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Edición
Coordinan Francisco Morales Lomas y Remedios Sánchez
Sábado, 13 de mayo 2023, 00:05
Por Ana Recio Mir
Poeta, traductor, antólogo, ensayista, ganador del Premio Boscán o el Nacional de Poesía, Corredor-Matheos es un poeta veterano que sigue ... dando luminosos frutos como este libro de 56 poemas equilibradamente estructurado en tres partes, donde plasma con lenguaje sencillo y en versos de arte menor, la reflexión ante un mundo convulso, la aceptación de no ser nada ante el prodigio de la existencia o el temblor del hombre en un mundo que se tambalea. El bosque, la luz, el silencio, símbolos de plenitud repetidamente invocados, se enlazan mediante paradojas y antítesis para cifrar una verdad más honda: la certeza de la fugacidad del presente que se eterniza cuando se vive con intensidad y se aceptan resignadamente los embates de la vida. Entonces la palabra y la belleza devienen instrumentos de una eternidad compartida. Escritos algunos durante la pandemia, sus versos rezuman autenticidad y hondura y conmocionan al lector. Poesía desnuda, libre de artificio como proponía Juan Ramón, y esperanzada: «Tu vida solo es luz,/pero lo ignoras./Una luz apagada,/que debes encender(…)/Todo se ha de presentar/como imposible/cuando tiene sentido/y la vida lo tiene».
Por José María García Linares
«No, no soy un poeta de elogios fúnebres, soy un poeta asediado por la muerte, que es distinto». Poeta-faro para la noche de la Historia, funambulista de la luz y de la sombra, voz, herida y esperanza en la cuestión palestina, la poesía de Darwish sigue palpitando, señalando, construyendo espacios para la denuncia, el diálogo, la sanación del sufrimiento y la libertad. Como señaló en su día Judit Butler, los versos del poeta «nos obligan a inventar una esperanza para un acto de habla, una dirección, un milagro, que alargue la esperanza, y a cantar, pues la canción pertenece a lo estético y ese es el camino de la libertad». Excelente edición esta de Cátedra, a cargo de Luis Gómez.
Por Fernando Barea
Elia Barceló siempre entretiene, pero creo que con la serie 'Santa Rita' ha ido un paso más allá, ofreciendo una literatura que, quizá sin pretenderlo, la sitúa entre los grandes autores de un género negro con crímenes sin sangre, que no precisa de lo escatológico ni de las descripciones truculentas para llevar al lector a un ecosistema donde las tramas criminales no desasosiegan, sino que provocan el interés e incluso la sonrisa. Así ocurre con 'Amores que matan', continuación de 'Muerte en Santa Rita', que provoca el reencuentro con la caterva de personajes que pueblan esa particular finca mediterránea, antiguo sanatorio. Crímenes del pasado y el presente se dan la mano aquí.
Por Antonio César Morón
La última antología teatral publicada por Ediciones Irreverentes está centrada en el mito de Prometeo. El libro alberga doce piezas de microteatro en las que se distinguen dramaturgias de diversas procedencias del panorama nacional, como Pilar Zapata, Juan Manuel Brun, Isabel Martín Salinas, Juan García Larrondo, Antonio César Morón, Antonio Miguel Morales Montoro, y otras. Todas ellas desarrollan una traslación del mito a las dinámicas e intereses sociohistóricos en los que se sitúa nuestra rabiosa cotidianidad como ciudadanía. Encontraremos personajes dentro de una misma nomenclatura, apareciendo tres nombres recurrentes (Prometeo, Epimeteo y Pandora) que rondarán gran parte de los argumentos. Ahora bien, hay que tener en cuenta que una misma nomenclatura no obedece en ningún caso a una misma dinámica actancial; lo que nos lleva a considerar que los personajes concretos son diferentes, no solo en su psicología, sino incluso en sus circunstancias (algo curioso cuando la procedencia es una misma raíz mitológica), transformadas desde el momento en que cada argumento aborda el trabajo de dichas circunstancias con una intencionalidad precisa con la que enfrentarse a la historia. Existe pues una circunstancia