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Inés Gallastegui
Domingo, 22 de noviembre 2015, 01:33
José Manuel Vílchez Medina (Salobreña, 1959) asumió en 2013 la dirección del Instituto de Astrofísica de Andalucía, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y con sede en Granada. Es licenciado en Ciencias Físicas por la UGR. Fue astrofísico residente del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y realizó su tesis doctoral en el Royal Greenwich Observatory (Reino Unido) y el IAC. Es profesor de investigación del CSIC en el IAA, que estos días celebra el 40º aniversario de su creación.
Los inicios del Instituto de Astrofísica de Andalucía debieron de ser épicos: poco personal, mínimo presupuesto, sin sede propia, sin telescopios...
Fue un momento muy especial. En 1975 empezaron a cuajar las relaciones internacionales con otros países, en particular Inglaterra y Alemania, para instalar telescopios en el sur de Europa, básicamente en Andalucía, en las cumbres de Sierra Nevada y en la Sierra de los Filabres, en Calar Alto, y en Canarias. Estos lugares son ideales para la observación astronómica por la calidad del cielo, la transparencia, el número de noches claras. Luego había un grupito pequeño de personas que trabajaban asociados al Observatorio de Cartuja. Granada en el siglo XX era una adelantada en el tema de la Astronomía en España, porque recupera la tradición astronómica mucho antes que Madrid o Barcelona. El Observatorio de Cartuja fue el primer observatorio español moderno; se fundó en 1902, ligado a la Compañía de Jesús.
¿La contaminación lumínica es un problema?
Las condiciones de Sierra Nevada son de las mejores del mundo. Pero el área metropolitana de Granada, que tiene casi 500.000 personas, está cerca del observatorio y eso se nota. Tenemos que hacer otras técnicas, por ejemplo la espectroscopia o la fotometría en una zona del espectro que no dañe tanto la iluminación nocturna. Al radiotelescopio no le afecta. Con todo, Andalucía es pionera en el mundo, con una legislación propia para la protección frente a la contaminación lumínica. Por ejemplo, tenemos un convenio con Cetursa.
Habla de «recuperación» de la tradición astronómica. ¿Por qué?
Es que la historia de la Astronomía española es muy triste. La España medieval, Al Andalus, era una potencia en la Astronomía del momento. Después, la Corona fomentó el estudio de la posición de los astros porque ayudaba a la navegación en los viajes trasatlánticos. Esa tradición se fue perdiendo y hubo un periodo oscuro hasta que a finales del XVIII la Marina la recuperó. Pero llegó la invasión napoleónica y todo se acabó. El XIX fue un siglo nefasto para la ciencia y a principios del XX se recupera la tradición astronómica en Granada. Aquí hubo una coincidencia muy especial: aunque la gente no se lo crea, Granada era entonces un sitio próspero, gracias a la industria del azúcar: había dinero y cultura, y eso duró hasta los años treinta. Es decir que aparte de haber un sitio ideal para la observación, la Sierra, había una base social y económica.
¿En qué se diferencia la Astronomía de la Astrofísica?
Nosotros los utilizamos indistintamente. La Astronomía está muy ligada a la geodesia, a las Matemáticas que tenemos que saber para controlar el movimiento de los astros. El concepto de Astrofísica implica que analizamos la luz y empezamos a obtener otras propiedades de los astros: su composición química, sus relaciones termonucleares...
Duro y apasionante
¿Quiénes fueron los pioneros del IAA?
El fundador fue José María Quintana. Algunos eran de la Universidad, otros trabajaban en el observatorio, había un jesuita, el hermano Merlo... Lo interesante es que ellos trabajaban y se iban adscribiendo conforme llegaba alguna beca. Fue duro pero tuvo que ser apasionante.
Poco después el IAA lanzó sus primeros experimentos al espacio...
