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San Valentín | Locos de amor y de palabras

Locos de amor y de palabras

Las metáforas que usamos para hablar del amor reflejan nuestra asociación de este sentimientoal sufrimiento y a la locura

irene barberia

Almería

Domingo, 13 de febrero 2022, 23:04

La idea de que el amor y la locura van de la mano es una afirmación constante en nuestra tradición humanista. Ya la han subrayado los filósofos clásicos, la han plasmado en su obra los escritores universales, los escultores, pintores, músicos, cineastas…. Es uno de esos grandes temas del ser humano. Basta, también, con escribir en el buscador de la computadora las palabras amor y locura para descubrir la gran cantidad de entradas que hay escritas en torno a este tema. Ahora sabemos, además, que aquella frase de Shakespeare, «el amor es pura locura», no solo refleja los manifiestos de grandes pensadores, sino que también ha quedado demostrado por la ciencia. Los estudios en el ámbito de la Neurobiología defienden que los sentimientos que evoca el amor son similares a los que genera el trastorno de nuestras facultades mentales. Cuando nos enamoramos, hay momentos en los que nuestro juicio racional deja de actuar plenamente. Es esa falta de juicio, nada menos, la que nos permite asumir riesgos que en condiciones normales o de cordura no asumiríamos. Esos riesgos son las locuras que hacemos por amor.

Si el lenguaje es el principal exponente de nuestros actos y de nuestras ideas, en la expresión 'estar locamente enamorado' asoma la verdad de lo que Shakespeare defendía y que los estudios científicos más recientes confirman. Cuando nos enamoramos nuestra mente se dispersa y 'estamos en las nubes', decimos; nos volvemos 'locos de amor' e incluso llegamos a 'perder la cabeza' por alguien. Romeo y Julieta son el exponente universal de la relación entre el amor y la locura y la sutil línea que separa un sentimiento del otro. Se enamoran locamente en un instante. A partir de ese momento, sus acciones muestran cómo ese sentimiento extremo puede llevar a alguien a cometer actos irracionales, puede inducir a la locura, incluso a la destrucción, a la muerte. Uno puede cometer 'locuras de amor', 'romper el corazón' a alguien, o 'morir de amor'.

Los seres humanos creemos que ese amor romántico es un sentimiento increíble, poderoso, pero a la vez doloroso. Por un lado, nos hace vulnerables y nos somete, como una droga: las personas 'se enganchan' a otras, 'caen' en la tentación o son 'cazadas' por alguien. Conocemos el poder de este sentimiento y aun así lo buscamos. Por otro lado, sentimos miedo al rechazo, a no ser correspondidos, y eso nos genera inseguridad, tristeza y sufrimiento. Frases hechas como 'amor sin dolor no es amor', 'el que ama sufre' o 'el amor todo lo soporta' dan muestra de ese dolor y esa angustia. En general, las expresiones que elegimos para hablar de los sentimientos asociados al amor son metáforas negativas, relacionadas con la violencia, bélicas. Uno puede recibir una puñalada en el corazón, o un flechazo, caer en las trampas del amor, atarse a alguien, rendirse a los encantos de otra persona, incluso arder de pasión: puñal, flecha, caer en la trampa, atarse, rendirse, arder… Esta percepción del amor pone a quien lo padece en posición de víctima y lo vuelve vulnerable ante la otra persona, a quien se violenta. Es como si la víctima, el emisor de esas expresiones se volviera extremadamente sensible y manifestara su inestabilidad emocional, de la que su interlocutor no puede participar. Locura transitoria lo llaman algunos científicos, locura, al fin y al cabo.

El amor está asociado a palabras hiperbólicas como la desesperación, la frustración o la depresión; y a categorías de palabras que denotan ansiedad, tristeza o muerte. Entonces, ¿por qué nos esforzamos en que dure para siempre, incluso después de la muerte («amor post mortem»)? El amor es un sentimiento poderoso y el lenguaje del amor también lo es. El filósofo Mark Johnson y el lingüista George Lakoff defendían la idea de que el lenguaje condiciona nuestra manera de ver el mundo y, a su vez, nuestras acciones. Bajo esta teoría, pensar en cuánto anhelamos estar enamorados sabiendo el sufrimiento que nos espera resulta absurdo. Pero nos va la marcha. Estamos locos.

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