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JUAN LUIS TAPIA
Jueves, 23 de noviembre 2006, 04:00
ES el libro más políticamente incorrecto de los últimos años. Hasta tal punto, que un grupo de hombres tuvo que hacer valer su criterio para que un canal de televisión pudiera emitir un reportaje ante la oposición de las féminas de la redacción.
Según el escritor y periodista José Díaz Herrera «en España hay una realidad invisible que raramente aparece en los medios: la persecución sistemática del hombre por el mero hecho de serlo, la violación continua de su derecho a la presunción de inocencia, su condena sin ser oído y la creencia unánime de que un alto porcentaje de los varones son maltratadores genéticos y que hay que darles caza, sin tregua ni cuartel».
Los datos de lo que el autor denomina 'nueva Inquisición' son elocuentes. Desde comienzos de 2004, en que se puso en marcha la orden de protección, más de 250.000 varones han sido sacados por la fuerza de sus casas, separados de sus familias, desposeídos de sus bienes en juicios inapelables y muchos enviados a la cárcel como si se trataran de individuos no reciclables para la sociedad.
Paralelamente, 190.000 varones, han sido fichados en el Registro de Maltratadores y más de 25.000 desterrados en 2005 de su entorno mediante órdenes de alejamiento, el instrumento más eficaz para acabar con muchos matrimonios, ya que pueden durar varios años.
Para José Díaz «la Ley de Violencia de Género es como un revólver. Aniquila a los hombres sin atender a razones, con la mecánica de las armas». Según el Observatorio del CGPJ, durante su primer año de vigencia, se detuvo en España a 150.000 varones (160.000 de acuerdo con las cifras aportadas en los cursos de Verano de El Escorial), más de 400 por día.
País pacífico
Según el autor de 'El varón castrado' se trata de «una Ley destinada a perseguir al hombre, a veces sin otra prueba que la denuncia telefónica de su compañera, no tiene parangón en ningún país europeo. La medida podría tener justificación si la violencia familiar fuera superior a la del resto de los países del entorno. Ocurre lo contrario». A tenor de los datos que aporta José Díaz, «España es uno de los países más pacíficos de Europa. Un informe del Centro Reina Sofía de 2000 revela que la tasa de mujeres asesinadas a manos de sus maridos era del 2,44 por millón, cifra por debajo de la cual sólo estaban Islandia, Irlanda, Holanda y Polonia. El resto de las naciones civilizadas -Finlandia, Dinamarca, Suecia, Reino Unido, Italia, Alemania o Francia-, ofrecen cifras de asesinatos de mujeres hasta cinco veces más altas».
Para el escritor e investigador «la tendencia a judicializar los conflictos familiares, dando el mismo tratamiento penal a la violencia ocasional y a la habitual, prohibiendo la mediación y el perdón, con ser grave no es lo más pernicioso. Lo es el hecho de establecer como verdad incuestionable que las riñas entre parejas tienen siempre un elemento activo que trata de imponer su autoridad por la fuerza -el hombre- y otro pasivo, la mujer, víctima ancestral del dominio del macho».
«Un enfoque maniqueo que no se compadece con la realidad, ya que en 2005 fueron asesinadas por sus maridos un total de 71 mujeres, y ellas acabaron con la vida de 56 hombres, unos porcentajes que suelen corresponderse con un 60% y 40% en los últimos años».
Díaz afirma que los asesinatos de hombres a manos de mujeres «suelen ser silenciados, aunque nadie duda de que el hombre es más violento que la mujer, la lista de varones asesinados por sus parejas es irrebatible. Pero como afirma la catedrática de la Politécnica de París, Elisabeth Badiner, 'nadie las cita; para conseguir leyes protectoras hay que demostrar que somos víctimas de los hombres'».
Opinión femenina
En este sentido, el especialista recoge el testimonio de Erin Pizzey, la feminista que abrió el primer refugio para maltratadas en Londres, quien dijo: «La violencia no es cuestión de sexo. De las primeras 100 mujeres que entraron en mi refugio 72 eran más agresivas que sus maridos».
En opinión de José Díaz «la Ley contra la Violencia de Género, manejada por el feminismo de la reivindicación, es un maquiavélico instrumento para acelerar las políticas de igualdad entre sexos». «Es cierto -añade- que nació con otros fines. Convertida en el proyecto estrella del Gobierno Zapatero, fue aprobada en 2004 con el loable propósito de acabar con los asesinatos de las mujeres».
