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Los militares de la base de Modrón (Sevilla) se cuadran con motivo de una visita del Príncipe de Asturias, delante de un avión de combate. :: RAÚL DOBLADO
Guardianes del aire
SOCIEDAD

Guardianes del aire

El Ejército del Aire se ha convertido en noticia por el estado de alarma. Está considerado de lo mejor de Europa por su formación puntera. Sus controladores ganan dos mil euros al mes

ISABEL URRUTIA

Viernes, 10 de diciembre 2010, 05:31

¿Dónde están las Fuerzas Armadas? Que asuman el mando, que pongan orden, que acaben con esto, que...». Todos nos acordamos de esta cantinela, que cogió fuerza en la sala de espera de los aeropuertos y retumbó machaconamente en la sede central del Ejército del Aire en Madrid, un edificio de 1.740 ventanas que el pasado viernes seguro que tuvo más luces encendidas de lo habitual. Los ánimos encendidos de más de 250.000 pasajeros y pérdidas astronómicas, para el sector turístico y las aerolíneas, que superan los 500 millones de euros, alimentaban tantísimo barullo. La vía 'manu militari' parecía la más expeditiva para salir del paso. La huelga encubierta de los controladores estaba llevando al país al borde de una situación tan anómala como el 23-F o el 11-M. Es lo que decían entre las filas del PSOE y se actuó en consecuencia.

El Gobierno no dudó en convocar un gabinete de crisis en el Ministerio de Fomento que ha hecho historia: hizo un hueco en la mesa a José Jiménez Ruiz, jefe del Estado Mayor del Aire (JEMA), y tampoco le tembló la mano a la hora de aplicar el estado de alarma. En otras palabras, lo nunca visto en nuestra democracia reciente. ¿Dónde se ha visto que las Fuerzas Armadas se codeen con los políticos y tomen decisiones conjuntas? A excepción de países como EE UU, claro, donde su permanente estado de guerra (como supuesto adalid del 'mundo libre') les obliga a dar un protagonismo extraordinario a los altos mandos castrenses. En España vivimos tiempos de paz pero el Ejército era la única salida a una situación de «calamidad pública y riesgo de abastecimiento».

Conclusión: en menos de 48 horas, la situación se terminó normalizando. Y todo ello, tras un decreto del Ejecutivo que 'militarizaba' todo el guirigay montado por la ausencia de los controladores aéreos; la supervisión quedó en manos de unos 200 oficiales de alta graduación -en su mayoría coroneles, tenientes coroneles y comandantes- y a los civiles que no acudieran a su trabajo sin causa justificada se les aplicaría el Código Penal Militar. Así las cosas, cerca del 98% depuso su actitud y las aguas volvieron a su cauce, al menos en lo que toca al funcionamiento de los aeropuertos. Misión cumplida. El Ejército del Aire puede colgarse otra medalla. A pesar de que su función se limita a la coordinación y lo más determinante ha sido la amenaza de imponer sanciones propias del Ejército -que pueden suponer hasta seis años de privación de libertad-, en última instancia todo han sido buenas palabras para la actuación de las Fuerzas Armadas. Son muchos los controladores civiles que se han deshecho en elogios: «El trato es exquisito, casi prefiero que se queden. Están cumpliendo de forma muy elegante», han llegado a decir en Torrejón. Una relación 'idílica' que se mantendrá hasta el 18 de diciembre -en cumplimiento de los 15 días de estado de alarma acordados- y luego ya se verá. El presidente de Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, eludió ayer adelantar acontecimientos en su comparecencia en el Congreso de los Diputados.

Tras su intervención en el hemiciclo, el Ministerio de Defensa se negó a hacer declaraciones a V, incluso a valorar el impacto positivo que muy posiblemente haya acarreado en la población la mediación del Ejército del Aire para sacar del atolladero al país. «Sea como sea, no se puede negar que nos encontramos ante uno de los colectivos profesionales más eficaces y punteros de toda Europa», asegura sin vacilar Jesús María Ruiz Vidondo, especialista en Historia Militar y autor de 'Los vigías del cielo de España' (ed. Sekotia). El jefe de Estado Mayor de la Defensa -máxima autoridad de las FF AA- es José Julio Rodríguez, un piloto de caza con una dilatada experiencia en el extranjero; parece lógico pensar que el nivel no va a decaer, con crisis económica y todo.

