Vista del edificio de la calle Alhóndiga descubierto tras años tapado por un telón Pepe Marín

La reinvención de uno de los edificios más emblemáticos de Granada

Un proyecto reformula como hostel el edificio de la Compañía Granadina, una joya desconocida de la arquitectura local

Sábado, 15 de febrero 2025, 00:59

Las campanas de la Catedral tocaron a rebato. Repicaban para despertar a los vecinos de las calles Mesones, Alhóndiga e Hileras y alertar a los ... bomberos del terrible incendio que devoraba las casas de la manzana central de Granada. La tragedia pudo haber sido aún mayor de no ser por José Ortiz, el sereno, quien, al ver las llamas, golpeó puertas y tocó insistentemente su silbato, asegurándose de que nadie siguiera dormido.

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El espectacular incendio, que obligó a desalojar a más de cuarenta familias, se originó en un almacén de la Compañía Granadina, donde se guardaban productos inflamables. Las llamas tardaron doce horas en ser controladas y redujeron a escombros el imponente edificio de esta emblemática empresa, símbolo de una era de desarrollo industrial en Granada que parecía imparable.

Aún hoy se pueden apreciar las huellas de aquel siniestro en las entrañas del edificio. Está cerrado, a la espera del permiso municipal para comenzar la obra que lo va a convertir en un moderno hostel. IDEAL recorre, junto a los arquitectos de este proyecto, las estancias ahora apuntaladas de lo que fue un comercio próspero de farmacia y droguería donde también vivían las familias de sus responsables, tres de los hijos del hombre que creó la Compañía Granadina, Manuel Conde Alcalá.

Un próspero empresario

El pasaje Conde Alcalá une la calle Alhóndiga con Mesones. Sus hijos y nietos se empeñaron en que una calle recordara la figura de este empresario quien llegó a ser uno de los principales contribuyentes a las arcas municipales. Nacido en Alcaudete en 1862, con veinte años llegó a Granada, donde comenzó a trabajar en la mercería de Francisco Teruel. Su buen hacer y dedicación fueron reflejo de una habilidad empresarial que le permitió ascender rápido a puestos administrativos. En 1894, su carrera dio un giro al ser nombrado delegado en Granada de la Compañía de Cerillas y Fósforos, y de ahí a fundar su propia empresa, la Compañía Granadina.

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En 1920, Manuel dirigió su negocio a la exportación de esencias de plantas aromáticas como tomillo y romero. Se asoció con Ángel Martínez de la Rosa, propietario de la droguería 'La Argentina', en la calle Alhóndiga y juntos ampliaron la actividad al sector de la droguería, perfumería y a la distribución mayorista de productos químicos y farmacéuticos en Andalucía.

Rafael Conde, hijo de Manuel Conde Alcalá, con su familia en su casa en el edificio de la Compañía Granadina Cedidas por Javier Conde

La empresa prosperaba y, en 1932, Manuel Conde adquirió un edificio para ampliar las instalaciones, una antigua casa panadera o almacén de granos del siglo XVII, propiedad del Pósito municipal, que se inauguró en 1935. «Mi abuelo, antes de irse de esta vida, quiso dejarle a cada uno de sus hijos un negocio para poder vivir. Y uno de ellos fue de la Compañía Granadina», cuenta Jorge Conde, nieto de Conde Alcalá e hijo de Rafael, que junto a Francisco, Luis y el socio de su padre, Ángel Martínez de la Rosa, asumieron las tareas de gestión de la empresa. La Compañía Granadina vendía especialidades farmacéuticas y medicinas, productos químicos, productos de uso industrial, perfumería, herboristería, artículos de ortopedia, pinturas o barnices y muchos de ellos se fabricaban en los laboratorios que ocupaban lo que ahora es el edificio contiguo al de la Compañía que linda con el pasaje Conde Alcalá.