La participación del IAA en ciencias del espacio es impresionante: en 1981 empezó la carrera espacial andaluza. Nosotros somos un instituto andaluz, aunque estemos en Granada, porque aquí están las cumbres de la península. Aquel año el instituto empezó a mandar instrumentos en unos cohetes que lanzaba el Instituto Nacional de Técnica Aerospacial, que es militar, desde la base de Arenosillo, en Huelva. Había un hueco en el cohete y el IAA pidió ocuparlo con un experimento para observar la física de las capas más altas de la atmósfera. Y por eso tenemos en la puerta ese pequeño cohete, que parece ridículo de lo pequeño que es, pero así eran. Gracias a esa colaboración con los militares se hicieron varias tesis doctorales, una de ellas la del fundador. A partir de eso ha habido una colaboración muy fuerte con la Agencia Europea del Espacio (ESA) y con la NASA, y podemos decir que en prácticamente todas las misiones de la ESA que han ido a explorar el Sistema Solar el IAA ha estado presente: el 'HASI' en 1995; 'Mars96'; 'Rosetta', que partió en 2004 y diez años después llegó a su cometa; el 'Solar Orbiter', que dará la vuelta al Sol dentro de dos años; 'Juice', que llegará a Júpiter en 2022 para examinar sus lunas heladas; 'Plato', un satélite que buscará planetas extrasolares de tipo terrestre...
También observan desde la Tierra...
En la parte basada en tierra hemos estado ligados a las instalaciones que había aquí, en Sierra Nevada y los Filabres. El telescopio de Calar Alto es mitad español, del CSIC, y mitad alemán, del Instituto Max Planck de Heidelberg. Pero hoy en día los astrofísicos de aquí utilizan todas las instalaciones del mundo, los grandes telescopios de Chile y de Hawaii, que tienen grandes presupuestos y solo pueden sostener conjuntos de naciones. Hoy en día la Astrofísica está basada en las tecnologías de la comunicación y la información y, gracias a internet, puedes estar observando en Chile y no necesitas ni ir. No es que los telescopios andaluces estén mal o se hayan quedado antiguos: tienen entre 1 y 3,5 metros y tienen una finalidad. Por ejemplo, en Sierra Nevada se hace muchísimo seguimiento de estrellas, objetos cercanos a la tierra potencialmente peligrosos, los llamados NEOs, o para la basura espacial... misiones de largo recorrido que necesitan un seguimiento a lo largo del año.
¿Cuál es el presente del IAA?
Es bastante poderoso. Lo único que no tiene el instituto es un fuerte apoyo económico de la administración. Por ejemplo, al IAC, hermano de aquella época, lo adoptó el Gobierno canario. Eso no ocurre aquí; nosotros pertenecemos exclusivamente al CSIC, que depende del Ministerio de Economía y Competitividad, y en cierto modo estamos en una situación de desventaja. Pero a fuerza de mucha decisión, empeño y talento se consigue salir adelante.
¿Cómo se podría articular la participación andaluza?
Lo mismo que se ha hecho en Canarias: se crea una fundación o un consorcio. La estructura existe, pero tiene que haber voluntad política...
¿Se ha intentado alguna vez?
Yo no sé si se ha intentado, pero yo lo voy a intentar porque, cuando hacía la tesis en Tenerife, vi cómo el Instituto Astrofísico de Canarias pasaba de ser un instituto universitario con apoyo del CSIC a una estructura basada en el Ministerio, con observatorios internacionales y una fuerte presencia del Gobierno autonómico y de la Universidad. Eso aquí no existe: nos llevamos fantásticamente bien con los departamentos de la Universidad, pero no hay relaciones institucionales.
¿Cuáles son las grandes líneas de trabajo del Instituto?
Hay cuatro: la astrofísica espacial, que incluye planetas, el sol y algunos astros estelares; la radioastronomía de estructura de la galaxia; la astrofísica de las estrellas; y la astronomía extragaláctica, que incluye la cosmología, es decir, el origen del universo. Aparte hay una línea muy potente de desarrollo tecnológico, una unidad completa donde se hacen instrumentos punteros.
Están muy orgullosos del gran impacto de las investigaciones realizadas en revistas internacionales de prestigio...