Cuatro idiomas

No han tenido oportunidad de desplegar ni su habilidad estratégica (en la OTAN hay unos cuantos españoles al frente de divisiones) ni su poderío físico (para pilotar un 'Eurofighter' hay que tener una salud de hierro), pero son muchos los años de rodaje para no saber dar un paso al frente cuando hace falta. «Desde los años 60 estamos vinculados a los procedimientos de la OTAN, que no son más que procedimientos americanos, y por supuesto que sabemos cómo encarar el trabajo. Tenemos gran rapidez de reflejos en todo. ¡Piense que lo nuestro es la velocidad! Hay que saber reaccionar ante un elemento desconocido que se se aproxima a 12 millas por minutos...», ilustra con mucho conocimiento de causa Ángel León Díaz Belmori, coronel retirado del Aire y portavoz de la Asociación de Militares Españoles (AME).

Al historiador Ruiz Vidondo no le cabe la menor duda de que «nuestra aviación es mejor que la alemana y la italiana; es más, posiblemente también supere a la francesa». Con cerca de 90 modelos 'Eurofighter' -«un caza que es lo más de lo más»-, se pueden codear con las demás potencias militares sin complejos. Las misiones conjuntas, ya sean de combate o paz, exigen estar a la altura en tecnología y armamento. «Y en cuanto a los idiomas, los pilotos hablan como si nada cuatro lenguas o más. ¡Piense que en las operaciones internacionales tienen que colaborar con colegas de medio mundo», subraya el experto en Historia Militar. Otra particularidad de las Fuerzas Armadas españolas, también del Ejército del Aire, es que «caemos bien en todas partes». Las relaciones con los compañeros de otros países y, sobre todo con las poblaciones locales, «marcan la diferencia». Un dato: «Somos los únicos que, a la hora de agrupar a los refugiados, siempre nos esforzamos por mantener unidas a las familias; las demás se limitan a llevarlos y traerlos como ganado...». Y justamente por ese don de gentes muchos militares tuercen el gesto, «a la vista de su papel actual en los aeropuertos», advierte Díaz Belmori.

No puede evitar indignarse al recordar que «las Fuerzas Armadas no están para actuar de policía; nuestra labor es combatir al enemigo externo, no a nuestros compatriotas y menos a un gremio con el que siempre hemos mantenido una relación excelente». Y eso, a pesar de las inmensas diferencias entre los controladores civiles y militares: los primeros perciben unos 250.000 euros brutos al año, mientras que los segundos rondan los 30.000. «Y no pueden ganar más, es lo máximo de acuerdo con las tasas oficiales. Da igual que sea un brigada con más de 20 años de servicio», explica el ex coronel. Todos tienen el grado de suboficial, son unos 250 en activo y se reparten entre los tres ejércitos (Tierra, Armada y Aire).

En la actualidad hay nueve bases aéreas militares abiertas al tráfico civil: Albacete, Zaragoza, Torrejón, Badajoz, Valladolid, Salamanca, León, San Javier (Murcia) y Getafe. Eso sí, ninguna supera anualmente el aterrizaje de más de millón y medio de pasajeros. Nada que ver con los más de 48 millones que aterrizaron en Barajas el año pasado, O los 27 millones que soportó el Prat en Barcelona. El ritmo es más tranquilo pero, apunta Díaz Belmori, «nuestra gente tiene preparación sobrada para soportar todo ese estrés después de unos tres meses de 'aclimatación'.» Y el Gobierno hace tiempo que ha tomado buena nota de eso. No se descarta que en el futuro haya controladores castrenses habilitados para tomar el mando. Al tiempo.

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