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JUAN ENRIQUE GÓMEZ
Lunes, 5 de abril 2010, 03:25
¿Han oído la frase popular, llueven sapos? En realidad no tiene demasiado sentido, pero lo cierto es que al final de un invierno de copiosas lluvias, la presencia de renacuajos de sapo en los charcos de campos y caminos se hace masiva en zonas semimontañosas. Es el resultado de la necesidad de este anfibio de aprovechar la humedad y los escasos momentos de agua para realizar sus puestas de huevos. Miles y miles de huevos que eclosionarán en las aguas que han quedado entre las oquedades del terreno. Parece que han llovido sapillos. Pero este sistema de supervivencia tiene un problema. La llegada del calor en provincias meridionales como la de Granada, provocará la desecación de los charcos e irremediablemente, la muerte de los sapillos.
José Manuel Rivas y Salvador Illán, son el responsable del Aula de Naturaleza de Padul y sus humedales, y un geólogo voluntario ambiental. Durante estos días están inmersos en una curiosa tarea, recolectar todos los renacuajos que puedan encontrar en los charcos de la denominada Reserva de Padul, junto a la carretera de la Cabra, para evitar que mueran. «Aquí durarían sólo unos días con el calor que ya ha comenzado a apretar», dice José Manuel Rivas. Los renacuajos son de Sapo común (Bufo bufo) y de Sapo corredor (Bufo calamita), más pequeño que el que se ve con más facilidad en los campos, y que se encuentra incluido en el Catálogo Andaluz de Especies Amenazadas, con la categoría de «interés especial», que se dedica a aquellas especies que sin estar en vías de extinción, sus poblaciones se encuentran en peligro.
Alimento
Para los dos naturalistas que salvan sapos armados con una redecilla como las que se usan en los acuarios, «es importante que se salve el mayor número posible porque son parte fundamental de la cadena trófica, alimento de otras muchas especies que, con este año de lluvias, también tienen una mayor eclosión y necesidades». Los sapillos son llevados en botes hasta unas peceras que se han instalado en el Aula de Naturaleza de Padul, donde se les alimentará hasta que crezcan y se conviertan en adultos. «Después los soltaremos por diferentes zonas del espacio natural de Padul», dice José Manuel Rivas.
La recientemente puesta en marcha Aula de Naturaleza de Padul, ha incrementado las actividades que ya se desarrollaban dentro de la denominada Estación Ornitológica de Padul, que tiene como principal campo de actuación los humedales y turberas de Padul, una zona de máxima protección ambiental dentro del Parque Natural de Sierra Nevada. Voluntarios ambientales se dedican al seguimiento de las poblaciones de aves de los humedales, dentro de la Estación de Anillamiento de Padul, que cada año estudia la presencia de decenas de especies en esta zona, tanto permanentes como migradoras.
Ahora, los responsables de la estación y aula de naturaleza esperan la declaración de Reserva Natural para los terrenos que se encuentran entre el municipio y la carretera de la Cabra, donde existen ecosistemas singulares que merecen ser protegidos por su diversidad vegetal y animal con importantes poblaciones de aves, reptiles y mamíferos.
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