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BRÍGIDA GALLEGO-COÍN
Sábado, 30 de septiembre 2006, 04:58
SABIENDO que nunca me equivoqué en nada, salvo en las cosas que yo más quería». Con estas palabras de Luis Rosales termina el documental 'Lorca. El mar deja de moverse', estrenado ayer en una sola sala de Granada.
Tras los versos, la sala se hunde en un reflexivo silencio. Y el escaso público que ha asistido a la proyección (dirigida por Emilio Ruiz Barrachina y basada en las investigaciones de Miguel Caballero) sale despacio, con el gusto amargo de quien asiste a una tremenda injusticia. Momentos más tarde comienza el debate, en la misma sala y con la pantalla ya apagada. El guarda del cine escucha pacientemente a los apasionados contertulios.
Las personas que un viernes a las siete y media de la tarde se han reunido en la sala 5 de Multicines Centro para asistir a la proyección de este documental que insiste en las rencillas familiares como unas de las principales causas del asesinato de Lorca son pocas (no pasan de 20) pero muy expertas en el tema.
Una de ellas -quiere permanecer en el anonimato- comenta que en el Parque de Alfacar que lleva el nombre del poeta «Federico no está enterrado. Lo sé porque yo fui responsable de las obras de este parque y de allí no salieron más que unos pocos huesos». Asimismo, se queja de que ninguno de los historiadores que han investigado sobre el poeta visitaron la zona cuando empezaron las obras.
«Ni Gibson, ni Félix Grande, ni familiares, nadie apareció por allí en un momento tan crucial que podía aportar tantos datos sobre el asesinato como las obras de este parque. Nadie dijo, voy a ir a echar un vistazo ahora que empiezan las obras, por si acaso sale algo interesante. Lo que sí es completamente seguro es que donde está el monolito no existen restos de nadie».
Esta persona que no quiere identificarse pero que lleva toda la vida interesada en el asesinato del poeta apunta a la finca 3.412 inscrita en el libro 61 folio 158 de Alfacar, Registro de la Propiedad número 5, como un lugar donde sí podría estar el cuerpo del poeta «y donde sí debería empezarse a investigar».
Sin embargo, otro espectador, lo rebate asegurando que la familia de Federico «rápidamente trasladó el cuerpo de Lorca, una vez asesinado, y lo enterró en la Huerta de San Vicente, por eso ahora no quiere saber nada de exhumar los restos».
Debate apasionado
El debate aumenta de temperatura y las opiniones son cada vez más apasionadas. «Lo que toda la vida se ha sabido en Granada es que las rencillas familiares fueron la causa principal de que mataran a Federico. Eso está clarísimo». Una señora que hasta el momento se ha mantenido al margen interviene: «En este documental lo dice muy claro. Todo fue por culpa de los enemigos de la familia del poeta. El padre de Federico era una persona con mucho dinero pero progresista. No era el típico terrateniente déspota, sino que ayudaba a los campesinos. Era muy humano. Y eso no lo podían soportar el resto de terratenientes, que muchos de ellos trataban a sus empleados como basura. Y para colmo tenía un hijo que era un genio, un grandísimo poeta y un hombre diferente, con muchísima sensibilidad».
«Que no quiere decir que tuviera que ser homosexual», apunta un caballero. «A mí, personas que lo conocieron muy de cerca me aseguran que no era homosexual ni muchísimo menos. Y tampoco político. Era una persona completamente libre que vivía para sus versos y sus obras de teatro. Me molesta que se insista tanto en el tema de la homosexualidad».
Los nombres de los García Roldán y los Trescastro comienzan a relucir.
Algunos espectadores han tenido relación con estas familias. «Después del asesinato de Lorca el silencio cayó sobre este tema, que se convirtió en maldito. Nadie quería hablar, por una mezcla de miedo y de vergüenza», comenta uno de los espectadores, de unos setenta años. «Granada -añade- nunca podrá superar el horror de haber asesinado a su mejor poeta. A un grandísimo artista y a una bellísima persona como fue Federico García Lorca. Por muchos años que pasen, nunca podrá superarse».
«Es imprescindible»
El debate se disuelve cuando el guarda de la sala se ve obligado a pedir a todo el mundo que se marche para comenzar el siguiente paso. Pero las escaleras del cine son también un buen lugar para las últimas palabras. «Todos los granadinos tienen que ver este documental. Es imprescindible. Está magníficamente hecho y es importante para todos conocer el porqué del asesinato de Lorca. Yo, desde luego, lo recomiendo. Eso lo tienes que poner en el periódico».
Por fin, un espectador, se decide a dar su nombre. «Me llamo María Luisa García y creo que debemos ver este documental, sobre todo para que no se vuelvan a repetir cosas tan espantosas».
Su amigo, Luis Melganes, asiente. «A estas alturas de la vida quizás ya no importe tanto quién lo mató o por qué motivos. Lo que sí considero fundamental es conocer la vida y la obra de una persona tan mágica y tan genial como fue Lorca».
Las alabanzas al poeta y al hombre ponen punto y final a esta conversación que, posiblemente, se producirá al término de cada pase de este documental que habla, sin miedo, de un tema tan controvertido como el asesinato del poeta español más leído y admirado. El granadino Federico García Lorca.
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