Edición

Borrar
El 'Réquiem' de la Catedral, el pórtico de un Festival lleno de incertidumbres. EFE
Un Festival arriesgado que termina con éxito de público

Un Festival arriesgado que termina con éxito de público

El director, Antonio Moral, valora la actitud de espectadores y equipo humano, y los críticos de IDEAL destacan los momentos culminantes

José Antonio Muñoz

Granada

Martes, 28 de julio 2020, 01:04

Nunca habrá un Festival de Música y Danza como este. La 69 edición será recordada como la del trabajo a contrarreloj. En un mundo tan cuadriculado como el de la clásica, en que las agendas se preparan a dos o tres años vista, e incluso más, preparar un Festival en apenas 15 días es una circunstancia excepcional. Pero también lo es que los artistas tengan la agenda en blanco, y estén esperando una llamada para, como dijo Zimerman, «volver a la vida». Estas son las circunstancias que han rodeado a un Festival en el que toda Europa ha puesto sus ojos, y que ha superado el 90% de ocupación. Todavía el viernes, el equipo de Comunicación recibió una llamada de la BBC de Londres para asegurarse de que Barenboim tocaría. Y tocó. Vaya si lo hizo.

El director, Antonio Moral, se ha estrenado por la puerta grande, aunque quizá la puerta estaba hecha de un material muy endeble. El de la incertidumbre ante la perspectiva de que, en cualquier momento, todo podía saltar por los aires. Moral afirmó ayer a IDEAL que «la del domingo fue la primera noche en que dormí de un tirón». Del mismo modo, valora «el excepcional comportamiento del público, en su práctica totalidad granadino. Granada se ha volcado con el Festival más largo de la historia». Y no ha sido un público cualquiera: «El de la clásica es un espectador sensible, educado, capaz de guardar silencio, de ofrecer el aplauso cuando corresponde, y por supuesto, disciplinado y capaz de seguir fielmente todas las medidas de distanciamiento y protección que se le han pedido. Sin ellos, no hubiera sido posible llegar al final».

Del mismo modo, Moral destacó «la alta implicación de los artistas. Muchos de ellos han hecho miles de kilómetros para llegar hasta aquí, en unas circunstancias muy difíciles. Marcon, por ejemplo, tuvo que coger tres aviones para llegar a Granada», recuerda.

El director valora también «el apoyo de las administraciones, que han sabido valorar la importancia que tenía hacer este Festival en este año tan dificil. Granada ha estado en el punto de mira, y se ha convertido en un ejemplo».

Empeño

El crítico José Antonio Lacárcel, además de valorar el empeño de Moral, destaca «el formidable ciclo pianístico de Beethoven por Lizst, especialmente la actuación de Miquel Ituarte y Enriqueta Somarriba, aunque todos han rallado a gran altura. Igualmente, destaco la presencia de Zimerman». Pondera la importancia de los estrenos de Aracil, «modernos pero lógicos, buscando un sonido bello», y actuaciones como la de los cuartetos Vandalia y Quiroga. En cualquier caso, destaca sobre todo la contribución del pianista Ígor Levit y su concierto en los Arrayanes, «soberbio», y aboga por dar a conocer la música española del XVIII y XIX en ciclos futuros.

Por su parte, Andrés Molinari destaca el irregular nivel de las orquestas, el bueno de los solistas, y actuaciones como la de Tenebrae, «de lo mejor que hemos visto en los últimos años». Comenta que «ningún concierto de Beethoven ha sido descollante», y que la carga emocional del 'Réquiem' de la Catedral fue extraordinaria. Critica la ausencia total de ópera y la coja producción propia, tanto en el programa original como en el corregido, y de los ballets, solo salva al de Monte Carlo. «En Najarro hubo más voluntad que acierto, y el pastiche 'Gugurumbé' no llegó a interesarme». Valora el ir 'a por todas' de Moral, que nos ha colocado en el punto de mira del mundo clásico, pero afirma que «incluso en estas circunstancias, el crítico tiene que hacer su trabajo». De cara al próximo año, espera que las circunstancias «mejoren» y se pueda ofrecer una 70 edición con todas las de la ley.

Finalmente, el crítico de flamenco Jorge Fernández Bustos destaca «el espectáculo de Carmen Linares, que me parece un buen 'canto del cisne' para su carrera. Una apuesta en la que mostró lo mejor de su repertorio, y dejó a los aficionados con un gran sabor de boca». Sobre El Niño de Elche afirma que «tiene sus seguidores, pero no es flamenco. Debería llevar otra etiqueta», y destacó la generosidad de Poveda, «en un espectáculo que está llamado a figurar en la historia por sus circunstancias». Fernández Bustos afirma, sin embargo, que el Festival Digital, en el plano flamenco, no fue bien acogido. «Para un flamenco, cantar sin público es frío, y esa soledad afectó al resultado

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios

ideal Un Festival arriesgado que termina con éxito de público