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Ismail Fernández Labouiry es hoy una de las personas más nerviosas del mundo. Esta tarde, a las siete, presentará su primer libro en el palacio de los Condes de Gabia. Un libro autobiográfico donde narra, en tono humorístico, que para él la vida nunca fue sencilla desde que nació hace veintidós años. Cuando, en el mismo momento del parto, hubo complicaciones, una hipoxia neonatal –falta de oxígeno– que le provocó una parálisis cerebral que le obliga a moverse en silla de ruedas y que le impide, por ejemplo, valerse de su mano derecha. Dato importante: de su mano derecha, que no de su izquierda. La misma con la que ha tecleado en su móvil, durante seis meses, 'Mi amigo inseparable', una autobiografía cuya portada está ilustrada con dos brazos musculosos disputando un pulso. El de Ismail y el de su destino. Un pulso con un claro vencedor. Se llama Ismail.
'Mi amigo inseparable', de la editorial Alhulia, narra su visión de la vida sin línea cronológica y sin una trama que se desarrolle en el espacio y en el tiempo. «Cada capítulo –explica Ismail– es algo distinto; mis impresiones sobre la amistad, la familia... desde mi discapacidad del noventa y dos por ciento». Una discapacidad que él mismo ha bautizado como su «amiga inseparable» y con la que 'dialoga', de tú a tú, «de una manera divertida. «Para llorar siempre tenemos tiempo y para reír muchas veces no encontramos ni la ocasión», explica Ismail. «Lo importante es que la gente no se aburra y se pueda leer de una manera amena». Una enorme satisfacción, la de publicar, pero también una enorme responsabilidad. «Ver tu nombre como autor me produce mucho respeto; espero estar a la altura de las circunstancias», confiesa el joven escritor salobreño.
«Yo nunca he visto mi situación como algo incompatible con hacer cosas». Una filosofía que ha mamado en su casa de Salobreña desde pequeño. «Siempre me han animado a seguir adelante», asegura. Su padre, Enrique, el que insistía en que escribiera desde que el pequeño Ismail tenía uso de razón. Su madre, Malika, que siempre ha estado a su lado, ayudándole. Y su hermana Sandra, cuatro años mayor que él, que ha luchado para que su hermano se sintiera como uno más «no sólo en el ámbito más cercano, sino también en el social».
Todo ello está reflejado en 'Mi amigo inseparable'. «Ha sido un ejercicio de introspección», afirma. También de revivir etapas con una fortísima carga emocional. Como la infancia. Cuando los niños, ignorantes –bendita ignorancia– e inocentes –bendita inocencia–, lo trataban como a uno más. Sus años más felices. Una percepción que fue cambiando cuando entraba en la adolescencia. «Me di cuenta de que, sin serlo, me veían como alguien diferente». Una 'diferencia', prejuicios para algunos, que acarrearon pérdida de amistades y de que hubiera incluso quien le acusara de que le aprobaran asignaturas en el instituto por compasión. Aquello le dolió. Pero lo superó. Salía menos que sus amigos, pero se divertía tanto como ellos gracias a lecturas que le marcaron como 'Las lágrimas de Shiva', de César Mallorquí.
Porque Ismail es un joven de veintidós años con un día a día absolutamente normalizado más allá de barreras físicas y mentales, que en pleno siglo XXI aún existen. Su aspiración vital es independizarse, aunque es plenamente consciente de que no lo tendrá fácil por razones económicas. Porque necesita alguien que esté permanentemente a su lado, atento a él, desde que se levanta hasta que se acuesta. Y su aspiración profesional es terminar la carrera de Psicología –calcula que le quedan unos tres años– para dedicarse de lleno a la intervención en el ámbito social. Una especialidad que le permitirá ayudar a los que no tienen recursos.
También tiene el firme propósito de seguir escribiendo, aunque ahora en clave narrativa. «Me ha gustado mucho la experiencia porque no hay plazos ni límites», confiesa Ismail. Para ello, para emprender un proyecto así, es plenamente consciente de que previamente necesita formarse. Lo hará.
Además de cursar el grado de Psicología en la Universidad de Granada, donde se desplaza desde Salobreña una vez a la semana para recibir clases presenciales, Ismail Fernández Labouiry es amante de la lectura, los idiomas y últimamente también del teatro. Después de muchos años viviendo con dificultades y tratando de superar los baches con los que se ha encontrado, que no han sido pocos, Ismail intenta afrontarlo todo desde el positivismo. Siempre con una sonrisa.
Le encanta viajar y vivir nuevas emociones que le ayuden a descubrirse como persona y a comprender mejor a los demás. Además, le gusta sentirse productivo en la sociedad y ayudar a los demás en la medida de sus posibilidades. Reivindica los derechos de las personas con discapacidad y vive cada momento como si fuera el último. De padre español y madre marroquí, nació y creció en Salobreña, en la Costa Tropical, y se considera un ciudadano universal. Está abierto a todo tipo de propuestas, se plantea seguir escribiendo y tiene muchas ganas de que se conozca su manera de ver el mundo. Por eso escribió 'Mi amigo inseparable'.
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