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INÉS GALLASTEGUI
Jueves, 12 de febrero 2009, 03:07
El filósofo Jesús Mosterín (Bilbao, 1941) es el encargado de inaugurar hoy el curso que el Parque de las Ciencias dedica a Charles Darwin con motivo del aniversario de su nacimiento, tal día como hoy hace 200 años. En su charla sobre 'Naturaleza humana y evolución', el catedrático de Lógica y Filosofía de la Universidad de Barcelona abordará la importancia de las teorías del científico inglés en la historia del pensamiento. «Por primera vez explicó la funcionalidad y la adaptación de las estructuras biológicas sin tener que acudir a la voluntad de espíritus, dioses o personas -señaló ayer en declaraciones a IDEAL, poco después de llegar a Granada-. Antes se decía: si vemos con los ojos no es por casualidad, sino porque alguien nos ha hecho así. Darwin demostró que la adaptación que tienen las alas de las aves al vuelo, o los dientes a la masticación, o los ojos a la vista, se podía explicar sin ningún tipo de intenciones ni voluntades, dioses ni demonios».
La explicación, destacó el profesor del CSIC, se basó en tres mecanismos: la creación de variación, «que él no supo argumentar», pero que más tarde la Biología molecular definiría como «mutaciones y recombinaciones»; la herencia, que le 'correspondió' a Mendel; y la selección natural, que Darwin «explicó de 'pe' a 'pa'».
El naturalista británico apenas dedicó unas frases a la evolución humana en 'El origen de las especies' -a pesar de lo cual fue vilipendiado por asegurar que el hombre procedía del mono-, pero una década más tarde publicó un libro sobre el asunto.
«¿Dónde esta la naturaleza humana? -se pregunta el catedrático de Lógica-. En el genoma. La diferencia entre 'natura' y 'cultura' es que la primera se transmite genéticamente, mientras que la cultura se transmite por aprendizaje social y está en el cerebro».
«A veces hay polémica sobre las plantas transgénicas, pero los organismos más transgénicos de todos somos los humanos, que tenemos un 1% de genes humanos y un 99% de genes de otros organismos, que son, claro, heredados -explica el investigador-. De la etapa en que fuimos peces nos quedan genes de peces; y de cuando fuimos medusas, nos quedan genes de medusa... Es decir, los genes que ahora tenemos no son nuevos, sino genes que hemos recibido de ancestros que forman parte del pasado de nuestro linaje». Mosterín compara este fenómeno con una excavación arqueológica: las diferentes 'capas' de la naturaleza humana reflejan los sucesivos estadios por los que ha pasado el hombre en su evolución.
En todo caso, recuerda, nuestra actual sociedad dominada por la cultura y la tecnología, más que por la naturaleza, no ha acabado con la selección natural. «Es una tautología: los que más se reproducen son los más aptos para reproducirse. Una persona estéril no se reproduce -en principio-, pero naturalmente puede tener una gran influencia cultural. Ha habido pensadores muy famosos que no tuvieron hijos, como Platón, Newton, Kant... Por ejemplo, actualmente la selección natural favorece a los negros sobre los blancos. No hay nada misterioso en ello; simplemente, se reproducen más», reflexiona.
Fundamentalismo bíblico
Autor de 'Historia de la filosofía' (1983) y 'Animales y ciudadanos' (1995), Mosterín presentará el próximo 24 de febrero su último libro, 'La cultura humana' (Espasa), muy influido por los hallazgos de Darwin. «Hoy es imposible hablar del lenguaje, la conducta humana, la sociología o la cultura sin tener en cuenta las ideas darwinistas», afirma.
Aunque el creacionismo está «en retroceso» y «completamente desprestigiado», cerca de un 3% de la población escolar de Estados Unidos vive en comunidades atrasadas de «fundamentalistas cristianos» que explican el origen del mundo con interpretaciones literales de la Biblia. Sostener hoy en día que los seres humanos no son animales es «como decir en la Matemática moderna que el número 13 da mala suerte», ironiza.
Mosterín opina que no hay riesgo de que semejante anacronismo llegue a Europa. «Lo que sí es cierto es que la gente no está muy al loro de las grandes cuestiones -admite-. Entre el cotilleo cotidiano y la crisis económica que aprieta, apenas queda tiempo para pensar en los grandes hitos del pensamiento».
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