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Los vecinos de La Rábita bautizaron como 'la Nube' a la tormenta que el 19 de octubre de 1973 dejó un rastro de muertos y ... desaparecidos. Las nubes, cuando se vuelven grises, llevan un velo de luto. Aquella gota fría –como ahora– también afectó a la cuenca del Almanzora en Almería, a las comarcas de Baza y Guadix y a los Montes Orientales. Ana Galera, de doce años, fue la portada de IDEAL días después. La chiquilla había salvado a sus cinco hermanas, su prima de seis meses y a su madre en Guadahortuna. Los fue pasando uno a uno desde una ventana de su casa hasta el balcón de la del vecino.
'La Nube' suena a desgracia bíblica, a penitencia irremediable, a rendición de los pecados mientras se implora entre barro la indulgencia de la naturaleza. Una DANA ni siquiera disimula en el nombre las malas intenciones.
El lunes cayeron granizos como huevos de gallina en el Ejido, igual que en el 73. Almuerzo el martes con el vicepresidente de Cajamar, José Luis Heredia Celdrán, y recuerda la imagen de los ataúdes en la plaza medio siglo atrás. He atravesado el norte de Granada por la A-92. Muy cerca, la tromba ya se ha llevado por delante a esa hora del martes caminos rurales y puentes.
'Dos nubes' desalmadas se han cruzado en la granja de Daniel Guijarro, en Dólar, y han muerto ahogados sus 42.000 pollos. Daniel quiso salvarlos, igual que en Paiporta los vecinos bajaban a los garajes para sacar sus coches. Miles de vehículos apilados como ataúdes.
Es martes por la tarde y, todavía, ninguna autoridad competente ha calibrado la magnitud de la tragedia de esta DANA a la que ni siquiera le han puesto nombre. En los países pobres, los temporales se bautizan para dotarlos de cierta humanidad y condescendencia. «El agua lleva bajo el brazo los títulos de propiedad», anoto la frase de Juan Manuel Medina, decano de los ingenieros de caminos en Andalucía. Baja con tanta fuerza por las barranqueras que arrastra muros y viviendas sin pedir las escrituras.
De vuelta a casa, a las 22.48 del martes recibo el mensaje desde la oficina de Moncloa. Informa que el Gobierno ha constituido un comité de crisis. El miércoles, los diputados todavía se emplazarán en el Congreso a otro intercambio de insultos. Solo entonces, cuando la cifra de muertos superaba ya el medio centenar –qué lejos queda–, sus señorías se percataron de que, quizás, la cosa iba en serio.
Nadie puede venir ahora con petulancia a decir que intuyó lo que podía suceder. Si alguien lo supo y se calló, ante la inacción, desconocimiento o incompetencia de otras autoridades, tendría el corazón tan frío como una DANA.
SEGUNDO CRUSH
La tragedia paró la actividad institucional esta semana; justo después de que un Congreso a media entrada –aún no a media asta– aprobase el decreto para nombrar a los nuevos consejeros de la RTVE. Ya sabemos en qué consistía la regeneración democrática y de los medios de comunicación (públicos).
En Granada, la semana iba a estar dedicada al turismo, con los premios Galatino suspendidos el miércoles. Antes, dio tiempo a la presentación en el Auditorio Manuel de Falla de la segunda parte de 'The andalusian crush', la propuesta con la que Turismo Andaluz rompió el año pasado la imagen promocional de Andalucía.
Entre mis vocaciones frustradas confesables –excluyo el intento fallido de entrar en una tuna– está la de ser un ingenioso creativo. Me he quedado en creador, que no es poco –algunos de mis lectores pensarán que ha sido, incluso, un exceso innecesario–. Pero para diseñar campañas de éxito no basta con tener buenas ideas, hay que tener también ideas diferentes.
Los creativos de Ogilvy cuentan en qué consiste 'Surrender'. Una narración en la que el prestigioso compositor Hans Zimmer –ganador de dos Oscar y autor de bandas sonoras como Gladiator o El Rey León– se rinde ante la grandeza de Andalucía y deja una partitura inconclusa. El duelo lo gana un corneta de la banda de El Rosario, que interpreta la marcha Eternidad desde el desierto de Tabernas. «Andalucía es gigante. Rendirse ante su legado cultural es humano», resume uno de los autores.
La rendición ante la Andalucía que nunca se rinde.
EXPECTATIVAS EN SIERRA NEVADA
En el Auditorio Manuel de Falla coincido con el director de Cetursa y le pregunto cómo está la Sierra. Supongo que no soy nada original a estas alturas del año. «A punto de nieve», me responde Jesús Ibáñez. Hasta aquí, el diálogo entre los dos ha sido prescindible y protocolario.
La bajada de temperaturas trae optimismo a la estación de esquí para, al fin, poder encarar una temporada ambiciosa tras un lustro de incertidumbres y contratiempos. Anoto en la libreta el objetivo: superar la barrera simbólica del millón de jornadas de esquí. La temporada pasada fueron 780.816. Repaso de memoria las cifras para calibrar la relevancia que Sierra Nevada tiene para el turismo de Granada. Toda la provincia suma alrededor de 5,5 millones de pernoctaciones al año. La estación de esquí aporta más de un millón de usuarios –aunque ni todos esquíen ni todos sean foráneos– y la Alhambra tiene más de dos millones y medio de visitas. Hagan la cuenta y saquen sus conclusiones.
ACUERDO CERRADO CON UNA GRAN CADENA HOTELERA
La última copa de vino en el Auditorio me la tomo con un compinche. Afortunadamente no acostumbro a despedirme a tiempo. Me cuenta que tiene firmado un acuerdo con una de las marcas de hoteles y resorts de lujo más importantes del mundo para que abra su primer establecimiento en Granada. El trato contempla hasta cinco grandes complejos en Andalucía. El consejero de Turismo conoce la operación y la presentación en público será pronto.
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