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Un barco en la calle Alhóndiga

Se encargó la construcción al arquitecto Fernando Wilhelmi y el diseño es un referente de la arquitectura racionalista en Granada. «Esta arquitectura traía unos ahorros considerables de costes», explica el historiador del arte Eduardo Zalba, autor del estudio 'Arquitectura desvestida. El edificio de la Compañía Granadina de Industria y Comercio, «porque se les despojaba de todo tipo de adorno, además entroncaba con una corriente moderna. No es extraño que arquitectos jóvenes se sintieran fascinados por estas nuevas líneas tan industriales».

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El proyecto inicial de 1934 remata la esquina con una pieza curva donde estaban las iniciales de la empresa C.G.I.C. «El edificio es una máquina industrial, un diseño expresionista con un característico chaflán redondeado que simula un gran buque, adentrándose en la ciudad», cuenta Zalba.

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Salón en esquina de una de las viviendas del edificio PEPE MARÍN
Aspecto de uno de los almacenes de la Compañía Granadina PEPE MARÍN
Cocina de la vivienda de la primera planta del edificio PEPE MARÍN
Aún pueden verse huellas del incendio del 45 en los techos de las viviendas PEPE MARÍN
Gran patio central de la vivienda de la primera planta que se recuperará como auditorio PEPE MARÍN

El arquitecto Miguel Ángel Ramírez en la entrada del edificio donde se pueden ver algunos de los adornos art deco que se conservarán

PEPE MARÍN
Jorge Conde en el salón de estar de la que fue su casa en la tercera planta del edificio PEPE MARÍN

En las plantas superiores estaban las casas de los propietarios. Luis, que ocupaba la primera planta, con sus 12 hijos; Francisco, la segunda, con siete y el matrimonio de Rafael y Adela, padres de Jorge, vivía en el tercero con sus seis vástagos. Jorge recuerda buscar a escondidas la pelota para que su tía Trini no descubriera que había caído a su patio y, cuando su madre andaba ya cansada de las trastadas del pequeño, mandarlo al despacho del padre en la planta baja del edificio: «Me metía por los almacenes y aquello era inmenso. La cantidad de gente que había allí trabajando era terrible. Había de todo, desde carpinteros, que armaban las cajas de almacenaje, a las telefonistas que me subían en brazos y me dejaban conectar los cables de la centralita».

De alhóndiga de grano a hotel

Salir de lo convencional y convertirse en punto de encuentro. Esta es la filosofía de los hoteles Bastardo, nuevos propietarios de la Compañía Granadina, quienes no solo buscan abrir un moderno hostel, sino convertirlo en un epicentro cultural. «Ya habían hecho en Madrid un hotel con mucha actividad en el centro, cambiando la zona de Tribunal», explica Ignacio de Teresa, arquitecto autor del proyecto de reforma. «Este edificio era perfecto: una zona céntrica y con mucho potencial».

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Propuesta para el edifcio. Imagen del patio principal.

El edificio, inscrito desde 2006 en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, fue reformado tras el incendio. Se unificaron las alturas y se incorporaron nuevos elementos. A finales de la década de 1960, se segregó parte de la parcela. «Vamos a recuperar el edificio original de Wilhelmi, sin ningún postizo», explica el arquitecto Miguel Ángel Ramírez, autor del proyecto de remodelación junto a Ignacio de Teresa.

Miguel Ángel Ramírez, arquitecto

«Vamos a recuperar el edificio original de Wilhelmi sin ningún postizo»

Se conservarán y restaurarán los elementos art decó, como tiradores, rejerías y luminarias, y se ampliará el espacio con el edificio contiguo de los antiguos Álvarez. Para desarrollar un proyecto riguroso, los arquitectos se han documentado sobre la evolución del edificio y han tramitado con Cultura los permisos para eliminar algunos añadidos. El nuevo diseño mantendrá «el patio de manzana original, creando un gran espacio accesible desde la ciudad, que prolongue la plaza con varios patios unidos». En este espacio se desarrollarán actividades culturales como música, arte, cine, poesía y teatro. «Es una dotación que el barrio necesita», concluye Ramírez. «He vivido toda mi vida aquí, en la Trinidad, y antes tenía más vida que ahora», recuerda. Un edificio que se reinventa de nuevo para la nueva industria de Granada: el turismo.

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