Las fiestas de Algarinejo, que concluyeron este pasado domingo, tuvieron un inicio dramático. Varios vecinos que se divertían en el ferial del municipio, situado a más de 70 kilómetros de la capital, observaron a un hombre caído en el suelo que parecía no respirar. De inmediato, dieron aviso al servicio de emergencias 112. La persona en cuestión, un hombre de 36 años que regentaba una caseta de escopetas, había sufrido un infarto fulminante, según su familia, que lo dejó a un paso de la muerte.
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Sucedió el pasado jueves 4 de agosto alrededor de las nueve de la noche y, gracias a la rápida intervención de los equipos sanitarios, la tragedia no se consumó. La parada cardiaca, según fuentes vecinales, se prolongó «durante unos ocho» angustiosos minutos, pero, finalmente, las maniobras de resucitación consiguieron que el corazón de la víctima volviese a latir.
El siguiente paso era trasladar lo más rápido posible al herido a un centro hospitalario de la capital, porque la situación seguía siendo muy delicada.
En este sentido, el feriante ingresó en estado grave en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital de Neurotraumatología de Granada, una dependencia de la que ya ha salido.
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