
Hoy, 27 de marzo, Día Mundial del Teatro, es una fecha tan idónea como cualquier otra para que Granada, la ciudad alegre y confiada, levante ... la voz para denunciar la penuria con la que amarillea en ella ese jardín de cultura llamado teatro.
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Jardín desdibujado por una programación caótica, generalmente confeccionada con las hojuelas que exfolia Madrid. El público, necesitado y educado, aplaude esa miscelánea a pesar de su bajísimo nivel. Y nunca nos visita la Compañía de Teatro Clásico, a pesar de que nuestros impuestos también la subvencionan.
Dejando aparte el teatro de la Junta, bien costeado porque es su gonfalón, los demás locales o son una pena o una ausencia. El Isabel, bien lo saben las compañías, sigue tan estrecho de escenario que sólo le caben comedias de dos actores y una silla. Curiosamente el Palacio de Congresos puede modificarse cuando hay voluntad y cine para ello. Pero qué envidia ver el Cervantes de Málaga, en esto del cine, brillante y bien dotado sin tenerse que gastar una millonada en ajetreos para un instante. El Centro Lorca incomodísimo, los de barrio a su aire…
Un pacto de silencio cubre el teatro de la ópera. Se gastó mucho dinero en la parcela y en que un japonés lo diseñara. Ahora la primera pasa de tapadillo a engrosar la de los vecinos y el proyecto acumula polvo en un cajón municipal. Tampoco la Diputación piensa, ni por asomos, edificar un nuevo teatro como la modernidad manda y la ciudad necesita.
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El teatro hecho en Granada parece que molesta más que enorgullece. A Etcétera, la compañía más reconocida en España, le siguen Histrión, Lavi e Bel, las infantiles, las de circo, y las de aficionados como Corral del Carbón, que estrena esta noche 'Las Troyanas'. Poco para una ciudad tan 'grande'. SI Granada presume de su OCG, por qué no cuenta con una compañía estable de teatro que, como mínimo, represente a Lorca con la frecuencia con la que demanda el turismo cultural internacional. O si alardea de su afamado Festival de Música no piensa en otro similar de teatro.
Se les ocurrirá. Sí, se les ocurrirá, porque la arrogancia es signo de su ignorancia. Mendigarán la candidatura de Granada como Ciudad Europea de la Cultura, para uno de los años venideros, sin haber subsanado antes tanta penuria teatral y tanta dejadez en actos y propósitos. Se les ocurrirá. Y nuestros dirigentes volverán a interpretar el ridículo causado como una afrenta a nuestra ciudad, como ocurre con la sanidad, las comunicaciones… Es su infantil manía persecutoria a la que nos tienen acostumbrados. Porque no hay mayor ceguera que la del que se cree que todo lo hace bien. El teatro, el buen teatro, podría enseñarles tanto, enseñarnos tanto… a hablar alto y fuerte. No deberían, no. No deberían seguir exponiendo por ahí y por acá la grandeza de la cultura en Granada sobre una mesa que cojea de una de sus principales patas.
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