Presumir es muy feo, pero el CSIC tiene 125 institutos, algunos enormes, y nosotros somos el séptimo en producción científica. Como promedio, cada día no festivo del año publicamos un artículo. Pero en ciencia la calidad se mide por el impacto que uno tiene en los demás científicos: nosotros tenemos un 250% más que la media. La Astrofísica española está en el G-8. Hay que tener en cuenta que casi toda la producción científica está dominada por los países anglosajones; producir fuera de la órbita de esos países tiene más mérito. Somos afortunados, a pesar de las dificultades de financiación, por el impacto que tiene el IAA y la ciencia que se hace aquí. Los andaluces deben estar orgullosos de que aquí haya un sitio que no tiene parangón salvo fuera de España. Eso lo echo un poco en falta: se necesita apoyo económico, pero también político.
¿Cuánto personal tiene el IAA?
En torno a 200 personas, entre científicos, ingenieros, técnicos, personal de administración y servicios, y personal del observatorio. El IAA es un foco de creación de empleo importante, sobre todo para personal con titulación superior, doctores e ingenieros.
Pérdida de conocimiento
¿Cómo han afectado los recortes?
Mucho. No ha repercutido en la progresión de personal porque hemos sabido encontrar financiación de fuera, pero se han perdido muchos contratos. Por ejemplo, el CSIC despidió el año pasado a 12 personas de Calar Alto, casi el 30% de la plantilla. Se ha perdido conocimiento: gente muy bien formada se ha tenido que ir al extranjero y hemos tenido que reponerla con personal más joven. Eso es muy malo. España está invirtiendo en ciencia un 1,23% del PIB, que es como volver a 2002. Toda esa década en la que se hizo un esfuerzo enorme se ha perdido. En 2009 estábamos tocando el cielo y ahora nos tenemos que contener: nos han invitado para hacer un instrumento para el telescopio Gemini de Hawaii. Tenemos el talento, pero ¿la financiación? En el Telescopio Europeo Extremadamente Grande que se pondrá en Chile dentro de unos años el IAA está invitado a participar en un par de instrumentos. Para ello hay que tener un grupo de científicos e ingenieros que dediquen su tiempo a ese proyecto.
¿Cómo es la relación del IAA con la sociedad que lo rodea? ¿Se comprende su trabajo?
El otro día di una charla en el Aula Permanente de Formación Abierta de la Universidad y estaba llena de personas mayores. Otras veces voy a los pueblos a hablar. La gente tiene muchísimo interés en la ciencia, y más en las ciencias del espacio. Pero vivimos en una sociedad muy basada en la imagen. La exposición 'Un universo de luz' la hemos puesto en el Parque de las Ciencias porque queremos que la vea más gente. Lo que hace falta es que la ciencia también les guste a los políticos y a quienes crean opinión. Me gustaría que esas personas se fueran al observatorio de Calar Alto y pasaran la noche con los astrónomos. La Astrofísica engancha; al fin y al cabo, son las grandes preguntas de siempre. Granada está dominada por el arte, por la cultura, por la música, y eso es magnífico, pero también es una potencia científica de primera magnitud. Mucha gente cree que por estar en el sur de Europa tenemos que vivir del turismo, de la agricultura... ¿por qué no podemos ser una potencia en Ciencias del Espacio? Ves el IAA desde fuera y es un edificio modesto, de ladrillo, sin pretensiones, pero la tecnología que hay dentro es impresionante. Nadie se imagina que aquí se está haciendo el tope de la tecnología espacial. A lo mejor en otro sitio nos habrían puesto un edificio fantástico de diseño...
¿Cuál es su objetivo como director?
Que todo el personal científico o tecnológico que tenga un proyecto interesante puedan ponerlo en marcha aquí. Que los jóvenes con talento no se tengan que ir a a Holanda o a Alemania. No es un sueño. Se puede hacer, porque hay una base de talento y de capacidad. Lo que hay que hacer es convencer a todo el mundo para que se lo crea.
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