
Año manjoniano
Tito Ortiz
Domingo, 15 de enero 2023, 00:27
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Tito Ortiz
Domingo, 15 de enero 2023, 00:27
Con el deseo de que el proceso de beatificación de don Andrés Manjón siga su curso, finalizaba la intervención del presidente de su fundación, en ... el acto con el que se daba la salida oficial, para conmemorar el Centenario del fallecimiento del fundador de las escuelas del ave maría, en el paraninfo de la facultad de derecho, donde el presbítero sigue siendo una referencia, a cuya entrada, una placa recuerda su paso con huella indeleble por la Universidad de Granada. Una ciudad en permanente deuda con el hacer de quién, ostentando por derecho propio, las más altas responsabilidades académicas y pedagógicas de la época, no descuidó en absoluto a los más desfavorecidos, aquellos a los que diariamente veía cuando bajaba del Sacromonte a la Facultad de derecho, y lo llevó a a fundación de las «Escuelas del Ave-María».
Movido por la pobreza y la incultura de los numerosos niños y espoleado por el ejemplo de una semianalfabeta «maestra de migas» que enseñaba canturreando el catecismo a un grupito de párvulos en una cueva, el 1 de octubre de 1889 fundó una escuela para niñas indigentes en el camino del Sacromonte y cumplió así un viejo sueño. Desde el principio, se trazó como meta «enseñar a quien no pudiera pagarlo», y a ese fin dedicó íntegramente sus ingresos de la canonjía y se lanzó a recolectar donativos y limosnas de numerosos benefactores. Coronada por el éxito su experiencia del Sacromonte, progresivamente fue tejiendo una red escolar por España y América que vertebró un poderoso movimiento de educación católica popular. Para reforzar su acción educativa fue publicando periódicamente las Hojas del Ave-María, artículos ágiles y breves destinados a informar sobre el desarrollo de la institución avemariana, a proporcionar una orientación catequístico-didáctica y a examinar problemas específicamente pedagógicos, y en 1905 fundó un seminario de maestros acorde con sus planteamientos.
Coronada por el éxito su experiencia del Sacromonte, progresivamente fue tejiendo una red escolar por España y América, que vertebró un poderoso movimiento de educación católica popular. Para reforzar su acción educativa, fue publicando periódicamente las Hojas del Ave María, artículos ágiles y breves destinados a informar sobre el desarrollo de la institución avemariana, a proporcionar una orientación catequístico-didáctica y a examinar problemas específicamente pedagógicos. Después, en 1905, fundó un seminario de maestros acorde con sus planteamientos.
El acto
Como decía, en ese discurso brillante –como siempre– del profesor José Luis Pérez-Serrabona González, el auditorio tuvo conocimiento de la pormenorizada historia de don Andrés, a su paso por las aulas universitarias granadinas y, sin dejar de ensalzar esa actividad docente, el alcalde de Granada, Paco Cuenca, valoró la trascendencia social hasta hoy de la obra manjoniana junto a su personalidad carente de ambición en cuanto a cargos y reconocimientos.
El Coro de Amigos del Instituto Padre Manjón, dirigido por María Eugenia Alvar Milinero, con Juan José Arnedo al piano, ofreció media docena de partituras, finalizando con el himno marcha de las escuelas del Ave María, procediéndose a continuación al descubrimiento de una placa conmemorativa en la que se dejó patente para la historia la importancia que tuvo su paso por Granada de Manjón y Manjón, su legado y la vigencia de este burgalés que ya es un granadino ilustre más para la historia.
Fue el arranque de una diversidad de actos que a lo largo de 2023 recordarán la vida y la obra de quien tanto hizo por la docencia académica, desde la base hasta la Universidad.
Inteligencia artificial
Oídos los interlocutores que tengo habitualmente en mi banco de la Acera del Casino, encaminé mis pasos al Parque de las Ciencias, buscando un nuevo horizonte sobre mis inquietudes y el futuro que nos ofrece ya, a día de hoy, la inteligencia artificial. Allí me encontré –y estará hasta el mes de septiembre– un joven sin pelo y pajizo como la sábana de un hospital que, gracias a una pantalla moderna, me resolvió todas las duda que yo tenía a cerca de esta nueva ciencia que ha venido para quedarse. 'Inteligencia Artificial. Una exposición sobre las personas, los datos y el control' es una muestra que presenta, de una manera reflexiva e interactiva, el papel de la inteligencia artificial en el mundo digital en el que vivimos. Se estructura en diez áreas temáticas que abordan desde el aprendizaje autónomo de las máquinas a la inteligencia artificial en el hogar y el trabajo, las ciudades inteligentes y su repercusión social. Ante este panorama, le pregunté a mi interlocutor para qué sirve todo esto y él me contestó que las inteligencias artificiales se diseñan con fines específicos, normalmente para ayudar a muchas personas a mejorar su calidad de vida en ámbitos tan variados como la medicina o la ingeniería.
Un asunto más que sugerente si tenemos en cuenta que normalmente la información que nos llega a pie de calle suele reducirse a una tal 'Alexa' que, a través de un cubículo en la mesa, te dice el tiempo que hace en el exterior antes de salir a la calle, te pone la música de tu gusto y te enciende las luces de casa o baja las persianas en cuanto se lo pidas de viva voz o desde tu móvil. La cosa tiene su miga, pero nos falta información, la que podemos obtener si visitamos esta muestra.
Los sistemas que nos rodean funcionan de una forma inteligente; saben qué es lo mejor para nosotros y responden a necesidades diversas como: disminuir el consumo energético para ser más sostenibles o mejorar la seguridad en nuestro hogar. Son muchos los alicientes que la inteligencia artificial nos brinda, pero, ¿a qué precio? Tus datos son la respuesta.
Durante las primeras décadas de la informática, el ajedrez estaba entre los temas predilectos de los pioneros de la inteligencia artificial porque la comunidad científica lo veía como un campo ideal para probar nuevos algoritmos. La primera partida de ajedrez contra una computadora fue jugada en 1952 por Alan Turing, el padre de la inteligencia artificial, ¡utilizando una hoja de papel para efectuar el algoritmo porque no había máquinas suficientemente potentes para realizarlo! En 1997, Deep Blue ganó a Kasparov, el campeón del mundo del momento, y en 2007 el programa informático AlphaZero fue capaz de aprender a jugar en pocas horas y ser el mejor motor de ajedrez de la historia.
Me despido de mi amigo alopécico y blanquecino, del que tanto he aprendido, prometiéndole que pronto volveré a estar con él porque una sola visita a esta exposición no basta para ponerme al día. Sospecho que cuando vuelva a verlo mis conocimientos ya habrán quedado antiguos, porque este nuevo mundo requiere una puesta al día constante, de lo contrario, «camarón que se duerme, la corriente se lo lleva».
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