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ESTIBALIZ SANTAMARÍA
Martes, 1 de diciembre 2009, 04:10
No es extraño que un futbolista se quite la camiseta durante un partido de fútbol. Como mucho, puede acarrearle una tarjeta amarilla y nadie se ofende por ver el pectoral del astro de turno. Pero las cosas cambian cuando la prenda es el pantalón. Lo que para un sector de la hinchada puede ser un motivo aún mayor de gozo, para otros es una afrenta inaceptable, al punto de llevar el caso a instancias policiales. Es lo que le ha ocurrido en la pasada jornada de la Liga escocesa a Nacho Novo, el delantero gallego del Glasgow Rangers.
Los hinchas del equipo rival -el Aberdeen- le dedicaron un estribillo fuera de tono, pero demostraron poco sentido del humor cuando el ariete les devolvió la 'gracia'. El encuentro había concluido y la afición del Aberdeen, crecida por la victoria, la tomó con el gallego entonando un antiguo y desafortunado himno: 'Nacho Novo, fucking homo'. Las desavenencias vienen de lejos, pero el delantero decidió 'agradecer' la rima enseñándoles el trasero y, de paso, ofreciéndoles el dedo corazón. Dicen los profesionales que las cosas deben quedarse en el terreno de juego, pero los hinchas, ofendidos, se fueron derechos a la comisaría más cercana para denunciarlo. El asunto podría haber quedado en mera anécdota si en las fotos que atestiguan la bajada de pantalones no apareciera, atónita, una niña de corta edad. Según parece, los hinchas del Aberdeen consideran perturbador para la pequeña ver en calzoncillos al futbolista.
«Si hubiera ocurrido en el centro de la ciudad le hubieran arrestado de inmediato», razonan. Además, como agravante, remarcan que «se bajó el calzón y nos enseñó el culo deliberadamente». Ciertamente, eso es irrefutable. Salvo que Novo logre demostrar alguna tara en la goma del pantalón, no cabe duda de que el 'calvo' fue voluntario y el caso es que la Policía vio indicios de delito en el gesto, así que ha iniciado una investigación.
La Federación Escocesa se plantea también medidas disciplinarias ante el antideportivo gesto de quedarse con el culo al aire, aunque no tenga objeción al cántico homófobo de la grada.
Deberían tener en cuenta que la respuesta podría haber sido peor si Novo hubiera seguido el ejemplo del inglés Levi Foster, quien hace unos días le soltó en la cara al árbitro una rotunda ventosidad mientras se ajustaba las botas para tirar una falta. La niña sí que se hubiera quedado pálida y de nada hubiera servido la explicación del futbolista: «Había cenado curry», se defendió.
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