

Secciones
Servicios
Destacamos
Edición
FRANCISCO JAVIER OCHANDO
Miércoles, 28 de febrero 2018
De ser cierto el aserto de Nietzsche que señala que tanto el arte cómico como el arte trágico son hijos de un mismo delirio dionisíaco, se hallará uno de sus ejemplos más directos en la obra del jaenés Lorenzo Goñi Suárez (Jaén, 1911-Lausana, 1992), artista sobradamente dotado para el quehacer gráfico como se desprende de su fecunda labor de cartelista, dibujante, grabador y, muy fundamentalmente, ilustrador. Aunque formado en los años treinta en la barcelonesa Escuela de Bellas Artes de San Jorge, será en el Madrid de la posguerra donde desarrollará todo el caudal dibujístico que llevaba dentro, principalmente desde las páginas de ABC, donde dio continuidad a la saga de ilustradores periodísticos de la provincia, iniciada con el baezano Juan López Alaminos y proseguida por Ricardo García López ‘K-Hito’, coetáneo del mismo Goñi. Acaban de cumplirse 25 años de su muerte y CajaGranada le rinde homenaje colgando en su sala las doce estampas, más portada, que componen la fabulosa carpeta ‘Tauromaquia Onírica’, grabada al aguafuerte y aguatinta por Goñi en 1964, y cedida amablemente para la ocasión por el Museo Taurino de Chiclana Francisco Montes ‘Paquiro’. Junto a la carpeta se exhibe también algo más de una decena de piezas, entre dibujos, grabados e ilustraciones, reunidas por el coleccionista carolinense Guillermo Sena Medina, imagino que no sin esfuerzo y tesón, siendo de elogiar que se haya hecho con una con la firma Suárez del Árbol, correspondiente al periodo de posguerra en que por avatares que no vienen al caso hubo de rubricar sus obras con los dos apellidos de la madre.
Su producción más personal, y para mí la más importante, se desarrolla en el terreno del grabado, siendo también donde obtiene los reconocimientos de más relumbre: ahí están para el caso el Premio del Ayuntamiento de Madrid en el Salón de Grabado de 1961 o la Primera Medalla de Grabado en la Exposición Nacional de 1962. Precisamente esta parte de su creación ha sido puesta en conexión por la crítica con Goya -cuatro años atrás la Academia de San Fernando celebró la exposición ‘Goñi-Goya’-, Solana o El Bosco. Sin embargo, todo ese voluptuoso mundo nocturno de terrazas, tejados y mujeres que se desenvuelven en soledad sin más testigo que el atento gato que no maúlla pero rasga la noche con su ojos, supone un ejercicio de ‘vouyerismo’ que a mi modo de ver lo emparenta con el vibracionismo de Rafael Barradas, el Madrid castizo de Gómez de la Serna e incluso la latencia que resuena en la serie de aguadas nocturnas que Salvador Dalí ejecutó durante su época en la Residencia de Estudiantes, donde fue asiduo, como Barradas y Gómez de la Serna, de la tertulia de Pombo, alguna década antes de que Goñi llegara a Madrid. Esta influencia daliniana aún está por estudiar pero se deja sentir en el mundo surrealista que Goñi invoca en sus estampas, haciéndose harto evidente en la que conforma la página 21 del libro de Camilo José Cela ‘Crónica del Cipote de Archidona’ (1977), hoy pieza de bibliófilo más que edificante, por cuanto patentiza la fructífera relación que el artista mantuvo con el literato, y uno de cuyos ejemplares pudo contempla rse en las jornadas que el Instituto de Estudios Giennenses dedicó en noviembre de 2016 al nobel gallego.
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Recomendaciones para ti
Te puede interesar
España vuelve a tener un Mundial de fútbol que será el torneo más global de la historia
Isaac Asenjo y Álex Sánchez
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.