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La habitación vacía, la ropa limpia en el armario, las cajas de medicinas abiertas. Las zapatillas de deporte intactas, impacientes, como suplicando ser usadas de nuevo. El duelo por la pérdida de un familiar es un proceso complejo en el que la ausencia se clava ... como un puñal. Pero hay algo peor que este cúmulo de sentimientos: no vivirlos por no haber podido enterrar al ser querido. Las desapariciones son un extraño limbo en el que la pena lo empaña todo, pero el duelo se dilata, se complica, se pospone. La esperanza de que aparezca está ahí. Por suerte, la investigación policial y los recursos han mejorado enormemente, dando como resultado que la tasa de resolución de denuncias supere ya el 95%. El caso Marta del Castillo marcó un antes y un después, así como la inmediatez a la hora de avisar a las autoridades. Lo de tener que esperar 24 horas para denunciar quedó en el pasado.
Según los últimos datos publicados por el Centro Nacional de Desaparecidos, a cierre de 2023 en la provincia de Granada había 67 desapariciones activas, la cifra más alta de los últimos trece años, siendo la inmensa mayoría de género masculino. El perfil más común es el de los menores que se fugan voluntariamente; el 80% tiene entre 13 y 17 años. «Un altísimo porcentaje son chicos que se escapan de centros de menores tutelados. No es culpa de los trabajadores, es que no hay medios suficientes ni una legislación adecuada para actuar», asegura Joaquín Amills, presidente y cofundador de SOS Desaparecidos.
Lucas Barrientos
Guardia Civil
El segundo grupo más común es de las personas vulnerables, ya sea por edad o por padecer algún tipo de trastorno mental. «Pedimos a los juzgados que otorguen más permisos de geolocalización -para determinar la posición de un dispositivo electrónico-, denegarlos es correr el riesgo de encontrarlos fallecidos», expone Amills. Jorge Granada, presidente de la plataforma Adonay de búsqueda de desparecidos, propone más atención a las personas mayores y a la salud mental. «En España se presentan más de 24.000 denuncias anuales, muchas de ellas relacionadas con brotes psicóticos o problemas de demencia», detalla Jorge, natural de Santa Fe.
Asimismo, en SOS Desaparecidos recuerdan uno de los hitos que dio un impulso a las búsquedas: la fusión de todos los datos en una base única a la que tienen acceso todos los cuerpos policiales. «También se agilizó la toma de muestras a los familiares, a los quince o veinte días ya tienen su ADN», explica Joaquín Amills. Llama la atención también que, según los datos nacionales, cuatro de cada diez denuncias corresponden a personas que ya habían sido reportadas como desaparecidas, es decir, son reincidentes.
En Granada, Policía Nacional y Guardia Civil trabajan para esclarecer estos casos. Las clasifican en tres tipos: voluntarias, involuntarias -cuando se produce por una causa ajena, como un trastorno cognitivo- y forzosas -en contra de su voluntad-. Aunque presentar la denuncia es el procedimiento formal y necesario, comienzan a trabajar desde que reciben el aviso telefónico de que algo no va bien.
Helena
Policía Nacional
El primer paso es siempre recabar toda la información posible. Saber su descripción física, la vestimenta que llevaba, si ha desaparecido antes, si ha intentado autolesionarse alguna vez, si puede haber una extorsión detrás, amenazas… En definitiva, tienen que meterse en la vida de la persona. Pueden solicitar igualmente inspeccionar su domicilio y habitación. Cualquier detalle es decisivo.
Es necesario también realizar una valoración de riesgo. Si se trata de menores, explica Lucas Barrientos, teniente de la Guardia Civil de Granada, siempre se considera 'alto'. «Lo clasificamos así incluso cuando es habitual, si es un menor que suele escaparse cuando le castigan», detalla. El caso se investiga, según la comarca en la que haya ocurrido, en la compañía que corresponda.
