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El arabista granadino Federico Corriente.
"Granada sigue siendo mi referencia, y vuelvo cada vez que puedo"

"Granada sigue siendo mi referencia, y vuelvo cada vez que puedo"

El lingüista granadino fue nombrado la semana pasada para sustituir a Ana María Matute en el sillón K de la institución académica

JOSÉ ANTONIO MUÑOZ

Lunes, 10 de abril 2017, 01:51

El arabista y catedrático granadino Federico Corriente Córdoba (1940), ocupará el sillón K de la Real Academia de la Lengua, en sustitución de Ana María Matute, que falleció en junio de 2014. Su candidatura se impuso a la del dramaturgo José Sanchís Sinistierra por 21 votos a 11. Federico Corriente ejerce como catedrático honorario en la Universidad de Zaragoza, ciudad en la que ha desarrollado su labor como catedrático de Estudios Árabes e Islámicos desde 1991.

Licenciado en Filología Semítica por la Universidad Complutense de Madrid, Corriente obtuvo el doctorado en la misma institución y ha ejercido la docencia en varias universidades españolas, americanas y norteafricanas. Director del Centro Cultural Español en El Cairo entre 1962 y 1965, el profesor granadino trabajó como enseñante de español en la Universidad Muhammad V de Rabat, y de lingüística semítica y hebreo en la misma institución de Fez. Del mismo modo, fue profesor asociado de lingüística semítica, etiópica y árabe y catedrático de las mismas materias en la Universidad Dropsie de Filadelfia. Su currículo es tan abultado que le convierte en uno de los primeros espadas en su materia a nivel mundial, por más que este hombre humilde y afable diga que «estamos 20 o 25 que nos dedicamos a esto». La semana pasada, «por aquello de la edad», hablaba más de trabajo que de honores o ilusiones.

Nacido en Granada, formado en varios países, ciudadano del mundo... ¿Qué es para usted esta capital nazarí donde lo árabe está tan presente?

Sigue siendo una referencia, no sólo por haber nacido allí, sino porque voy con toda la frecuencia que me es posible, normalmente a asuntos de índole académica, y a ver a la familia, de camino. Mi madre era motrileña, así que me sigo sintiendo muy granadino, por más que la vida me haya llevado por múltiples rincones del mundo. Creo que la última vez que fui estuve en la Escuela de Estudios Árabes impartiendo una conferencia.

Su nombramiento ha sido mucho menos mediático que el que se podría haber producido si hubiera sido elegido Sanchís Sinistierra...

Hay que tener en cuenta que el mío es un campo de estudio muy reducido en cuanto al número de personas que nos dedicamos a él, no es como el teatro, que tiene más seguidores. Las conferencias sobre lenguas semíticas las impartimos sólo 20 o 25, que vamos dando vueltas por el mundo... (risas). Y a nuestras conferencias sólo van personas muy interesadas en la materia, profesores y alumnos de las universidades o centros de investigación como la propia Escuela de Estudios Árabes.

Humanidades en crisis

Hace tiempo, ya se hablaba en Granada de Semíticas como una carrera que sólo cursaban unos cuantos locos, con pocas salidas profesionales.

Bueno, las humanidades en general, no sólo las Semíticas, no están siendo bien tratadas por el sistema educativo. Esto no es nuevo. Pienso que quizá estemos perdiendo un poco la perspectiva de lo que es importante. Los políticos cometen errores a diario porque no conocen la Historia. Y por eso se equivocan, porque no han leído que los actos erróneos del pasado traen consecuencias, y las siguen trayendo en el presente. Vivimos en una sociedad dominada por la tecnología, por las tendencias del saber que tienen un enlace con lo económico. Y estamos olvidando que para hacer, por ejemplo, negocios con los países árabes, tan importante como conocer su economía es conocer su cultura. Los conocimientos lingüísticos, fuera de las lenguas que podríamos llamar comerciales, están en horas bajas.

¿Qué ha aprendido recorriendo los países norteafricanos, y los Estados Unidos, donde ha ejercido usted como profesor?

Aprendes a acomodarte a tu entorno, algo que personalmente no me ha sido difícil, ya que mis padres -él de Marchena, ella de Motril, como he dicho-, eran profesores y recorrieron múltiples rincones de nuestro país hasta establecerse en Canarias. De hecho, a mí me toman por canario, por esa forma de hablar tan característica que me sale. Luego, por supuesto, aprendes mucho sobre las civilizaciones, sus porqués. A mí me ha movido el afán de aprender, lo mismo en El Cairo, que en Rabat, que en Filadelfia. De hecho, estudié Semíticas en Madrid porque por diversas circunstancias no pude hacerlo en Granada.

¿Ilusionado ante el reto que supone formar parte de la Real Academia?

Bueno, más que ilusionado, porque a mis años lo de la ilusión se relativiza, puedo decir que estoy contento. Ana María Matute y yo respondemos a perfiles muy distintos: ella era una gran literata, yo soy un lingüista. Mi trabajo irá encaminado al diccionario, a las etimologías. Me lo voy a tomar como una segunda 'mili', y estoy seguro de que esta va a ser mucho más interesante que la primera... (estalla en risas).

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