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El caso de Ana Obregón, que se ha convertido en abuela gracias a la gestación subrogada para dar cumplimiento a la última voluntad de ser ... padre de su hijo Aless Lequio, tristemente fallecido por un cáncer, ha suscitado un lógico debate al respecto. En Granada hay abogados, como María José Arcas-Sariot, con una amplia experiencia en herencias y sucesiones, que confirma la legalidad de concebir un hijo tras la muerte siempre que se cumplan una serie de requisitos legales.
«En nuestra legislación está perfectamente permitido. De hecho, el artículo 9 de la Ley sobre Técnicas de Reproducción Asistida del año 2016 establece la posibilidad de que un hombre, independientemente de su estado civil, pueda dejar constancia de su consentimiento para que su material biológico pueda ser utilizado después de su muerte».
¿Y cómo puede prestarse ese consentimiento? Según la experta, es necesario que previa información de las técnicas que se practicarían, «lo deje por escrito en escritura pública, en testamento o en un documento de instrucciones previas que quedara depositado en un centro de reproducción asistida».
En el caso del hijo de Ana Obregón, que lo ha hecho en testamento, «es perfectamente válido», afirma esta jurista. «La peculiaridad es la forma testamentaria que ha elegido, porque el testamento ológrafo es un testamento que se escribe de puño y letra por el testador sin que intervenga notario«, aclara.
Arcas-Sariot incide en que la fórmula elegida por Aless Lequio «es una forma admitida de testamento en nuestro Derecho, pero es un testamento que queda en cierta medida secreto porque no se otorga ante notario, de forma en que se queda guardado en la propia casa o en algún lugar que tenga el testador y luego tiene un trámite de protocolización posterior para verificar su autenticidad».
¿Y cómo se protocoliza? Sencillamente, según agrega la jurista, hay que presentarlo ante notario en los cinco años siguientes al fallecimiento del testador. «Este extenderá el acta de protocolización de conformidad con la legislación notarial».
Esta letrada, que pese a su dilatada experiencia en la materia de herencias y sucesiones no conoce en Granada ningún caso similar, explica que «lo normal es que o bien se deje hecho en un testamento notarial, cuyo contenido es secreto y solo van a conocer el testador y el notario, o bien en los propios centros de reproducción asistida, de forma que no son cuestiones que acaben en el ámbito de la abogacía«.
En el caso de Ana Obregón, como resalta, la peculiaridad radica en que no se trata de una viuda, pareja del fallecido, quien va a usar criopreservados los embriones. Ha sido la propia madre del fallecido la que ha buscado a una persona para ser inseminada. «Necesitaba una madre, con lo cual parece ser que ha tenido que acudirse a un caso de gestación subrogada que aquí en nuestro país no está permitido; el artículo 10 de la Ley de Técnicas de Reproducción Asistida no lo permite. Esa ha sido la dificultad con la que se habrá encontrado Ana Obregón».
En cualquier caso, como agrega Arcas-Sariot, la mera voluntad de la viuda o de la pareja no bastaría para que esta fuera inseminada artificialmente. «Es necesario que conste el consentimiento del marido en testamento, escritura o documento de instrucciones previas para que ella pueda utilizar ese material biológico criopreservado».
En Granada no resulta fácil encontrar a un jurista experto en gestación subrogada. Acudir a un vientre de alquiler para procrear es ilegal en nuestro país, como recuerda Luis Eduardo Gómez Quesada, que es el presidente del Grupo de Familia y de Menores del ICAGR.
«Es una clara ilegalidad», recalca el letrado, a la vez que señala que aunque ahora el caso de Ana Obregón haya reavivado el debate, «hay mucha gente» que antes lo ha hecho, muchos de ellos famosos que se pueden permitir afrontar el elevado coste del proceso. «No es la última ni la primera», insiste en referencia a la popular actriz de 'Ana y los siete', tras recordar que en España está totalmente prohibida esta opción.
«La ley siempre es interpretativa y entonces se pueden buscar subterfugios para legalizar lo ilegal», añade el jurista, que pese a su amplio bagaje con la toga no conoce ningún caso similar al de Ana Obregón en Granada. «Yo puedo entrar en la perspectiva jurídica, no en la ética», agrega Gómez Quesada, que deja claro que en este país «no se pueden comprar niños».
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