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Edificio de Inteligencia Artificial de la UGR. IDEAL
La UGR pide 5 millones para un superordenador especializado en inteligencia artificial generativa

La UGR pide 5 millones para un superordenador especializado en inteligencia artificial generativa

La máquina se ubicaría en el edificio UGR AI del PTS y prestaría servicios tecnológicos a empresas e investigadores

Inés Gallastegui

Granada

Lunes, 31 de marzo 2025, 00:01

Granada necesita dejar de llorar la ausencia de la Aesia y construir infraestructuras tecnológicas que aprovechen el liderazgo europeo de su Universidad en ciencias de la computación e inteligencia artificial para ofrecer servicios especializados que aumenten la competitividad de los investigadores y las empresas del entorno. Si no pasa de las palabras, los golpes de pecho y el postureo a los hechos –y pronto–, Andalucía perderá el tren en el que otras regiones españoles ya viajan cómodamente instaladas con sus decenas de millones de euros de inversión de ventaja. Dicho de otra manera: Granada necesita un supercomputador.

Lo pidió el rector, Pedro Mercado, en un evento público hace unas semanas, y los mayores expertos en la materia en la institución académica –el vicerrector de Investigación y Transferencia, Enrique Herrera Viedma, y el director del Instituto Andaluz Interuniversitario de Data Science & Computational Intelligence (Dasci), Francisco Herrera Triguero–, consultados por esta redacción, han puesto a esa reclamación la letra pequeña y los números grandes.

Aunque las cifras en inversión tecnológica son estos días mareantes –la UE ha anunciado la movilización de 200.000 millones de euros de inversiones en inteligencia artificial para garantizar la competitividad de la Unión Europea frente a Estados Unidos y China–, las pretensiones de la UGR son relativamente modestas: unos 5 millones para empezar. Es aproximadamente la mitad de lo que el rectorado calculaba hace unos años, subraya Enrique Herrera, porque los precios han bajado.

Con ese dinero, la institución académica podría licitar la máquina: un supercomputador con la capacidad de cálculo y de almacenamiento suficiente para el desarrollo de algoritmos avanzados, el entrenamiento en inteligencia artificial generativa (IAG) y la implementación de soluciones tecnológicas en empresas y centros de investigación.

Hay que tener en cuenta que se trata de tecnología «escalable», matiza Francisco Herrera. Es decir, se puede empezar instalando un centro de supercomputación y después ir añadiéndole módulos en función de las necesidades. Eso permitiría, por ejemplo, que nodos del superordenador se localizasen en el acelerador de partículas de Escúzar –que una vez en marcha procesará billones de datos en la investigación de materiales adecuados para producir energía de fusión– o en el campus de sostenibilidad de la Azucarera.

Una inversión planificada en el tiempo permitiría, además, adaptarse a una tecnología prácticamente recién nacida que da bruscos estirones cada pocos meses y puede dejar obsoletos equipos y procedimientos apenas estrenados. Hay que tener en cuenta que, aunque los primeros destellos de IA generativa aparecieron en los años 40, son casi de anteayer el deep learning, las redes neuronales y los llamados transformers que han revolucionado la tecnología con la creación de contenidos originales, como textos e imágenes, y que eclosionaron en 2022 con el lanzamiento de ChatGPT.

Porque si algo tiene claro la Universidad en su demanda es que su centro de supercomputación debe estar centrado en IA generativa. El supercomputador de Granada no sería el primero ni el más grande de España. El Barcelona Supercomputing Center del Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS) se mueve en otra liga: es la apuesta del Gobierno de España al frente de un consorcio europeo con su superordenador MareNostrum 5, el tercero más potente de Europa y en el top-ten mundial, con más de 200 milones de euros de inversión, 314 petaflops (314.000 billones de cálculos por segundo) de velocidad de procesamiento, 650 petabytes de almacenamiento y más de un millar de técnicos y científicos trabajando en sus instalaciones.