En el caso de la Policía Nacional, el grupo de Homicidios y Desaparecidos se encarga de las investigaciones, a no ser que sean menores, en cuyo caso los lleva el Grupo de Menores (Grume). «También contactan con nosotros cuando hay una desaparición internacional en la que el último paradero conocido es Granada, una ciudad muy atractiva para el turismo en la que puede haber turistas que se despistan del grupo», resalta por su parte Helena, jefa del grupo.
En cualquier caso, las primeras horas son cruciales y se aportan los máximos elementos tácticos disponibles. En ocasiones se trata de personas con tendencias autolesivas. «Si ha dejado una nota es un factor de riesgo primordial. Afortunadamente, hay muchas veces que los localizamos antes de que haya un desenlace fatal y logramos disuadirlo», manifiesta Lucas Barrientos. La Policía Nacional recuerda que en esos casos o en los que hay sospecha de que pueda ser un homicidio se considera solicitar al juez el geoposicionamiento. «Normalmente no tenemos problema, nos suelen dar autorización», explica Helena.
La jefa de Homicidios y Desaparecidos destaca un contratiempo con el que se encuentran a menudo. Dado que la mayoría de ausencias son voluntarias, se da el caso de personas que les avisan diciendo que están bien y pidiendo que dejen de buscarlos. Las familias, desesperadas por dar con ellos, piden más información, algo difícil de manejar. «Nosotros averiguamos el domicilio y comprobamos in situ que la persona está bien, pero si no quiere que nadie sepa dónde se encuentra no podemos dar esos datos. A la familia le cuesta gestionarlo», apostilla.
Por su parte, la Benemérita recuerda lo complicado que es prevenir desapariciones. Son totalmente imprevisibles. Aún así, se han implantado programas muy útiles en las dos últimas décadas. El Plan Mayor Seguridad, activo desde 2011, se basa en charlas preventivas sobre los riesgos que pueden sufrir las personas de edad avanzada, como el peligro de desorientarse.
Por otro lado, durante la pandemia firmaron un convenio con el Colegio de Farmacéuticos de Granada, un colectivo que los conoce de cerca. «Los ven a menudo cuando van a por su medicación y pueden avisarnos si de repente dejan de ir o no recogen sus fármacos de la diabetes, por ejemplo. También si sospechan de una situación de abandono, cuando es evidente la falta de aseo o las pautas adecuadas de alimentación. Ese feedback nos permite activar una respuesta de protección en esas situaciones y activar a servicios sociales o sanitarios», apunta el teniente de la Benemérita.
Para aquellos que hayan perdido de vista a su allegado, las autoridades recomiendan que se denuncie lo antes posible. «Que olviden lo de esperar 24 horas. Si tu hijo sale los viernes de fiesta y no vuelve hasta el domingo, pero el sábado te coge el teléfono y esta vez no responde, no esperes», afirma Helena, que insta a «mantener la calma, confiar en los investigadores y no guardarse ninguna información». «Si has discutido con esa persona, está pasando por problemas económicos o ha habido una infidelidad, cuéntanoslo. Nos puede orientar hacia el tipo de desaparición que es», expone. Aunque parezca obvio, recuerda que hay que avisar si la persona aparece, algo que no siempre ocurre.
Por último, el teniente de la Guardia Civil insiste en que la rapidez a la hora de denunciar es esencial; las posibilidades de supervivencia disminuyen cuanto más tiempo pasa, sobre todo si es vulnerable.
El caso de Marta del Castillo marcó un punto de inflexión en España, con la creación de una base de datos unificada de personas desaparecidas y cadáveres sin identificar a la que tienen acceso los cuerpos policiales. También se consolidó la difusión de avisos, alertas o peticiones urgentes de colaboración a la población en los casos en los que resulte necesario. Además, el Ministerio de Interior habilitó un teléfono gratuito de línea directa para niños desaparecidos (el 116000), con el fin de atender tanto las denuncias como las posibles aportaciones de los ciudadanos a la resolución de casos.
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