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María Sánchez, en el salón de la casa que comparte con su hijo. IDEAL
La granadina de 106 años que ha vivido la gripe española y el coronavirus

La granadina de 106 años que ha vivido la gripe española y el coronavirus

María Sánchez, vecina de La Zubia, tenía cinco años cuando estalló la Gripe Española. Hoy suma 106 y dice estar aburrida por un coronavirus que no le deja ir a la peluquería

Viernes, 1 de mayo 2020, 01:27

De aquellos acontecimientos apenas recuerda nada. Si acaso a María (La Zubia, 1913) le viene a la cabeza que vivía en una casa de dos alturas y que salía con su padre a pastorear las ovejas. Lo hacía a la tierna edad de cinco años y en un tiempo en el que este sufrido país se tuvo que enfrentar a los embates de la última gran pandemia que soliviantó al mundo entero. Se llamó gripe española, dicen que injustamente, Gripe Española. «Yo era una niña, no le echaba cuentas a eso», dice con sencillez desde el salón de su casa la única vecina de La Zubia que puede recordar aquella España de Alfonso XIII.

La última hora de granada

Un mundo que se parece poco al de hoy pero que también se las tuvo que ver con una crisis sanitaria entonces sin precedentes. Los primeros casos se reportaron en 1918 en un campamento militar americano. Y de allí saltó una cepa de un virus que acabó siendo letal y que fue invadiendo la cartografía mundial de forma vertiginosa. Como está haciendo ahora el coronavirus, aquella pandemia dejó tras de sí tantos muertos como preguntas sin contestar. Solo en España se cree que pudo acabar con la vida de 200.000 personas. ¿Contagiados? Se estima que alrededor de ocho millones.

«La verdad es que yo no sabía si estaba muriendo o no la gente. Hace ya muchos años de aquello», explica María, que está viviendo su segunda pandemia global pero esta vez no está con su padre «en la sierra de aquí o en la costa de Málaga» sino con su hijo. Entre los dos suman 188 años. Ella tiene 106 y él 82. Y ambos están de maravilla. Libres de cualquier virus. «No estamos mal», resume María para rebajar la euforia. Los dos comparten una casita que solo pisa su nieta Mari Carmen, que va cada día a ver cómo está el patio. Ella les hace la compra y también la comida. Más o menos se alimentan como en sus tiempos. «Antes se comía menos», precisa esta vecina, que aprovecha para recordar aquellas comidas que le daba su madre: migas, gachas con 'cuscurros' o potaje.

María Sánchez García cuando tenía 22 años. Esta instantánea fue tomada en el invierno de 1935.

Platos que seguramente están detrás de una vitalidad a prueba de bombas. Y nunca mejor dicho, porque María puede ver desde su retrovisor casi la totalidad de un siglo XX lleno de calamidades. Entre ellas, una Guerra Civil que le pilló con 23 años, en la flor de la vida. A esta granadina, con esa edad que tiene, todo le suena ya lejano. Un eco en el que se ve trabajando y trabajando en una vida larga y muy sufrida.

Al enviudar pronto, tuvo que sacar adelante sola con su esfuerzo a sus dos vástagos. Lo hizo sirviendo en casas y «empampanando» hojas de las parras. O en román paladino,«quitándole hojas a las parras», explica la vecina más longeva de La Zubia. Su periplo vital le ha servido para conocer Sevilla, Tánger o vivir en la Francia de los años 70. Casi nada. A esta mujer no solo le ha dado tiempo a vivir dos pandemias sino también acontecimientos que le han forjado el carácter. Su último destino fue Mallorca, ciudad en la que ha vivido hasta hace cuatro años, momento en el que decidió volverse a su pueblo a descansar.

2020, el confinamiento

Y tanto que lo está haciendo. Un virus letal, el segundo que esquiva, le mantiene confinada en su casa en una realidad difícil de creer a no ser que tengas 106 años y hayas vivido ya la Gripe Española o dos guerras mundiales.Algo así te ayuda a relativizar: «No es tan raro esto, yo estoy a gusto en casa, la verdad», dice con franqueza esta mujer, a quien la propagación de la Covid-19 también le ha hecho cambiar las rutinas. Antes podía salir a pasear o bajar a la tienda de electrodomésticos de la familia. Allí se pasaba el rato viendo el panorama, a los clientes o a los amigos.

Ahora echa de menos el calor humano aunque tenga cerca a su hijo y a su nieta. Prefiere resumir su confinamiento en aquello que puede hacer y que le reconforta. Son tres cositas:«Comer, dormir y escuchar a Manolo Escobar, que es un cantante que me gusta mucho», cuenta esta mujer, que también ve la tele aunque «nunca las noticias. Es que está cansada de que siempre hablen de lo mismo», apostilla su nieta, que le echa una mano en la conversación pues el periodista pregunta muy bajito. La entrevista es telefónica. Y ella casi agradece que sea así. Es muy coqueta y últimamente no se arregla mucho con esto de la cuarentena. Ni más ni menos que como el resto de mortales por muy inmortal que parezca esta señora.

Lo peor que lleva de toda esta situación es que no puede ir a la peluquería. Calcula que lleva ya «como 15 días sin ir» y eso le tiene un poco mosqueada. «Es que parezco una leona», bromea, y su nieta suelta una carcajada al oír su ocurrencia. Mari Carmen tiene a su padre y a su abuela sin salir de casa y con las visitas más que restringidas. Sabe que están delicados de salud y que el virus es cruel con la gente de mayor edad. Por suerte no hay muchos casos en el pueblo y espera a que todo esto pase sin sobresaltos importantes. A María, como ella dice, no le va mal así. Está «a gusto» en casa y no le «echa cuentas» a lo del virus. Si le fue bien hace 102 años, por qué no hacerlo otra vez.

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