-kTqD-U1009377971213YC-1248x770@Ideal.jpg)
-kTqD-U1009377971213YC-1248x770@Ideal.jpg)
Secciones
Servicios
Destacamos
Edición
Sus nombres no tienen nada que envidiarle al de Batman, Superman o Spiderman. Porque dejan atrás la épica para bajar a la tierra, pisar el suelo y analizar la realidad. Y enfrentarse a ella. Los 'Granada Makers' no necesitan poderes mágicos para realizar grandes hazañas: les basta con una impresora 3D. Se trata de un grupo que diseña y distribuye en los hospitales de toda España material de protección. Con grupos de trabajo organizados en prácticamente todas las capitales de provincia, Granada no iba a ser menos. Más de 200 voluntarios fabrican desde sus hogares armamento para los que luchan en las trincheras sanitarias.
Uno de los que se han incorporado al grupo más recientemente es Pepe Puentes, un ingeniero informático que explica en qué consisten las donaciones que están realizando a todos los hospitales de Granada. Los voluntarios fabrican estos productos y es Protección Civil quien se encarga de su reparto. Por una parte, fabrican dos modelos de pantallas faciales, que evitan «la salpicadura de elementos en suspensión» en el rostro de los sanitarios. «Imprimimos una estructura y le ponemos acetato transparente en A-4, que es lo que actúa como barrera. Hay dos modelos, uno abierto con ventilación en la frente y otro cerrado», detalla.
Periodismo y compromiso
El segundo elemento que crean son las válvulas Charlotte, utilizadas para convertir las famosas máscaras de buceo del Decathlon en respiradores. «Las máscaras tienen arriba un tubo que se quita y en su lugar se pone esta válvula, que tiene dos ramificaciones: uno para el tubo del oxígeno y otro para la válvula PEEP, que sirve para balancear la presión con el pulmón y evitar problemas respiratorios», añade.
Los 'Granada Makers' son ya en torno a 210. Armados con sus impresoras 3D -muchos las han adquirido durante esta crisis específicamente para esto-, sus últimos recuentos visibilizan que ya han repartido más de 16.000 de estos productos, la mayoría pantallas faciales. «Mientras que una visera puede imprimirse en dos horas o incluso menos, una hora, dependiendo de los ajustes, para fabricar una válvula se necesitan unas cuatro horas», apostilla el ingeniero informático.
El coste de toda la producción corre a cargo de los voluntarios, y se resume en dos apartados: los materiales y el gasto en luz, además de la propia impresora, cuyo precio oscila de 150 euros en adelante. «Al material que derrites para general el producto se le suma el gasto eléctrico, ya que la boquilla de impresión se pone a 200 grados para fundir el material durante muchas horas», manifiesta Pepe Puentes. En su caso, la máquina funciona a pleno rendimiento durante el día y descansa por la noche, mientras él duerme, ya que cree conveniente vigilar el proceso.
Así, Pepe Puentes combina su labor como voluntario con el teletrabajo, así que sus días están siendo de lo más completos. Empleado de una empresa granadina de desarrollo de software y analítica de datos, busca los huecos entre reunión y reunión para poner y quitar piezas de la máquina. Y aunque como en cualquier iniciativa solidaria cuantos más, mejor, lo cierto es que manejar una impresora 3D para estos procesos no es del todo sencillo. Al ser ingeniero informático, este voluntario no ha encontrado grandes dificultades, pero no es algo fácil de aprender para todo el mundo.
Desde los hospitales la respuesta que les devuelven a cambio de estos productos es «espectacular», de profundo agradecimiento. «Ese es el motor que nos empuja a seguir. Tengo amigas que trabajan en el Hospital Universitario Clínico San Cecilio (PTS) y están encantadísimas, estaban muy necesitadas de material. Aunque parezca algo pequeño, les da la vida, porque se sentían desamparadas», explica el granadino. A nivel personal, se siente «obligado moralmente» a tomar una posición activa en esta crisis, y entender que estar confinado en casa no significa que no podemos hacer nada. «No soy médico, pero he visto una oportunidad clara de ayudar. Estoy aprendiendo todos los días, y aunque me han surgido problemas en la fabricación de las piezas, con ganas todo se supera», concluye. Porque estos 'Granada Makers', desde sus trincheras en forma de hogares, demuestran que la cuarentena puede ser muy productiva. Y muy solidaria.
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
España vuelve a tener un Mundial de fútbol que será el torneo más global de la historia
Isaac Asenjo y Álex Sánchez
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.