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ANTONIO ORDÓÑEZ
Sábado, 15 de noviembre 2008, 03:24
El fenómeno de la emigración de los españoles a Europa (y entre otros países, a Francia) fue uno de los aspectos que se trataron ayer en la última jornada del Coloquio Hispano-Francés 'Desde la guerra contra el francés hasta la casa común europea: 200 años de relaciones hispano-francesas', que ha organizado durante los dos últimos días la Diputación Provincial de Jaén, la Junta de Andalucía y la Universidad de Jaén. En este aspecto se centró de manera especial el catedrático de Antropología de la UNED en Madrid, Ubaldo Martínez Veiga, quien comenzó diciendo que esta es una fase que no se ha analizado convenientemente y en este sentido lanzó bastantes reflexiones al respecto. La emigración española durante los años cincuenta y sesenta se caracterizó, según el experto, por aspectos como el hecho de que fue circular, más que de asentamiento. Además, destapó un mito que considera falso y que se emplea actualmente para legitimar la emigración española con respecto a la inmigración que hoy se llama 'ilegal', y es que aquellos españoles que iban a Europa iban con la documentación pertinente. «Y no era así, el 69% de los españoles que emigraron, por ejemplo a Francia, iba sólo con el pasaporte y sin ningún otro papel», aseveró. A continuación, Martínez Veiga desgranó cómo el gobierno franquista comenzó a permitir e incluso promover la emigración española a Europa. Por un lado, porque en los tiempos en los que comienza a desdibujarse el aislamiento se ve a la emigración como un «instrumento de la política exterior española», e incluso, como dijo en su día el procurador del tercio familiar, había que favorecer la emigración porque las remesas que enviarían esos españoles en el extranjero «supondrían el Plan Marshall español». Seguidamente, el catedrático volvió a hacer hincapié en ese carácter circular de la emigración española, que se argumentaba en que -salvo Alemania-, la mayoría de los países europeos no realizaba controles exhaustivos, de manera que era común el entrar y salir del país. Martínez Veiga concluyó haciendo referencia a un estudio realizado junto a otros expertos que hacía hincapié en la 'exclusión de los emigrantes españoles en Europa'. A través de encuestas a emigrantes españoles en Francia, Holanda, Bélgica, Luxemburgo o incluso retornados, se pudo discernir, por un lado, que el emigrante español se caracterizaba porque había comenzado muy pronto a trabajar (entre 12 y 14 años de media) y que además también había cesado su actividad de manera prematura, sin llegar a la edad establecida (prejubilaciones, bajas por enfermedad, etc.). Esto acarreaba a la vez, según el estudio, que la mayor parte de ellos recibían pensiones muy bajas, de manera que en la mayoría de los casos el cese laboral era simplemente un espejismo, puesto que para subsistir necesitaban continuar su actividad, aunque fuese dentro de la economía sumergida.
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