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ÁNGELES PEÑALVER
Jueves, 23 de abril 2009, 10:03
Con la estela de la controversia a sus espaldas, José Antonio Fortes salió ayer de las aulas de la Universidad de Granada -imparte Literatura Española Contemporánea- para ofrecer, a los 60 años, su primera conferencia en la ciudad de la Alhambra, donde ejerce la docencia desde 1973.
Lo que ha alterado el 'status quo' del panorama local de la poesía y las letras -hasta tal punto que el autor de 'La guerra literaria (literatura y falsa izquierda)' ha subido por primera vez al podio de los oradores- es una sentencia judicial que dio la razón a Fortes frente al poeta Luis García Montero, que le injurió en una columna periodística tras años de enfrentamientos personales y dialécticos.
Ayer, un Fortes exultante, con una gran número de acólitos enfrente y parapetado bajo el título de su charla, 'El lugar intelectual del Romancero gitano (1928)', volvió a hacer alarde de su género literario predilecto: el de los títeres, pero sin cabeza. En su alocución dejó clara su postura contraria a los dogmas establecidos, sobre todo si los dogmas tienen por nombre Federico García Lorca, Alberti e Ian Gibson. «No entiendo la necesidad de hacer de Lorca un intelectual de izquierdas».
Igual no debe caer en el olvido que Fortes proviene, no ya de Granada, sino de la Axarquía malagueña, de Vélez-Málaga, caracterizada por el temperamento y el tremendo carácter de sus lugareños. Esto, mezclado con una postura marxista escorada hasta el extremo, permite a este intelectual hacer declaraciones del tipo: «¿Por qué creemos que Lorca no mintió? ¿Cómo consiguió plaza en la Residencia de Estudiantes, con todas las asignaturas suspensas, si era una institución pública?».
En la conferencia, auspiciada por la UGR en el Colegio Mayor San Bartolomé y Santiago, Fortes también desmontó a Rafael Alberti: «No tenía ni puñetera idea de lo que era intelectualismo marxista. Creó una revista comunista al margen del Partido Comunista. (...). Alberti cogió a Lorca en cuanto le fusilaron y empezó a lanzar el 'Romancero gitano' como si fuese de contenido proletario y lucha obrera, un error y un disparate que llega hasta hoy». Y sentenció: «El jornalero andaluz no aparece nunca en la obra de Lorca. No hablemos de simbología, por favor, porque los que trabajaban de verdad frente a Primo de Rivera no se escudaron en un lenguaje simbólico».
«Clase burguesa»
El profesor aseveró en múltiples ocasiones que el autor de 'Yerma' era un intelectual orgánico de clase burguesa. «La Generación del 27 era un grupo de élite muy pequeño y me duele que el resto de pensadores de aquella época hayan sido borrados del mapa. Ellos no tenían un papá (en alusión a Lorca) que les pagara, sino que se gastaban sus sueldos. Él era un hijo de nuevo rico y burgués granadino cuyo padre le costeaba los viajes a Nueva York y Argentina».
Entre los coetáneos del poeta de Fuente Vaqueros que merecerían haber ocupado un lugar preeminente en las letras españolas, Fortes destacó a José Díaz Fernández, un autor que vendió 100.000 ejemplares de su 'Blocao', mientras el 'Romancero gitano' alcanzó 'sólo' las 2.000 copias entre 1928 y 1929. «Federico siempre tuvo amigos que le subvencionaron, enchufes, o usó dinero público. La compañía La Barraca, que Lorca dirigió, le otorgó espacio público en los periódicos. Pero el proyecto, en realidad, era un capricho de Fernando de los Ríos».
En la alocución criticó a Lorca por haber escogido los pueblos de Soria, bastiones del fascismo agrario español, para debutar con La Barraca, que le permitió disponer de 100.000 pesetas libradas por el ministerio. «Fíjate, y divulgaron la obra de Calderón de la Barca, el estandarte de la fe católica. ¿Por qué no llevó Federico a su agrupación teatral -donde, por cierto, se lavaban la cara con agua mineral- a Casas Viejas?», dejó en el aire.
El docente de Literatura Española Contemporánea insistió en que el régimen fascista de Franco no le confiscó «ni una sola peseta a la familia Lorca». Y recordó que en Argentina, donde las obras del granadino cosecharon éxito y dinero a la par, el «supuesto intelectual comprometido» pernoctaba en casas de cónsules, ministros...
Según el autor de 'Intelectuales de la República', el asesinato del poeta puso en marcha su proceso de sacralización, «y que yo sepa Lorca no tuvo sufrimiento ninguno. Además, a él lo fusilaron en el caos contrarrevolucionario, no en el orden impuesto por Franco».
«Yo no quiero eso para nadie, pero a Federico no le hicieron pasar lo que a los profesores universitarios, que los tuvieron durante semanas cavando tumbas para asesinar a sus compañeros y sin saber si la tumba que estaban cavando iba a ser la suya. Eso no lo hicieron con Lorca. Ya está bien de pasión, no le torturaron para nada. El caos revolucionario asesinó a muchas personas, entre ellas, a Lorca y a su propio cuñado. De ahí a decir, como dijo Ian Gibson en el año 1998, que Lorca era cristo... El proceso de sacralización llega actualmente al ridículo».
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