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LACERRADURA

Razón de fe

JOSÉ MARÍA PÉREZ ZÚÑIGA

Jueves, 21 de septiembre 2006, 04:44

SIN duda resulta lamentable que alguien pueda matar o morir por unas cuantas palabras, pero también que buena parte de Europa se baje los pantalones o se corte a sí misma la cabeza cada vez que el fanatismo y el miedo asoman su careta desencajada por el horizonte, extorsionando al mundo con su falta de inteligencia. Pues más que lamentar las palabras del Papa -en una conferencia en la Universidad de Ratisbona en la que precisamente defendía que confundir la fe con violencia es irracional y propugnaba el diálogo entre culturas y religiones-, hay que lamentar la reacción de los miembros más radicales de la comunidad islámica, que ha venido a demostrar que el emperador Manuel II Paleólogo -al que citaba el Papa-, allá por el año 1391, tenía más razón que un santo, chiste monacal aparte. De hecho, la razón se la han dado inmediatamente Al-Qaeda y demás cafres proclamando que «conquistaremos Roma como prometió el profeta... romperemos la cruz, derramaremos licor e impondremos el impuesto de la cabeza, sólo entonces lo único aceptable será la conversión al Islam o la muerte por la espada»; reproduciendo, casi textualmente, las palabras mentadas por el Papa: «...como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba». Porque si uno se toma la molestia de leer el discurso, de lo primero que se da cuenta es de que el Pontífice es, sobre todo, un universitario entusiasta -algo ingenuo quizá, dado el panorama-, y ante otros universitarios entusiastas concluye su argumentación contra la conversión mediante la violencia -la argumentación del emperador en realidad- afirmando que «no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios». Me parece un modo muy inteligente de entender la fe y el hecho religioso, y desde luego el mundo iría mucho mejor si los creyentes de cualquier religión fueran razonadores antes que fanáticos. Por el contrario, asistimos a las reacciones airadas del ayatolá Ali Jamenei, máxima autoridad religiosa de Irán, o del jefe de la Unión Mundial de Ulemas, el egipcio Yusuf al Qaradawi, que, contradictoriamente, anima a los musulmanes a expresar mañana viernes su ira pero evitando acciones violentas. Mientras tanto, como ocurrió el pasado mes de febrero con las desafortunadas e imprudentes caricaturas de Mahoma, los líderes europeos, como si no vivieran en una Europa laica y democrática, se apresuran a dar explicaciones, sonrojados, cuando este tipo de reacciones no merece el más mínimo comentario. Da la impresión de que Europa se apresura a pedir perdón anticipadamente por su forma de entender el mundo, o de que nos avergüenza vivir en un continente donde cualquier ciudadano, sea o no Papa, puede manifestar la opinión que le venga en gana. Al menos el portavoz de la comisión europea, Johannes Laitenberger, ha afirmado que las «reacciones desproporcionadas y contrarias a la libertad de expresión son inaceptables»; y lo mismo me gustaría escuchar de los musulmanes más moderados, que permiten la manipulación de las palabras, las personas y su propia religión. En las protestas de esta semana, los violentos han asesinado a una monja en Mogadisco y atacado dos iglesias en Palestina. Y todo en el nombre de Dios. A ver si de verdad les cae un día del cielo en la mismísima cabeza.

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