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Hoy. A punto de cumplir 50 años, ya ha superado los veinte en los informativos de TVE. Toda una vida... :: TVE
Ana Blanco cumple 20 años en TVE
SOCIEDAD

Ana Blanco cumple 20 años en TVE

Ana Blanco ha soplado 20 velas en los informativos de TVE. Sosegada y sobria ante la cámara, en la intimidad «es una guasona»

YOLANDA VEIGA

Domingo, 21 de noviembre 2010, 03:49

Responde al teléfono con un susurro. Tiene resfriado y se está «reservando» para el telediario, que empieza en dos horas. Un constipado no suele ser más que un ligero incordio, pero es un monumental fastidio cuando una tiene que presentar las noticias y le están viendo tres millones de personas. En veinte años, a Ana Blanco (Bilbao, 1961) le ha tocado curarse más de un catarro en directo.

Sí, tantos años han pasado, aunque a ella no parezcan haberle caído ni la mitad. Será por la inalterable media melena y el flequillo, que ha conseguido que no pase de moda. El mismo que lucía -«aunque un poco más abultado»- hace veintipocos años, cuando se puso a prueba por primera vez delante de una cámara, en Telemadrid. Oficiaba a medias con Agustín Bravo, en el programa cultural 'Zip-Zap. La guía', a las órdenes de Pedro Erquicia. Era 1989 y no se usaba el telepronter. Los textos se decían de carrerilla. «Anita era capaz de memorizar veinte líneas seguidas, de 'pe a pa'. Era como una grabadora, como un ordenador japonés, infalible», recuerda Bravo.

O sea que no sólo lo parece. Quienes han trabajado con ella la dibujan como una profesional muy meticulosa, seria, segura y una gran improvisadora. «Con una capacidad inimitable para el sosiego». Y eso que le han tocado todas las fechas malditas: el 11-S, el 11-M, los atentados de Londres... «Yo me emociono igual que los demás, pero tengo la obligación de contenerme, aunque mientras se emitían unas imágenes de los trenes de Madrid tuve que taparme la cara», reconocía en una entrevista.

Esas fueron noticias terribles. Pero hay otras que también le aterran: las que hablan de ella, aunque sea para bien. No le gusta verse en boca de otros. Discreta hasta el extremo, apenas se sabe de su biografía que es hija de un obrero y una ama de casa, que se licenció en Pedagogía en la Universidad de Deusto (Bilbao) y que luego cursó un par de años de periodismo. Son tres hermanos, todos periodistas. Está casada y no tiene hijos.

Amante de la lectura, le pirra la novela negra -como los libros de Donna Leon-. En verano le da un buen 'viaje' a la biblioteca, porque de vacaciones ni lee periódicos ni ve la televisión. Son sus normas. Ocupa las horas entre los libros y el golf, que le ayuda a mantenerse en forma. Porque al margen de que tenga que dar gracias a la genética, también se cuida.

Claro que si le ponen delante un buen vino y unos pinchos no hay voluntad que valga. «También le encantan los bollos de mantequilla. Cuando viene a Bilbao se lleva unos cuantos para Madrid», cuenta Juan Carlos Otaola, el que fuera compañero suyo en Los 40 Principales, en Radio Bilbao. Eran los primeros años 80 y Ana acababa de estrenar la veintena.

Le gustan los cantautores

Una de las primeras canciones que presentó Ana en la Ser fue 'Message in a bottle', de 'The Police'. Y cuando tenía ocasión ponía también a los cantautores que tanto le gustan -Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Aute, Serrat...-. Ahí empezó y acabó la radio -también estuvo un año en Radio 16- porque aquella chica tímida y de aspecto asustadizo que se paralizaba cuando imaginaba que había más de dos personas escuchándola, le echó valor y se atrevió a dar la cara.

No tardaron los ojeadores en 'pescarla' y sacarla de Telemadrid. Nieves Herrero quería llevársela, pero Ramón Colom estuvo más listo y en 1990 la fichó para los informativos de TVE, donde hoy es una institución. Ha sobrevivido a los gobiernos de tres presidentes distintos y dicen que es «intocable». Gusta a todos. Quizá porque no trata de gustar a toda costa. Por ese empeño casi obsesivo en pasar desapercibida. «Ana es una de las mejores comunicadoras de este país. Discreta, absolutamente correcta, prudente, ecuánime... Jamás su presencia roba protagonismo a las noticias», le alaba su ex compañero David Cantero, que ahora le hace la competencia a mediodía desde Telecinco. Ella le aventaja en casi un millón de espectadores y en cinco puntos de 'share' que hoy por hoy parecen inalcanzables.

Muchos espectadores saben qué ha ocurrido en el mundo en los últimos veinte años porque se lo ha contado ella. Siempre fiel a su cita, hace unos años el fin de semana o por la noche, ahora en el Telediario 1, a las 15.00 horas, clavadas, que ya no hay publicidad que retrase.

Pero fuera del informativo es casi invisible. No frecuenta saraos y apenas concede entrevistas. Sus esfuerzos van dirigidos a no hacerse notar. Quizá ha contribuido a esa presencia discreta un estilismo sobrio y sin estridencias que desesperaría a cualquier modisto. Se estrenó con un discreto traje azul grisáceo y parece que no se lo haya quitado desde entonces. «Ana no quiere dictar tendencias. Es de sota, caballo y rey. Le gustan las chaquetas, aunque ya se pone alguna camisa o punto de vez en cuando. Es muy de la estética de Calvin Klein o Jil Sander», desvela Paco Casado, uno de sus estilistas.

'Look' motero

Le ve especialmente favorecida con «tonos blancos crudos, beiges y grises». Nada muy llamativo. No como aquella vez que se puso una cazadora de pitón de Ángel Schlesser... «Le encantaba el modelo tipo motero pero cuando se vio en pantalla se dio cuenta de que no era para ella». Tampoco van con su estilo los maquillajes excesivos ni otro peinado que no sea su inconfundible melena. «Se le han ido haciendo pequeños cambios, pero yo le cortaría el pelo un poco más». Aunque, advierte Casado, «lo importante es que esté cómoda, porque entonces saldrá más relajada y más segura».

Así se siente ella cuando se enciende el pilotito rojo. «Hay presentadores que están tensos y te acaban contagiando pero Ana te da mucha tranquilidad». Lo dice Rosa María Calaf, que ha tratado con unos cuantos. La ex corresponsal de TVE apenas ha coincidido un par de veces con Blanco. Dice que gana en la distancia corta, que es de las que recibe con una sonrisa. «Es simpática y tiene un afinado sentido del humor y la ironía», corrobora David Cantero. Más que eso: «en contra de lo seria y formalita que pueda parecer... ¡es una guasona!».

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