mitológica compartida por las nomenclaturas señaladas y una circunstancia actual no compartida, la cual verdaderamente va a determinar el carácter del personaje. Por otro lado, indagando con mayor aquilatamiento en la estructura profunda de los textos, podemos constatar la existencia de un esquema de producción a priori compartido, que de algún modo puede localizarse en cada una de las estructuras intencionales de las diferentes autorías dramáticas del libro. Un esquema implícito que se resume del siguiente modo: un titán reflexiona acerca de su historia mitológica: haber posibilitado las condiciones de existencia de la especie humana y su preponderancia sobre el resto de los seres vivos. Condenado por Zeus. Entre cadenas. Devorado cada noche por un águila. ¿Qué piensa? ¿Ha merecido la pena traicionar a sus pares por los seres humanos? ¿Cómo se relaciona con aquellos a quienes ha salvado? ¿Se arrepiente? Este es, en efecto, el punto de partida con el que construir cada una de las piezas. Encontraremos así historias cuyas imágenes giran en torno a temáticas de corte eminentemente social, articuladas a partir de elementos como la pandemia de Covid, la inmigración, las reivindicaciones obreras, la indigencia, las estructuras de poder en el mundo de las redes sociales, la memoria o la justicia. La lectura de este libro conlleva, en definitiva, una invitación a reconsiderar el mundo en el que nos desenvolvemos y si realmente la especie humana necesitó o necesita aún ser salvada.
Por José Abad
Al principio no fue la palabra, no esta vez; al principio fue la imagen. Lo reconoce el propio Luis Alberto de Cuenca en la nota preliminar a 'La mujer y el vampiro' (Reino de Cordelia): el editor Jesús Egido le había pasado un cuaderno con dibujos del pintor Manuel Alcorlo -además, Académico de Bellas Artes, grabador, ilustrador- y, a partir de estas imágenes, él escribió una serie de apuntes poéticos.
El libro resultante, editado originalmente en el año 2010 y hoy felizmente recuperado, deviene un sugerente juego de espejos en el que la poesía se mira en el dibujo, y el dibujo en la poesía. Los versos giran en torno a las dos figuras del título: la mujer –protagonista absoluta de los dibujos de Alcorlo– y el vampiro, que el poeta no duda en presentar como un alter ego suyo. En las páginas de este poemario singular, pues, se consigna la fórmula mágica que ha de invocar las imbatibles fuerzas del deseo, que se presentan al lector con unos modos tan contundentes como exquisitos ya desde la primera composición: «Estas palabras fueron para ti. / Las disfracé de lluvia y paraíso. / Vuelven hoy de la tumba, como Drácula, / para engarzar heridas en tu cuello / y sembrar de rubíes tu blancura».
El vampiro es un viejo conocido de Luis Alberto de Cuenca. José Gutiérrez, que se ha encargado de esta edición, señala en el prólogo: «El vampiro aparece por primera vez en su obra en el poema 'Rumbo a Londres, el conde Drácula resucita un pasado sentimental', de su libro 'Scholia' (1978)». Desde entonces, la sombra de este hijo de las sombras se alarga y se entrevé en numerosos versos del autor (y no sólo en versos). La voluntad narrativa que singulariza su quehacer poético también está presente en 'La mujer y el vampiro'. Hay una historia de amor que se va quedando irremisiblemente atrás, ya extinta. La mujer tiene un nombre, aunque no lo conozcamos, y el recuerdo no muerto de aquel amor es la sangre que alimenta al vampiro: «Vivo en el pozo de un silencio íntimo, / soñando con el sueño de tu sombra», leemos en el segundo epigrama de este libro. La imposibilidad de continuar con esta historia genera una sutil melancolía: «Estas palabras fueron para ti. / Las pensé para ti, que eres el reino / donde hubiesen querido vivir siempre». Para describir esta poesía, José Gutiérrez retoma el verso de Rubén Darío –«sentimental, sensible, sensitiva»– y añade un adjetivo ineludible –sensual– que resume perfectamente este libro.
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