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En el cementerio de Granada reina la paz y el mismo ambiente de pena y desolación que recorre España de norte a sur desde que la muerte llovió del cielo de Valencia, Castilla la Mancha o Málaga.
La jornada es triste pero, paradójicamente, el sol brilla y el cielo es más azul que nunca sobre el cementerio de San José, donde el Día de Todos los Santos ha amanecido radiante.
Desde las diez de la mañana el parking del cementerio está completo y los agentes de la Policía Local regulan el acceso e indican a la cola de vehículos que tienen que aparcar en el parking de la Alhambra. Para la una de la tarde no quedaba una plaza libre en los aparcamientos de pago de la Alhambra. Aunque las visitas se han escalonado durante la última semana, está siendo uno de los 1 de noviembres más concurridos que se recuerdan en el cementerio. Los accesos al camposanto han contemplado colas para acceder al mismo durante toda la mañana.
La misa de las once en el cementerio tuvo discreta afluencia, pero el concierto 'Música para el recuerdo', ofrecido por la Joven Orquesta Sinfónica de Granada, llenó por completo pasado el mediodía el patio de San Julio, donde incluso faltaron sillas y muchos aficionados siguieron de pie el viaje a través de la música romántica. Antes se guardó un respetuoso minuto de silencio en memoria de las víctimas de la DANA y se hizo un llamamiento a «superar la adversidad desde la solidaridad y esperanza».
Y así, con los hits de la música sinfónica del romanticismo, como las suites 1 y 2 de la ópera Carmen de Bizet, los granadinos han homenajeado a sus difuntos.
El ir y venir de centros y ramos de flores frescas es incesante. «Hoy es un día de venta fuerte, pero la gente cada vez está perdiendo más la tradición de venir a arreglar los nichos de sus difuntos; los jóvenes cada vez vienen menos, solo se ven mayores», comenta Carmen, una de las dependientas de la Floristería Araceli, en manos ya de la tercera generación de floristas. Para esta jornada además de los claveles y ramos, tienen encargos más especiales como una bicicleta elaborada con paniculata en tonos blancos y rojos con el que uns mujer ha querido dejar en la tumba de su marido, gran aficionado al ciclismo.
Zaida y Dane, empleados de Emucesa, explican que el dispositivo de refuerzo especial para estos días está funcionando perfectamente. «Hay más gente visitando que pidiendo escaleras y limpieza, hay ratos en los que estamos parados», señalan.
A pocos metros del patio de San Julio, dos hermanas originarias de Alhama de Granada musitan un padre nuestro ante la tumba de sus familiares. «Hoy tendría 73 años», comentan delante del nicho de su hermano, que murió con 34 años. «Dejó dos niños que entonces tenían 2 y 4 años. Te acostumbras a ello, pero una tragedia así no se olvida nunca», dicen María y Ana con lágrimas en los ojos. La mayor tiene 81 años y también es viuda desde hace unos años: «Ahora voy a ver su tumba, aquí siempre se viene a pasar un mal rato, pero esta es la vida. Ojalá podamos venir muchos años».
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