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INES GALLASTEGUI igallastegui@ideal.es
Sábado, 16 de julio 2011, 13:29
Sting conquistó anoche en la Plaza de Toros de Granada a 7.000 incondicionales acompañado de una brillante Orquesta Ciudad de Granada. Con la misma voz prodigiosa y un atractivo que no desgasta el paso de los años, el músico inglés hizo una revisión sinfónica de sus temas más conocidos de los últimos treinta años. Y el experimento de orquestar rock, jazz y pop, con el que ya ha dado la vuelta al mundo, resultó un éxito.
El músico británico que en 1977 fundó The Police junto a Stewart Copeland y Andy Summers y ocho años más tarde emprendió su carrera en solitario lleva más de un año embarcado en la gira Symphonicities, coincidiendo con el lanzamiento del disco del mismo nombre, que en Granada patrocina el Milenio.
El concierto empezó con veinte minutos de retraso debido a cierto caos en la entrada. Al parecer, todo el mundo se presentó en la Plaza de Toros al filo de las diez. La confusión con las diferentes puertas no ayudó.
Sting arrancó con Every little thing she does is magic y If I ever lose my faith in you, antes de presentar a la OCGy a su propia banda: la cantante Jo Lawry en los coros, Ira Coleman al contrabajo, Dominic Miller a la guitarra y Rhani Krija en la percusión. Al tercer tema, Englishman in New York, se rompió el hielo y el público se puso a cantar.
Atractivo
Gordon Sumner, que el próximo octubre cumple sesenta años, ofreció un aspecto impecable: vestido con camisa blanca y pantalón negro y con la cabeza rapada, el cantante no solo conserva intacta la voz con la que se hizo famoso hace casi 35 años, sino un cuerpo delgado y fibroso que quizá haya que atribuir a su estricto régimen vegetariano o a la práctica del yoga.
Lo único que ha perdido Sting es algo de pelo y un poco de memoria para las letras. Las fans más entusiastas le gritaron «guapo» y él no abandonó en las dos horas y media de concierto la sonrisa seductora y la pose sexy, movimiento de caderas incluido.
Entre las canciones revisitadas había varias de su etapa en The Police, temas míticos como Roxanne o Message in a bottle, que el aguijón tocó en versión acústica para terminar el concierto. Y de aquel redondo último disco del grupo, Syncronicity (1983), rescató las canciones King of pain y Every breath you take.
Sin embargo, fueron más los temas sinfonizados pertenecientes a su etapa como solista, que comenzó en 1985. El entendimiento entre el británico y la orquesta fue perfecto, a pesar de que la formación granadina había ensayado con el director Chelsea Tipton pero no había tenido oportunidad de conocer a Sting hasta ayer por la tarde, en un ensayo a pleno sol. El compositor dedicó halagos toda la velada a la orquesta y presentó a varios de sus solistas.
El protagonismo de la OCGfue creciendo a lo largo de la actuación:los arreglos orquestales pasaron casi desapercibidos en muchas canciones de la primera parte, antes del descanso, pero saltaron a primer plano en temas como Russians, Why should I cry o The cowboy song. En Moon over Bourbon Street los músicos locales bordaron una intro de película de terror y el cantante, enfundado en un siniestro abrigo negro con forro rojo, sacó su faceta de actor para interpretar a la bestia incapaz de vencer a sus instintos más sangrientos en las noches de luna llena de Nueva Orleans.
Next to you, When we dance, Hung my head, Fields of gold, Shape of my heart o King of pain fueron otros de los temas con los que el británico recordó sus éxitos de finales de los 70, los 80 y los 90.
Con Every breath you take el público se soltó el pelo. Sting dejó para los bises Desert rose, Shes too good for me y Fragile, pero con Mensaje en una botella de aquel inolvidable album Regatta de Blanc puso de pie y a cantar a toda la plaza.
Vatios y sillas
El coso taurino se aprovechó al máximo con unas sillas pensadas para españoles bajitos como de los años cincuenta, aunque la buena música palió en parte la incomodidad. Los 100.000 vatios de sonido y 200.000 de luces aportaron la calidad técnica al talento de los intérpretes, y dos pantallas a ambos lados del escenario democratizaron la visión de lo que ocurría en el escenario, pero con una molesta fracción de segundo de retraso respecto al sonido. Con las entradas agotadas desde hace días, algunos fans optaron por seguir el concierto desde el exterior de la plaza.
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