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Carolina Palma
GRANADA
Martes, 9 de abril 2019, 01:27
«En la esgrima, los golpes no se pegan con la espada, sino con los pasos». Fue la primera lección que tuvo que aprender Sonia ... al comenzar con el deporte, cuatro años antes de convertirse en doblista nacional en un solo fin de semana, en las modalidades de ropera y ropera y daga.
Realmente, no fue una lección que le costara mucho asimilar pues ya había adquirido la práctica de toda una vida. El entrenamiento de Sonia no comenzó el día en el que cruzó por primera vez la puerta de la Sala de Armas, cuando esta aún se encontraba en la Avenida América del Zaidín, ya a sus 44 años. Sino mucho antes, cuando con tan sólo 14 decidió apuntarse por primera vez a la práctica de un deporte, siendo este el kárate.
Quince años pasó Sonia combatiendo sobre el tatami, quince años en los que también lo combinó con otros muchas disciplinas, entre los que se cuentan algunas tan dispares como la jabalina, el atletismo o el tiro con arco, entre otros.
La verdad es que, al principio, Sonia no tenía pensado dedicarse al arte marcial. De hecho, desde el primer momento, soñaba ya con la esgrima, pero no fue capaz de encontrar ningún centro de entrenamiento en la ciudad. Por eso fue que, lejos de conformarse, decidió probar suerte en otras artes, y de todas ellas adquirió infinidad de conocimientos que luego le sirvieron para hacerse con el título nacional en tan sólo cuatro años desenfundando la espada.
Durante sus 15 años de kárate adquirió disciplina, compromiso y respeto hacia el deporte y sus componentes. Aprendió también la destreza del combate y la capacidad de ver más allá de lo físico, observando cada movimiento y buscando el hueco perfecto.
Comenzaba a adquirir ya la estrategia tan típica del ajedrez que se lleva más allá del tablero en todos los deportes de contacto. Aquella de anticipar cada jugada y movimiento del contrario, manejando siempre el juego de segundas y terceras intenciones, el de los «mentirosos, que hacen creer al contrario que van por un lado para luego ir por otro».
A adquirir toda esta visión, le ayudó también el hecho de que no pudiera siempre competir ya que, por falta de chicas en su peso a las que enfrentarse, pasó la mayor parte de sus años en kárate dedicándose al arbitraje, lo que aumentó su riqueza a la hora de visualizar la destreza en el juego. Aún así, poco a poco se fue alejando del arte japonés, hasta que su marcha a Córdoba por trabajo la obligó a dar el paso final, y fue a la vuelta de sus cinco años alejada de la ciudad de la Alhambra cuando al fin cumplió su meta de hallar un centro donde pudiera practicar el deporte con el que siempre había soñado, y en el que acabó por toparse también con una nueva familia y, con ella, un paso directo al podio nacional pues, «a pesar de ser un deporte individual en resultados, es de equipo en progreso».
«Al principio me sentía muy patosa», afirma Sonia, que pasó mucho tiempo aprendiendo a dar los pasos hasta al fin enfundar la espada. A pesar de haber estado casi 30 años esperando hacerlo, no le frustró ni decepcionó la aparente larga espera que conlleva el buen progreso, de hecho se dio cuenta de que «la esgrima no era lo que esperaba, sino más, mucho más».
Comenzó practicando la deportiva, que se lleva a cabo en pistas lineales y se cuenta por 'tocados', o lo que antaño serían duelos a sangre. De ahí el color blanco del uniforme pues, en el pasado, las camisas blancas permitían ver la sangre con mucha más facilidad, y así se podía determinar al ganador del duelo sin necesidad de que este fuera 'a muerte'. Pasó seis meses dedicándose a dicha modalidad antes de presentarse a su primer campeonato oficial, en el que «perdí todos los asaltos de todos los poules, pero aprendí, y ya la siguiente vez gané un par», recuerda la que un año y medio más tarde se hizo con el título en el campeonato regional.
Por esa misma etapa se enganchó también a la modalidad histórica o de destreza, creada por españoles en el siglo XV con el fin de colocar la defensa sobre la ofensa y ponerte a disposición de matar sin llegar a completar la hazaña. La característica mental y estratégica de dicha disciplina fueron lo que realmente llamaron la atención de Sonia, pues no vale solo con pegar por pegar, sino que cada movimiento está asociado con un estudio geométrico y matemático previo, y cada jugada se planifica con anticipación.
Fue una progresión también adecuada, pues no solo cambian las pistas en ambas modalidades (en histórica son circulares), sino también las espadas y armas, que son más pesadas y pueden complementarse con el uso de dagas para cubrirse de golpes contrarios. Claro que, «al cambiar las normas también, cambia todo y, al principio, recibes más que das, pero al final es muy gratificante ver cómo avanzas», comenta Sonia que, en tan solo un año en la modalidad, y medio más en la disciplina en general, se presentó a su primera Copa de España y quedó subcampeona.
Tan solo un año más tarde, el pasado domingo 31 de marzo, la granadina volvió a presentarse a la competición para ganar el primer puesto en ambas modalidades de histórica: esgrima ropera, y ropera y daga.
A pesar de que la mayoría de sus contrincantes la superan en más del doble de años practicando esgrima, siendo casi 20 años más jóvenes que ella, Sonia consiguió toda su habilidad en una vida de entrenamientos y lecciones que le ayudaron a entender que, en primer lugar y realmente, los combates se ganan asalto a asalto, y cada asalto se logra paso a paso. «No puedes pensar en el final, eso te agobia y te cansa», aconseja, y añade que «para llegar al podio tienes que ganar este punto. Tienes que recorrer el camino, y el camino se hace punto a punto», algo que se entiende una vez observada su vida.
Además, el miedo al golpe y al fracaso desaparece cuando entiendes que «los fallos son necesarios si te sirven para avanzar y aprender de ellos, pero nunca debes quedarte estancado». Así, de una competición en la que no ganó ni un solo punto, Sonia pasó a subirse al podio en tan solo un año más de entrenamiento porque, aún cuando el hacerse con la victoria parece imposible al enfrentarse a alguien acostumbrado a ganar, «nunca puedes presentarte pensando en que no lo vas a conseguir. Hoy el título es tuyo, y al otro le tocará aprender a perder contigo», enseña en una lección que a muchos como a ella, y más allá del deporte, les podría cambiar la vida.
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