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ALFREDO YBARRA
Lunes, 25 de abril 2016, 00:56
Cumpliendo una tradición de siglos, la imagen de la Virgen de la Cabeza procesionaba por los aledaños del más que nunca cervantino Cerro del Cabezo. Se repetía la estampa que hace cuatro siglos Cervantes dibujaba con la rotundidad de su pluma en su póstuma obra Persiles y Sigismunda.
Las decenas de miles de romeros, en mayor número que en los últimos años, según las impresiones primeras del dispositivo romero, también contemplaban ese paisaje que Don Quijote vislumbraba en su retiro junto a las riberas del Jándula, para ser digno del favor de su amada. En la misma noche del centenario de la muerte de Miguel de Cervantes, alzando la vista se divisaba un firmamento nuevo para muchos miles de personas que querían rubricar la metáfora de la primavera en sus almas. Y es que en quienes llegaban al Cerro se les abrían de par en par los postigos de la vida, de la naturaleza, del ciclo de los días, pero también de las emociones más valiosas que puede hacer brotar ser humano.
Antes, en la noche del sábado, la cofradía iliturgitana cerraba el capítulo de presentaciones de las hermandades ante la Morenita con un grupo de afectos a los miembros cesados de la directiva por el obispo de Jaén, que nombró una junta gestora, que con distintas exclamaciones trataban de llamar la atención y distorsionar el acto. A la par fueron muchos los romeros que mostraron su desacuerdo con esas soflamas saliéndose del templo.
Tras la celebración del rosario de media noche por parte de todas las cofradías, hubo durante toda la madrugada una oración especial con motivo del Año Jubilar de la Misericordia. Y amanecía un irradiante y primaveral día para enmarcar los actos cumbres de la romería. El obispo de la diócesis en una rueda de prensa con comparecencia de las instituciones más implicadas, intervenía para señalar que esta iba a ser su última romería al cumplir la edad canónica para el retiro. Remarcó las principales causas por las que tuvo que actuar en la destitución de los principales cargos de la cofradía de Andújar, y que la Iglesia iba a seguir firme en circunstancias como las acontecidas cuando quienes se tienen que atener a derecho canónico, por estar dentro de los cánones eclesiásticos por definición, se lo saltan.
Señalaba al mismo tiempo que la gestora estaba haciendo una impagable e inmensa labor. Por parte de las instituciones presentes y de los medios de comunicación se le brindaba un significativo aplauso de despedida y agradecimiento.
Y como siempre, anderos que hermanados, en vigilia, aguardaban el gran momento de llevar sobre sus hombros a la Morenita. Traslado hasta las andas, emociones que empezaban a ser sensibles. Romeros que despliegan distintos tipos de romería, mientras saben que todo concurre en un foco que todo lo trasciende. Y se palpa; quien sabe observar las miradas de dentro de unos y otros, lo entiende. La mañana era flagrante, con un cielo limpio, con una naturaleza refulgente. Pura rúbrica de fetén primavera. Misa principal de la Romería donde destacó el silencio y participación de los romeros. El eje fue el Año de la Misericordia. La procesión se retrasaba en su salida. Pero cuando la imagen de la Virgen de la Cabeza se volvía a situar sobre sus andas, los sentires heredados de padres a hijos, los sueños, los agradecimientos, los anhelos, sacudían las emociones. La Virgen de la Cabeza volvía a cumplirse a sí misma en su propia metafísica, rompió los amarres de la realidad para trasladar a los muchos miles de romeros al zaguán de la gracia.
Los vivas se encadenaban, los trinitarios sobre las andas procuraban un sinfín de idas y venidas de prendas y niños que alcanzaban el manto de la Morenita. Era en síntesis la misma romería cervantina.
Y para rizar un positivo rizo, los trinitarios, que pagaron un rescate, redimieron en Argel a Cervantes, que había sido hecho prisionero por los piratas berberiscos, tras la batalla de Lepanto. La procesión, las andas, alzaban la imagen de la Morenita como sagrado hisopo que rocía un agua vivificante. Eran las cuatro y veinte de la tarde cuando la patrona de la diócesis de Jaén regresaba a su templo, donde le esperaba un cordón policial para acompañarla hasta el prebiterio.
Es la romería universal, la que se conforma con devotos y cofradías de lugares desparramados por toda la geografía. La romería con devoción y patronazgo en infinitas partes, tantas y tantas que no llegan en cofradía a los alcores iliturgitanos. Aquí se recordaba la historia legendaria que cuenta como la imagen de la Virgen tras su encuentro milagroso, y pidiendo ser venerada en el Cabezo de la sierra junto al Jándula, es llevada a Andújar para su devoción allí.
La imagen desaparecía de Andújar para aparecer en la sierra. Un simbolismo que no quiere pertenencias y sí convergencias. Una romería que no quiere rangos porque es de todos.
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