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Aspecto del salón de actos de la ONCE durante la celebración del Aula de Cultura de IDEAL. PEPE MARÍN
Andrés Neuman reivindica a María Moliner en el Aula de Cultura de IDEAL

Andrés Neuman reivindica a María Moliner en el Aula de Cultura de IDEAL

El escritor presentó su nueva novela, 'Hasta que empieza a brillar', una biografía de la creadora del conocido Diccionario de Uso del Español

Martes, 25 de marzo 2025, 00:51

En la tarde de ayer tuvo lugar una nueva edición del Aula de Cultura de IDEAL, patrocinada por Fundación Unicaja. En esta ocasión, el invitado fue el escritor y colaborador del periódico Andrés Neuman, quien presentó su nueva novela, 'Hasta que empieza a brillar' (Alfaguara), una biografía de la creadora del 'Diccionario de Uso del Español', María Moliner. En el acto estuvo acompañado por Quico Chirino, director, quien le presentó asegurando que es «un gran poeta y un escritor consagrado, es decir, que vive de lo que escribe. No sé si esa definición la aceptaría María Moliner. En cualquier caso, es un gran conversador, como pude comprobar en nuestro primer encuentro, hace un año, en el Realejo. Luego, conseguimos que volviera a la casa donde se inició en los artículos periodísticos».

Neuman comenzó su intervención afirmando que le hacía «ilusión» estar presente en el cruce de amistades entre libros, periódicos y amor por el lenguaje que supuso el acto de ayer. «Moliner ordenaba sus definiciones por frecuencia de uso, menos en el verbo cuidar. La primera acepción que puso fue 'pensar'. El cuidado y el pensamiento, que son dos esferas divorciadas, lo intelectual y lo afectivo, están permanentemente maridados en el diccionario de María, porque cuidar la lengua es una tarea de todos», dijo.

A continuación, recordó que Moliner era una gran lectora de prensa y oyente de radio, y cuando realizaba ambas actividades tomaba abundantes notas. «Ella combinaba el conocimiento del acervo clásico con lo que se escuchaba en la calle. También tenía un oído muy atento para sus hijas y nietas, hasta el punto de incorporar 'bikini' a su diccionario. Ella no se lo iba a poner, pero sus hijas sí, y le pareció algo indeseable que se omitiera la palabra».

Orden y constancia

Chirino recordó la importancia del orden en la vida de la autora, así como la constancia, además de su actitud ejemplar para afrontar la frustración y el fracaso, y preguntó al escritor si la consideraba un referente en esta cuestión. Neuman comentó sobre este tema que el caso de Moliner es «asombroso, excepcional y misterioso. Que una persona sola escriba y ordene la definición de 80.000 palabras es inaudito, un trabajo quijotesco, que si se hace desde la calle Don Quijote, número 1, del barrio de Tetuán, parece de novela, si no fuera porque es cierto. No hay un caso igual».

Sobre la repercusión de su obra, que casi ha fagocitado a la autora, dijo que el hecho de que se le conozca con tal denominación se ha convertido en una referencia afectiva. «Hay un olvido de su persona al que ella cooperó, porque era escurridiza y no le gustaban las entrevistas. Borró las huellas de su pasado político y subestimó su trabajo en las Misiones Pedagógicas, cuando hizo una tarea similar a la de Lorca con La Barraca. Fundó cientos de bibliotecas, las supervisaba, se preocupaba por las necesidades materiales. Fue la primera profesora de la historia de la Universidad de Murcia, y una de las primeras alumnas de la Universidad de Zaragoza. Sacó su carrera por sus propios medios», aseguró. Todos esos años son poco recordados, pero sólo estudiando el medio siglo de vida que precede al inicio del diccionario es posible entenderlos, afirmó también.

«Esa voluntad desaforada y el vitalismo rompedor, aparecen en la única entrevista que queda de ella, cuando dijo que pensaba que iba a tardar dos años en escribir el diccionario y tardó 15, e inmediatamente pidió vida, sabiendo que probablemente no la tendría, para revisar la segunda edición».

Alberto Fernández, de Fundación Unicaja, con Neuman y Chirino. P. M.

Madre, amor y poesía, tres palabras clave para un diccionario heterodoxo

Las protagonistas del Aula fueron las palabras, y Neuman destacó tres: madre, amor y poesía. «En el caso de 'madre', Moliner marca la diferencia. Mientras que para la RAE es quien expele a los hijos, María hace una definición abierta, porque habla del vínculo, más allá de si se expele, el hijo nace por cesárea o se adopta», dijo el escritor. Muy indicativa es igualmente la definición de amor, que para la RAE era «un afecto por el cual busca el ánimo el bien verdadero». Todo muy incorpóreo. Sin embargo, para nuestra protagonista, era un sentimiento experimentado por una persona hacia otra que le permite disfrutar con su compañía, alegrarse por lo bueno que le acontece y estar triste por lo malo.

Finalmente, la voz 'poesía' es para la RAE una expresión artística de la belleza por medio de la palabra sujeta a medida y cadencia, por la que resulta el verso. Más academicismo, imposible. Y sin embargo, para María Moliner es «género literario exquisito; por la materia, que es el aspecto bello o emotivo de las cosas; por la forma de expresión, basada en imágenes extraídas de relaciones descubiertas por la imaginación; y por el lenguaje sugestivo y musical, generalmente sometido a la disciplina del verso». Nada que ver entre ambas.

El mérito de María Moliner fue innovar en 80.000 ocasiones, aplicando a veces la picaresca, que, como recordó Neuman, consiste en «poner sentido del humor a la desgracia». Esa disciplina infantil adquirida tras el abandono del padre –de quien siempre dijo que había muerto cuando era niña, aunque emigrara a Argentina y rehiciera su vida–, la volcó en su obra, que siempre hace de la necesidad virtud, como hizo ella misma durante su existencia.

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