Inversiones en otras autonomías

«En Barcelona se ha dinamizado toda la ciencia, pero también ha tenido un gran impacto en la economía y está atrayendo empresas», subraya Enrique Herrera. Sin embargo, el módulo de IAG del BSC-CSN, que desarrolla el modelo en español ALIA, está lejano al uso de las pymes para avanzar en aplicaciones concretas basadas en pequeños modelos de lenguaje abiertos con costes asequibles, recuerda su colega. Por eso la UGR aspira a que el superordenador de Granada, especializado en ese área, se convierta en uno de los centros nacionales de referencia dentro de la red que, en unos años, habrá de desplegarse por todo el país: es impensable que la economía andaluza sobreviva sin engancharse de forma decidida a esta nueva tecnología.

Además de a Barcelona, Herrera mira con interés lo que ocurre en el País Vasco: en San Sebastián se inauguró hace un año Hyperion, el tercer supercomputador más potente de España, y el Gobierno Vasco acaba de anunciar la compra del sexto ordenador cuántico del mundo, IBM Quantum, con una inversión de 120 millones de euros.

De la Red Española de Supercomputación forman parte las universidades de Málaga  –con el supercomputador Picasso, especializado en bioinnovación–, Cantabria, Zaragoza, Valencia y Autónoma de Madrid, y los gobiernos autonómicos de Navarra, Galicia, Castilla y León y Extremadura. En rigor, la UGR ya tenía un procesador de altas prestaciones, Albaicín, que en 2022 se inauguró con 822 teraflops de rendimiento pico.

Ahora necesita más, porque la IA generativa requiere operaciones masivas y porque su objetivo ya no es solo dar servicio a los investigadores, sino también a las empresas de Granada y Andalucía, que en un 90% son pymes y no pueden asumir el coste de una licencia con una gran operadora tecnológica. Open AI anunció hace unos días que su asistente empresarial costará 20.000 dólares al mes. El supercomputador pondrá su capacidad de cálculo al servicio de cualquier empresa que lo requiera –a cambio de una tarifa asequible– y ofrecerá soluciones protegiendo la privacidad de sus datos. La IA puede mejorar la rentabilidad de las empresas en los servicios de atención al cliente, el análisis de tendencias de mercado, el diseño de productos, la automatización de tareas repetitivas y la detección y resolución de problemas, entre otras muchas cosas.

La Universidad pondría las instalaciones –el edificio UGR AIen el PTS–, asumiría los gastos de mantenimiento –la factura eléctrica de los centros de supercomputación es elevadísima, en parte por el calor que producen las máquinas y que precisa de potentes sistemas de refrigeración– y pondría el personal. Pero necesita fondos para comprar la máquina.

Sin relevo generacional

Francisco Herrera no oculta su impaciencia. «Esos 200.000 millones anunciados por la Unión Europea probablemente se acaben distribuyendo a través de convocatorias de las comunidades autónomas, pero pueden pasar años», lamenta el investigador, quien recuerda que su grupo estira al máximo los 4 millones en proyectos de investigación del Ministerio y 500.000 euros de la Junta que gestiona actualmente.

No hay relevo generacional suficiente para que las altísimas cotas alcanzadas por los investigadores de la UGR en Ingeniería Informática y Ciencias de la Computación en los ránkings mundiales –terceros de Europa, presentes año tras año entre los más citados, líderes en la lista de Shanghái...– se mantengan. «El grado de Inteligencia Artificial sigue en el aire, pendiente de aprobación por la Consejería.

La Junta anunció en 2022 una Estrategia de Inteligencia Artificial con 200 millones de inversión antes de 2027 y hasta el momento no hay ninguna convocatoria asociada. Aquí han llegado 0 euros: hace años que no tenemos un becario predoctoral con financiación andaluza. Granada va a ser sede del Centro Andaluz de IA a partir de octubre de 2025. ¿Con qué contenido e infraestructuras? Porque a la UGR no le han consultado... », subraya Francisco Herrera, que también critica la dispersión de esfuerzos que, a su juicio, representan iniciativas como el edificio IQuantum del Ayuntamiento en el que se va a gastar un millón de euros de fondos autonómicos «sin ningún contenido en computación cuántica. Se usa el nombre con fines publicitarios». «Hay varias iniciativas sin ninguna coordinación», concluye. «Mientras otras comunidades invierten, nosotros nos quedamos con los nombres. Si esto no cambia, vamos a perder el tren», lamenta. «Tenemos que dar el salto», apostilla el vicerrector.

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