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Viernes, 23 de abril 2021, 00:49
La Biblioteca de Andalucía fue en la tarde de ayer el territorio de Mariluz Escribano. La víspera del Día del Libro fue también víspera de recuerdo para una mujer que forma parte de la historia de la literatura escrita en español y desde Granada. Una oportunidad para poner en valor el legado de una autora que, nominada como Clásica del Año por la Consejería de Cultura, precisa aún de un esfuerzo constante para que los valores de su obra sean asumidos por todos.
Sobre la mesa de la Sala Val del Omar se encontraron cuatro mujeres que han conocido muy de cerca y son grandes 'propagandistas' de la poeta, nacida en 1935 y fallecida el pasado 2019: la Premio Nacional de Poesía, Ángeles Mora; las también premiadas poetas Teresa Gómez y Trinidad Gan, y la responsable del legado poético de Escribano, la crítica y profesora Remedios Sánchez. Todas ellas repasaron su relación con la autora, su conocimiento y cómo les ha inspirado.
«Las mujeres son la mitad secuestrada de la historia de la literatura», dijo Trinidad Gan, parafraseando a la catedrática Amelina Correa. El nacimiento de Mariluz Escribano ya marcó su vida, hasta el punto de perder a su padre en los primeros meses de la guerra civil, fusilado en las tapias del cementerio de Granada. Mientras ella daba sus primeros pasos huérfanos de padre pero repletos del amor de su madre, Luisa Pueo, la literatura en femenino entraba en el túnel por el que transcurrió durante la práctica totalidad de la dictadura.
Ángeles Mora subrayó, precisamente, ese silenciamiento inmisericorde de la voz literaria de las mujeres, mientras que Teresa Gómez recordó la preterición que la autora, muchas veces por su propia modestia, ya vivió en vida. Remedios Sánchez señaló que su primer poema, escrito en 1957, no vio la luz hasta 2018, y cómo, al preguntar a Escribano el porqué no se había publicado en su día, ella respondió sencillamente que «las mujeres no publicábamos».
Todo esto, sin embargo, va a cambiar, porque existe la voluntad de quienes realmente apreciaron su vida y su obra para que cambie. Sánchez anunció ayer la celebración, en el mes de diciembre de este año, de un congreso mundial en torno a la autora de 'El corazón de la gacela'.
«Mi padre es un silencio que mira cómo crezco», escribió la poeta, con el recuerdo de su progenitor ausente, pero presente en su vida y en su trayectoria literaria. La suya es la influencia del profesor, también, y de un compromiso ético carente de odio y lleno de amor por la concordia. Esa concordia que se manifestó en la postrera hora de su padre y en esa nota de despedida que ella guardaba enmarcada en su casa para tenerla presente todos los días.
Trinidad Gan recordó que esa vida sencilla, pero a la vez llena, que disfrutaba de un paseo por su ciudad tanto como del discreto encanto de los objetos cotidianos, el calor del hogar frente a la ciudad vencida y marcada por las heridas de la guerra. 'Sopas de ajo' y 'Memoria de azúcar' recordaban aquella paz proclamada en el Boletín Oficial del Estado que sabía a sangre fresca en la calle. Una memoria que, como argumentó Gan, fue «el semillero de sus versos».
«Vivirás en mi verso cuando la luz se apague». Rememoró el verso Ángeles Mora, y aseguró que Mariluz Escribano vivió con una melancolía envuelta en luz, y luchó porque el dolor no se convirtiera en rencor. Destacó la educación recibida por la gran mujer de su vida, su madre, mujer librepensadora y firme en sus convicciones tanto como luego fueron firmes las de su hija.
Su independencia, dijo Teresa Gómez, se basaba precisamente en su conocimiento de la realidad y el convencimiento de que esta se podía cambiar, no sin esfuerzo. «Su compromiso humanista, derivado de la sociedad en la que le tocó vivir, está teñido del color de la vida, de valores como la solidaridad y el respeto por la educación, heredado de sus padres», recordó.
Remedios Sánchez señaló que el activismo de Mariluz Escribano se plasmó en colaboraciones como columnista en IDEAL durante cuadro décadas, y en su capacidad para estar en primera fila ante los desafíos que esta ciudad puso encima de la mesa. Siempre defendiendo a los más débiles, a veces en contra de los poderes fácticos de esa «ciudad vórtice» definida por González Alcantud. Escribano buscó la poesía fuera de nuestras fronteras porque sus convicciones fueron consideradas 'peligrosas', para volver siempre a esa Granada que, frente a todo y frente a todos, reivindica su singularidad en un año, que será el primero de muchos, para reconocer su figura.
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