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Patrimonio de Granada
Las heridas de la ChancilleríaEntre los múltiples aniversarios que se avecinan en los próximos años, hay uno que tiene un especial significado desde el punto de vista patrimonial. En 2031, cuando se conmemore el medio milenio de la Universidad de Granada, también se celebrará el medio milenio de la Real Chancillería, el primer edificio que se construyó en España para albergar un tribunal de justicia. Quinientos años en los que este inmueble, situado en la ruta más turística de la capital –entre la escultura de Isabel la Católica y el Paseo de los Tristes–, ha ido sufriendo los embates del tiempo, perfectamente perceptibles en su fachada manierista, en la que está previsto intervenir en los próximos meses. La Delegación de Justicia acometerá en breve, a través de la empresa Clave Restauración, la limpieza y consolidación de la parte interior. El plazo de ejecución es de seis meses y el presupuesto asciende a 37.291 euros –incluyendo una actuación en la fuente del primer patio–.
Pero la preciosa portada de la Real Chancillería, que originariamente era de estilo renacentista y que fue demolida en 1584, necesita mucho más. El inmueble, que alberga hoy día el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, presenta una serie de patologías que, antes o después, requerirán una generosa inversión por parte de la Junta, a quien compete su mantenimiento. «Haciendo un símil sanitario, podríamos decir que la Chancillería es un anciano con un estado de salud aceptable», asegura Jorge Durán, catedrático de la UGR y uno de los mayores expertos nacionales e internacionales en restauración de elementos pétreos –sus investigaciones han aparecido en las revistas científicas más prestigiosas–.
No hace falta saber mucho de piedras o de arquitectura para comprobar que, en efecto, ese frontal de la Chancillería precisa más que un parcheo. Solo tiene que situarse delante y fijarse con un poco de atención. Pero para saber cuáles son esas 'enfermedades' y, sobre todo, cuáles son los tratamientos más adecuados, el criterio de expertos como Jorge Durán es oro molido. Y eso es lo que ha hecho IDEAL, acudir a él para analizar qué problemas tiene la piedra de la Chancillería que, por otra parte, son extrapolables a iglesias y otros emblemas patrimoniales como la mismísima Catedral.
1531 La Real Chancillería fue mandada construir en 1531 como sede judicial. Su quinto centenario está a la vuelta de la esquina.La fachada era inicialmente renacentista, pero se derribó para hacerla manierista.
Pero antes de identificar esos males ¿por qué la Chancillería es un «anciano con un estado de salud aceptable»? Pues básicamente porque el material principal empleado en sus muros es travertino extraído hace cinco siglos de las canteras de Alfacar –aún se pueden ver algunos restos de aquellas explotaciones, ya clausuradas, si miramos a la montaña desde la Fuente Grande–. Hablamos de un mineral sedimentario formado hace cinco millones de años, muy rico en carbonato cálcico y que tiene como singularidad su porosidad. Pero no hablamos de pequeños agujeritos, sino de huecos que se pueden medir en centímetros. «Esto permite –asevera Durán– que el agua penetre con facilidad, pero que se seque con la misma facilidad». «Esto no significa –aclara– que no presente humedades, pero hay mucha transpiración, lo que minimiza su efecto». Se puede apreciar en uno de los laterales de la Chancillería, el que da a la calle Cárcel Alta.
Identifiquemos las enfermedades de la fachada de la Chancillería y para que visualmente sean más entendibles, puede guiarse por los números que encontrará en los pies de foto. Vaya por delante un dato curioso: ninguna de las afecciones está relacionada con el travertino de Alfacar, sino con otras rocas que se utilizaron en el proceso constructivo . Rocas cuyo comportamiento era sobradamente conocido por aquellos arquitectos y maestros de obras del siglo XVI y XVII y que bebieron de fuentes del pasado como el mismísimo Marco Vitruvio.Se trata, por ejemplo, de Diego de Siloé, Juan de Maeda, Ambrosio de Vico o Francisco del Castillo, que fue quien pergeñó la Real Chancillería.
Vamos con esos 'padecimientos'. Número uno. A la izquierda del acceso principal, observará una gran mancha. Se trata de 'humedad por capilaridad' que ha aflorado en sillares de calcarenita bioclástica extraída en Escúzar, la misma 'materia prima' con la que se hizo la Catedral. La aplicación de enlucidos de cal y yeso retienen el agua en su interior, con todos los efectos negativos que ello conlleva. «No se puede quitar esa capa así por así;no podemos cargarnos la 'instancia estética' impresa por el arquitecto», comenta Jorge Durán.
Número dos. Un poquito más a la derecha, en el basamento de las columnas, se aprecia un gran cúmulo de suciedad. Una roña procedente de las partículas naturales que transporta el aire, como la tierra del desierto que provoca la calima o la erosión de las montañas cercanas, pero sobre todo del anhídrido carbónico que expelen los tubos de escape de los coches y las calefacciones. Hablamos de mármol que, en contacto con ácidos, se corroe hasta el punto de descomponerse y que haya pérdidas volumétricas. El negro 'imanta' también calor, que lo agrava todo.
Y esto nos lleva al número tres. Debajo de estos cúmulos de porquería, en el sotobanco, hay unos cuarterones verdes con una función meramente ornamental. Fueron hechos con serpentinita. El pulimento también se halla muy deteriorado por intervenciones muy discutibles con morteros varios. Una opción sería la reposición.
Y por último, el cuatro. Los frisos del segundo cuerpo presentan algunas piezas aparentemente disgregadas –especialmente la que hay bajo una de las esculturas centrales–. Quizá sería oportuno valorar, a juicio de Jorge Durán, un sistema de anclaje con tensores y grapas para garantizar la sujeción.
Los edificios envejecen como envejecen las personas. ¿El objetivo? Hacerlo con la mejor calidad de 'vida'.
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