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Durante la última década del siglo XV, entre 1492 y 1497, los judíos fueron expulsados de todos los reinos peninsulares, incluyendo el recién conquistado de ... Granada. Cuando salieron de lo que hoy son los países de España y Portugal, llevaban en las alforjas las pocas pertenencias de valor que pudieron coger, pero también un tesoro en forma de lengua: el sefardí, que creció justo a partir de ese momento. Hace unas semanas, el Instituto Cervantes de Madrid acogió un acto en el que se presentó el libro del doctor Manuel Gálvez, 'El espanyol sefardí' (Almuzara), un volumen escrito íntegramente en esta habla, el primero que se publica con estas características desde el fatídico 1492. En su introducción, Gálvez hace un recorrido por su evolución a lo largo de estos más de cinco siglos de existencia, y luego incluye un amplísimo glosario de términos, lo cual da idea de hasta qué punto usamos esta lengua y sus giros, casi sin darnos cuenta. Con todo, según Gálvez, el sefardí está en peligro, dado que cada vez menos personas lo conocen en profundidad y lo hablan con fluidez.
«Apenas uno se pone en contacto con estas variantes del español que se hablaba en el siglo XV, se siente atraído por ellas. Esto fue lo que me ocurrió a mí. Es increíble que una lengua como esta haya sobrevivido durante 530 años de forma exclusivamente oral, y ahí está una parte fundamental de su interés», comenta Gálvez. Fue a raíz de la escritura de su novela 'Enamorado' (Círculo Rojo) cuando Gálvez se acercó el sefardí, ya que su protagonista era una licenciada en Semíticas. A partir de este trabajo, conoció a Isaac Tobi, divulgador que una vez a la semana emite unos vídeos cortos en YouTube hablando este idioma, en un tono a veces humorístico y cercano. «Comencé entonces a organizar unas citas llamados 'Encuentros del cabico' en La Qarmita, donde está prohibido hablar en otra lengua que no sea el sefardí. Comenzamos dos y ya somos cinco», dice con alegría.
Aunque el médico sea una de las pocas personas que hablan el sefardí, o judeoespañol –el ladino, una denominación que ha hecho fortuna en época reciente, es otra cosa, asegura– no está solo en la difusión de esta lengua, que agrupaciones musicales como Sephardica han hecho suya. «Oyendo esas canciones es imposible no emocionarse», asegura.
El número de personas que realmente dominan la lengua en nuestros días es un asunto peliagudo. En determinados foros se habla incluso de 100.000 hablantes, pero la cifra real está muy lejos de esa. «Habrá quien se enfade conmigo, pero no creo que haya más de 500 personas en el mundo que puedan mantener una conversación con fluidez», comenta. Entre otras razones, porque hay una variante de la lengua original, el llamado 'turcano', que se habla en la zona de Asia Menor, pero que no es propiamente sefardí, y la 'jaquetía', el dialecto que hablan los judíos establecidos en Marruecos tras la expulsión, tampoco lo es. «Lo cierto es que con el paso de las generaciones, el idioma se fue perdiendo en beneficio de la lengua del lugar donde los judíos se asentaron: el turco, si estaban en Turquía, o el griego moderno, en Grecia. En este último país, la aplicación de la 'solución final' contra los judíos fue brutal, con más de 40.000 personas asesinadas en Auschwitz. Con sus muertes, se afectó gravemente a la variante griega, muy emparentada con el español», dice.
En todas las artes
En cualquier caso, la influencia actual del sefardí y su vigencia se dispersa en todas las artes, incluyendo el flamenco. Como afirma el investigador, «si se coge la letra de los 'Tangos del chavico' de Estrella Morente, por ejemplo, y la canción del Pesaj, 'Un kavretiko', encuentras que la coincidencia es prácticamente total». También señala como ejemplo la petenera que dice: «¿Dónde vas, bella judía, tan galana y a deshoras? Voy en busca del rebeco, que estará en la sinagoga». Otras grabaciones históricas que datan de hace más de un siglo, como 'A la una yo nasí', de Ibrahim Efendi, grabada en El Cairo, tienen ritmo de petenera. Incluso Paco de Lucía destaca, según Gálvez, la influencia de la música judía en el flamenco.
En España, asegura, prácticamente quedan solo dos hablantes del sefardí en profundidad: la integrante de la RAE Paloma Díaz-Mas y él mismo. «Esta lengua ha estado recluida prácticamente en los departamentos de Semíticas de las universidades españolas de Madrid, Barcelona, Salamanca y Granada, desde el siglo XVIII», dice. Uno de los vestigios más claros que nos quedan de él es la terminación «ico», que afirma el investigador, pudo provenir del habla aragonesa y a través del Levante, llegó a Andalucía. Otras palabras como el «muncho» (por mucho) o el «cualo» (por cual) también provienen del sefardí, aunque se consideren incorrectas, como el «antiyer» (por anteayer), En total, en 'El espanyol sefardí' hay más de 4.300 vocablos, escogidos uno a uno, con su grafía española y la sefardí al lado, que conectan a nuestra lengua con esta, que también es nuestra, y que no debería perderse de ningún modo.
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