Mayor Dolor, titular mariana de la hermandad.

Desde entonces, no ha parado el público de visitar el templo. Todo, bajo la estela de una noche que quedó para los anales de la comunidad nazarena y de la propia hermandad. Noche de encuentro y exaltación, pues no habían terminado de acomodarse las casi doscientas personas que tuvieron acceso al interior cuando este fue literalmente ocupado, por sus dos flancos, por los integrantes uniformados de la agrupación musical 'Virgen de la Cabeza' de Exfiliana, llenando de sones cofrades la bóveda de la Visitación que retumbaba con sonidos de madrugadas de Gran Poder. A esta formación le dio réplica, en el buen sentido, la coral Armiz de Motril que bordó su repertorio de lujo.

La intervención en el templo supone un hito cuya importancia trasciende el acto en sí y supone marcar un antes y un después dentro de la ampliación del patrimonio artístico de Motril.

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