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El último alfarero de una aldea alpujarreña

El último alfarero de una aldea alpujarreña

Las Barreras de Órgiva llegó a tener 200 alfareros y 20 hornos para cocer las piezas de barro y, sin embargo, ahora sólo queda en esta profesión Rafael Orellana, el único que mantiene viva la tradición en esta aldea

rafael vílchez

LAS BARRERAS

Domingo, 29 de julio 2018, 02:06

La artesanía alpujarreña ha estado condicionada por el secular aislamiento de la zona. Las Barreras, anejo de Órgiva, ha sido uno de los centros alfareros de la Alpujarra, caracterizándose tanto por sus cántaros como por el vidriado y chorreado sobre las superficies de lebrillos, fuentes, fruteros, cántaros, orzas y otras piezas. Esta línea de trabajo se efectuó en otras zonas como, y por ejemplo, en Ugíjar, Mecina Alfahar (la medina de los alfareros) y Cádiar. Tradicionalmente muchos alfares de la Alpujarra occidental se proveían del barro de Las Barreras (de ahí su nombre).

En Las Barreras uno de sus vecinos, Rafael Orellana, mantiene viva la tradición alfarera en su taller situado junto a la carretera. Su originalidad y variedad de trabajos han rebasado las fronteras y se ha convertido en un emisario de la cultura del barro de la Alpujarra. Este artesano es hijo, nieto, biznieto, tataranieto… de alfareros. Rafael aprendió a extraer el barro limpiandolo y sobandolo a fin de obtener las pellas apropiadas para el rotativo trabajo en torno artesanal de la mano de su padre Antonio (ya fallecido).

El proceso finalizaba en un horno (antes moruno que se alimentaba con retamas y leña de la zona), cociéndose las piezas durante unas horas. Lo primero que hizo Rafael a corta edad fue un botijo chiquitillo. Al padre de Rafael le ayudaban sus hermanos y anteriormente alfareros a jornal. Antonio Orellana confeccionaba también tejas y ladrillos. Su hijo ahora elabora pipotes, tinajas, cántaros, fuentes, huchas, tostaderas de castañas, figuras muy originales, anafres para cocinar con carbón, lebrillos, farolas, lámparas, cazuelas, ceniceros, placas para las calles y entradas de las casas, entre otras cosas.

Según Rafael Orellana, «ahora soy el único alfarero de Las Barreras que me dedico a la alfarería para distraerme. Aquí, además de explicarles a los turistas la historia de Las Barreras hago también de quía turístico por mi propia cuenta porque me encanta dar a conocer mi tierra. La gente de fuera me felicita y me suele preguntar muchas cosas sobre mi trabajo. A muchas personas las dejo montar en el torno para que realicen alguna cosa de barro con mi ayuda. También realizo figuras esmaltadas que están teniendo mucho éxito. Durante el año acudo a varios pueblos, entre ellos Pampaneira, para que la gente me vea trabajar al aire libre el barro», manifestó este alfarero.

Las Barreras se caracteriza por la tradición centenaria de su alfarería, remontándose a los tiempos de la repoblación de la Alpujarra tras la expulsión de los moriscos ordenada por Felipe II. Un antepasado de Rafael Orellana procedente de Galicia, José Orellana, se vino a vivir al pueblo de Cádiar. Un día, cuando se dirigía a Granada capital, comprobó a la salida de Órgiva que la tierra de este lugar era muy buena para trabajar el barro. Entonces, a los pocos días, se mudó con su familia a este lugar que él bautizó con el nombre de Las Barreras y que llegó a tener 200 artesanos y una veintena de hornos alfareros. La mayoría de los molineros de la Alpujarra adquirían las tinajas para el aceite en este lugar y eran transportadas a lomos de bestias provistas de capachos y herpiles, según indicó otro gran maestro alfarero, ya jubilado, el célebre Miguel Orellana.

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