Seguro que Xavi había visto jugar a Bryan antes, pero ni él ni ninguno de sus futbolistas vio lo que se les venía en Los ... Cármenes cuando aún había miles de aficionados entrando al estadio por los controles de seguridad. Quizás porque estaba donde no suele, sobre las líneas de cal, el Barça encajó el gol más temprano desde que existe a los 16 segundos de sacar de centro en el Zaidín. Porque encima sacaron los culés. Ni los robóticos brazos de Ter Stegen pudieron parar el latigazo que se sacó. Y solo fue el primer aviso de una exhibición que alcanzó el clímax poco después, cuando sentó al portero y a Koundé con sus amagos para marcar su segundo gol de la noche como si fuese Maradona jugando con sus sobrinos.
Enfrente estaba Lamine Yamal, que con 16 años y 87 días se convirtió en el goleador más precoz en la historia de Primera división, pero Bryan estaba decidido a ser el protagonista del partido, la noche y la semana que entraba. Su nombre no apareció en ninguna de las supuestas prelistas de la Selección difundidas días atrás, pero a nadie en Los Cármenes se le escapaba la lesión de Yéremi Pino horas atrás y su reemplazo pendiente para definitiva gloria del malagueño tras el partido. «¡Bryan, Selección!», empezó a cantarse de un lado a otro del estadio, como si aquello fuese un referéndum. Voto a voto. Ni los del Barça podían negarse.
A Bryan, que no negó en la previa del partido que jugar contra los culés le ponía especialmente por su simpatía hacia ellos, tener delante a tantos futbolistas que creció viendo por televisión no le impidió hacer aquello que sabe. Solo Joao Cancelo parecía intuirle algunos regates, quizás por compartir su descaro. Con los goles, Bryan fue acercándose cada vez más a Álvaro Carreras, a cada minuto cada vez más cerca de Carlos Neva a su vez para ocuparse de frenar a Yamal. El chaval parece que levita cuando conduce, grácil con Neymar pero zurdo como su idolatrado Asensio, pero hasta él se quedó ojiplático con la exhibición del malagueño. Bien pagados estaban los suplementos por el resucitado día del club si se destinaban a blindarle y subirle la cláusula de rescisión de 14 millones de euros que ya tirita para enero.
El churro de Lamine Yamal, injusto para con su proeza, deparó una segunda parte muy distinta a la euforia que por momentos se vivió en la primera. Cada vez la tocaba menos, pero Bryan seguía empeñado en que pasasen cosas cada vez que tocaba la pelota. Generoso también en los esfuerzos sin ella, tan entusiastas que parecía no querer irse sin el 'hat trick', daban ganas de pedirle que anduviera a lo Messi para sentirse más fresco después. Bryan y Yamal se medían la insolencia sobre Los Cármenes, equilibristas de estos que surgen a pesar de las academias que atentan contra las individualidades. A Yamal, más asociativo y de la Masia, no tardaron en llamarle de la Selección absoluta tras liderar en las inferiores para evitar que lo llamase Marruecos también; a Bryan, a quien por lo que sea no lo han llamado jamás con ninguna sub-nada, lo convocó tras el partido De la Fuente Ambos parecían destinados a coincidir pronto con esa España que ahora, con otros ejemplos como el de Nico Williams, abandera los extremos como los españoles hacen con las ideologías.
Difuminados ambos en el monólogo sin gracia del Barça tras el intermedio, Xavi terminó incluso renunciando a Yamal para el último cuarto de hora con un cambio de esos impopulares con tal de proyectar a sus laterales. Y la fórmula le funcionó. A Bryan, que acabó en punta a lo que cazase, aún le quedaba una última carrera en cambio... pero alguien puso ahí un poste.
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