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Ciro Soto | Escritor
«He dibujado un mundo que camina entre la historia real y la fantasía»El santaferino Ciro Alejandro Aníbal Soto nació hace 22 años con dos genes muy especiales: el de la curiosidad y el de la literatura. Su ... campo es el de la investigación histórica, y su deseo, divulgarla, pero de una forma que 'enganche' a una generación que ha crecido entre las fantasías épicas (a veces de dudoso encaje, otras veces de encaje imposible) y una simplificación de las edades de la humanidad rayana en el relato naïf, bienintencionado e incluso 'woke'. Ha heredado el pulso narrativo de su padre, José Soto, ganador del Premio de Narrativas Históricas Edhasa con 'El dios que habita la espada', y del premio Hislibris, y autor de varias novelas y ensayos históricos sobre el Imperio romano y el Medievo. Y es su ambición la que le ha llevado a crear un universo propio, con una lengua exclusiva, que introduce en 'El lenguaje de la guerra' (Algorfa, 2023), el primer volumen de una serie de tramas y sagas cuya calidad ya respalda tanto el público como los medios.
–¿Qué es 'El lenguaje de la guerra'?
–Es la culminación de un proyecto que comenzó hace diez años, y que durante todo este tiempo se ha ido expandiendo y desarrollando, al mismo tiempo que yo mismo crecía, tanto en lo meramente fisiológico como en lo literario. En este sentido, constituye la descripción de un universo narrativo que comenzó siendo lineal para luego ir enriqueciéndose. El pasado verano, tras años de pulir y corregir el manuscrito, lo reescribí por completo, y este es el resultado: una novela que abre la puerta a un mundo que camina entre la historia y la fantasía.
–Una fantasía que, al parecer, cautivó a su editor.
–La verdad es que le gustó, sí, de tal manera que el sello Algorfa comienza una nueva línea de fantasía con este volumen. Ello me hace sentirme especialmente reconocido.
–El origen de la novela es un mito cuyo interés comparte con su padre.
–Así es. A ambos nos fascina la historia de la Atlantis platónica. Entonces, pensé cómo sería tomar elementos propios de las sagas de Tolkien o de George R. R. Martin y colocarlos en un contexto histórico, en un continente que pudo existir en nuestro propio planeta. En mis estudios universitarios de Filosofía estoy profundizando en terrenos como las mitologías comparadas y el sincretismo religioso, así que en este mundo conviven historias como el Jardín del Edén o la Torre de Babel con otras de creación propia.
–¿Cuál es el punto de partida argumental de 'El lenguaje de la guerra'?
–La historia se inicia con un joven mago que sospecha que toda la mitología de su mundo tiene una dimensión real, que las religiones han intentado ocultar. Por ello, comienza a investigar y halla la historia de Nemrod, el protagonista del primer libro, perteneciente a una raza perdida en el tiempo, y que está sometida a caza por la clase dominante coetánea al mago. El libro descubre que estos seres practican una magia que estaría muy cerca de nuestra actual tecnología: huesos de metal, ojos que esconden cámaras...
–Si tuviéramos que enmarcarlo en un tiempo histórico, ¿en qué época se colocaría?
–Aún no tengo completamente desarrollado el contexto puramente histórico, ya que los primeros volúmenes se centrarán en contar el origen de esa magia que convierte a Nemrod y los suyos en seres especiales. La decisión final vendrá apoyada por una profunda investigación que haga creíble ese contexto. De momento, me atrae la idea de colocarla tras el deshielo de la última glaciación, en torno al año 12.000 antes de Cristo, relacionando ese mito con el del diluvio y el hundimiento de la Atlántida.
–Ha emboscado entre las páginas de 'El lenguaje de la guerra' algunos temas muy actuales...
–Así es. Trato problemáticas como la del racismo, la soledad, la moralidad o necesidad de la guerra, el odio hacia lo desconocido... En la última reescritura, he ahondado más en los hechos que en los espacios, potenciando los diálogos, y utilizando la técnica del 'manuscrito encontrado' para introducir los capítulos. Juego con la primera y la tercera persona, precisamente a partir de estos fragmentos introductorios.
–Ha abierto usted, entonces, la puerta hacia una auténtica 'matrioshka' narrativa...
– (Risas) Sí, probablemente se pueda calificar de esa manera. Mi deseo es que el lector se introduzca en mi mundo y entre en el juego. Por experiencia y por lo que he comprobado entre compañeros de generación, quien lee quiere vivir una suerte de 'realidad aumentada' y poder hablar a posteriori sobre lo leído. Ojalá lo consiga con este libro.
El título de la novela es homónimo al de un texto filosófico escrito por la madre del protagonista, Nemrod, una antigua guerrera que dicta las bases que deben marcar una guerra justa, no sólo en el sentido bélico, sino vital. Entra así el autor en la propia esencia de la violencia y su posible justificación para evitar males mayores. Por otro lado, Ciro Soto ha creado incluso una historia del arte enraizada en el universo que describe, y más allá, ha pergeñado, con ayuda de una compañera, diversos figurines de vestuario, y un lenguaje propio. También un alfabeto y unas primeras palabras, que espera ir ampliando con la ayuda de un lingüista. «La base argumental debe mucho a las crónicas del hijo pródigo», avisa. «No he querido hacer una 'dramatis personae' muy amplia, y en este primer volumen, son dos las historias principales que se van entrelazando hasta confluir».
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