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No habrá subida de cotizaciones ni nuevos ajustes en las pensiones en los próximos tres años. Tanto los jubilados como el Gobierno respiran aliviados después ... de que la última reforma diseñada por el entonces ministro de Seguridad Social, José Luis Escrivá, actual gobernador del Banco de España, haya superado el primer examen al que se enfrentaba tres años después de su entrada en vigor. Sin embargo, esto no quiere decir que el sistema sea ahora más sostenible que antes; al contrario, las cuentas de la Seguridad Social ¬–en números rojos desde hace muchos años– van a peor y el futuro pinta aún más negro.
Así lo ve la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef), el organismo encargado de evaluar la reforma de las pensiones, pese a que le ha dado el aprobado a las medidas impulsadas por el actual Ejecutivo dentro del plan de resiliencia pactado con la Comisión Europea. Así, el Gobierno, en un momento político muy delicado, se salva de activar la cláusula de cierre que Bruselas le obligó a introducir por si los gastos e ingresos hasta 2050 se desviaban demasiado de las previsiones y, por tanto, ya ha anunciado que no piensa llevar a cabo ningún ajuste en las pensiones, más allá de las actuales medidas que tiene entre manos de cara a promover el retraso de la edad efectiva de jubilación mediante incentivos o ingresar más cotizaciones con el nuevo sistema de cuotas de los autónomos.
«Vamos en el buen camino. La reforma de las pensiones ha pasado su primer examen con éxito y el diagnóstico principal de la Airef es que no son necesarias medidas adicionales en materia de pensiones», aseguró la ministra de la Seguridad Social, Elma Saiz. Y añadió: «La sostenibilidad hoy está garantizada y todos los datos que podían ir bien han ido incluso mejor».
Sin embargo, esta interpretación del informe publicado este lunes por la Airef es un tanto 'sui generis'. Efectivamente, el organismo público ha constatado que las previsiones de la Comisión Europea sitúan el gasto en pensiones en el 14,6% entre 2022 y 2050 –por debajo del límite del 15% establecido– y estima que las medidas de ingresos ascienden al 1,4%, por lo que se cumple la regla de gasto establecida por el Gobierno, con un gasto en pensiones neto de medidas de ingresos del 13,2% en el promedio del periodo 2022-2050, inferior, por tanto, al 13,3% establecido como tope.
Sin embargo, la Airef reprende al Gobierno y a la Comisión Europea ya que su aprobado es fruto de una regla de gasto con «importantes debilidades», que –precisa– ofrece una «visión parcial» y no sirve para medir si el sistema es sostenible. Es decir, que le da un aprobado pero forzada por unas normas de juego que no comparte porque no mide realmente la eficacia de la reforma para lograr su objetivo último: la sostenibilidad.
«La regla de gasto tiene muchas debilidades y limitaciones para que pueda ser considerado un indicador de sostenibilidad», aseguró este lunes en reiteradas ocasiones la presidenta de la Airef, Cristina Herrero, quien dejó claro que su institución no está conforme con las normas de juego marcadas, que se han visto además favorecidas por la reciente revisión al alza del PIB, aunque señaló que no han hecho caso al criterio del Gobierno y no han considerado como ingresos todas las transferencias que el Estado hace a la Seguridad Social («no son ingresos», sostiene Herrero), sino solo tres décimas de ese 1,3% del PIB inyectado al sistema, ya que la gran mayoría de este dinero no supone un fortalecimiento del sistema.
Por ello, desde la Airef advierten al Gobierno de que, aunque no está obligado a hacer ningún nuevo ajuste ni medida, no puede «descuidar la sostenibilidad» del sistema puesto que «la dinámica de gasto no ha mejorado». Es más, su presidenta apuntó que «es perfectamente compatible que la dinámica del sistema de pensiones sea peor o, al menos no mejor, y, sin embargo, demos un cumplimiento de la regla de gasto cuando hace dos años dijéramos que no».
En este sentido, la presidenta de esta institución recalcó que nos hemos comprometido a un gasto anual promedio del 3% hasta 2050 y sus previsiones lo elevan por encima del 4%, por lo que «sin duda habrá que hacer más ajustes».
Las pensiones serán menos generosas en el futuro, aunque no se debe a la reforma aprobada por el Gobierno. Al contrario, la medida de vincular de nuevo por ley estas prestaciones al IPC ha permitido a los jubilados mantener el poder adquisitivo y ganar bastante más que si hubiera continuado la fórmula que abocaba a una subida del 0,25% a las pensiones mientras el sistema estuviera en déficit.
La razón está en que los salarios en las próximas décadas crecerán en mayor medida que la revalorización de las nóminas de los mayores, en torno a un 3% anual, consecuencia de un aumento de la productividad, lo que hace que la tasa de generosidad (entendida como la pensión media entre el salario medio) decrezca en las próximas décadas en más de diez puntos, al pasar del 65,6% en 2023 al 53,7% en 2070, según las estimaciones de la Airef. De no haberse aprobado la última reforma que elimina la fórmula de revalorización del 0,25% y el factor de sostenibilidad, esta caída de la generosidad hubiera sido aún mayor.
En este sentido, estas medidas han permitido aumentar la rentabilidad del sistema, medida como la tasa interna de retorno (TIR), que se sitúa en el 5,7% en 2023 y también en 2070. Se recibe así bastante más de lo que se cotiza.
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