Pero no fue la primera norma puesta en vigor con este fin, ya que «la aplicación del Código Penal como medio para frenar los conflictos familiares, comenzó a esgrimirse a partir de la reforma de 1989 que castiga la violencia en su artículo 425. El Código Belloch amplió los sujetos y los tipos penales». En cuanto a la actitud del PP en este sentido, según Díaz «en lugar de agravar las condenas a los asesinos de mujeres, violadores, o maltratadores habituales, siguió la senda de meter a todos los hombres en el mismo saco». «El PP -señala el especialista- ensanchó las barreras punitivas para abarcar a mayor número de varones. Legislando con encuestas manipuladas, a golpe de opinión pública impulsó los juicios rápidos, estableció la orden de alejamiento y toda una panoplia de normas, encaminadas a proteger a uno de los elementos del conflicto».
Al PSOE, según José Díaz Herrera, «sólo le bastó dar una vuelta de tuerca para convertir en sospechosa a la mitad de la población. Actuando como un potente 'bulldozer', la maquinaria policial del Estado con una simple denuncia ha detenido a hombres de 90 años, dementes, drogadictos o mendigos por no tomarse su medicación; se ha llevado de sus casas a hombres en calzoncillos y ha interrogado a menores en el colegio para localizar al padre».
Para el autor de 'El varón castrado' «ante una norma que convierte las faltas más nimias en delitos, no es extraño que los juzgados estén colapsados por varones que han dado un tirón de orejas a su mujer porque ella le quitó el coche, por individuos acusados de beber de la botella de agua de sus esposas o por parejas que riñen por el mando del televisor, asuntos todos ellos de escasa entidad desde el punto de vista del reproche penal, pero convertidos artificialmente en delitos».
Díaz afirma que «transcurridos 17 años desde que el Código Penal entró en la familia, las medidas se han manifestado inútiles. Lo reconoció el Fiscal General del Estado: 'La Violencia de Género ha crecido en el último año en un 52%'».
El especialista insiste en que «una norma que castiga en exceso, que lleva a cabo todos los días una 'razzia' de más de 400 hombres sin dejarles otra salida que la miseria, e induce a muchos varones a quitarse la vida para escapar de ella no es buena. Miles de condenados, con la colaboración de sus mujeres, la incumplen al negarse a acatar las órdenes de alejamiento».
«Se aprovechan de la Ley»
En cuanto a un uso fraudulento por parte de las féminas, el autor indica que «muchas se aprovechan de la Ley y denuncian malos tratos para obtener un divorcio en 24 horas y centenares de parejas la hacen inservible al negarse a declarar». «En diez minutos la Ley te resuelve un divorcio, con un juicio rápido y donde no se tiene en cuenta la situación de la familia y donde el hombre figura como culpable», indica el investigador. «El 84% de las denuncias que se presentaron el pasado año en Murcia son falsas, una auténtica bestialidad», dice Díaz a modo de ejemplo.
José Díaz propone que «la Ley contra la Violencia de Género habría que derogarla sin dilación como se ha pedido en más de cien autos al Tribunal Constitucional. Aunque sólo fuera para salvar el honor de centenares de jueces, policías y fiscales que tratan de aplicar una norma que divide a la sociedad, casi por partes iguales, en buenos y malos».
Díaz indica que no todas las mujeres están de acuerdo con la Ley. «Son ellas las primeras que dicen que es supermachista. La juez Lourdes del Sol de Valladolid, me ha dicho que esta ley es la más machista del mundo y nos da tal superprotección a las mujeres que nos considera minusválidas», señala el escritor. «La ley está convirtiendo a las mujeres en vagas y en parásitas de la sociedad, porque no está permitiendo que la mujer se realice profesionalmente sino todo lo contrario. Con esta ley no se consigue la igualdad», comenta el autor.
Díaz Herrera propone, «para que no se me trate de machista, que hay que castigar más duramente a los hombres que asesinan a sus parejas, a los maltratadores habituales y a los violadores, pero el maltrato ocasional, que se mande a un hombre a la cárcel por llamarle gorda, me parece una brutalidad». «Creo -añade- que en lo que son delitos ocasionales o faltas leves habría que establecer una mediación y si una pareja tiene problemas, que vaya al psicólogo o al psiquiatra. Si al final el hombre agrede, tendrá que ir a la cárcel».
jltapia@ideal.es
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