
Lucas Boyé, protagonista de nuevo con otro gran partido, volvió a echarse a su equipo a la espalda y señaló el camino a seguir para ... mantener la lucha por jugar la promoción de ascenso. Con esta importante victoria, el Granada se levantó ante su crisis y frente a la adversidad con un partido notable que frena su caída para devolverle a la pelea por el objetivo. El equipo mejoró atrás, juntó líneas y recuperó su capacidad con espacios.
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Entender el juego es saber lo que necesita un partido en cada instante: un toque en corto, una carrera, un balón en largo, una pausa, un rondito, una pelota atrás y oxígeno para el cuerpo, fútbol horizontal y adormilado, verticalidad, contemporizar, acelerar, parar... Cada momento pide una cosa y solo los futbolistas inteligentes, como Boyé, advierten qué requiere ese pasaje concreto, un mundo dentro de muchos mundos, con el esfuerzo físico en máximos y la capacidad para pensar reducida. Es muy difícil saber interpretar cada coyuntura a la velocidad de la realidad y con la adrenalina disparada. Hay tipos que lo logran, los menos, los privilegiados, y otros que juegan su propio partido muchas veces al margen de lo que sucede. El futbolista argentino fue el mejor de un Granada aliviado al que aún le quedan muchas cosas por arreglar. Y en esta categoría, basta ya de zarandajas y de esperar lo que es imposible, no hay otro camino que ese: ganar. Da igual cómo.
Está tan saturado el aficionado de esta Segunda insufrible y es tan grande el deseo de salir zumbando, como sea, pero salir, que cualquier buena tarde o noche sirve para extrapolarla, agarrarse a ella y convertirla en el argumento más sólido. Bastó ese triunfo para generar una enorme corriente de optimismo, nacida sobre todo del corazón y de ese anhelo colectivo irrefrenable por regresar a Primera. Detrás de la victoria hubo juego y se quiso que hubiera también una tendencia de mayor alcance, aunque en realidad no la había. La realidad del Granada es esta. Es un equipo sin fiabilidad, de claros y oscuros, de altos y bajos, de contrastes continuos incluso de una semana para otra. Porque el Granada es como la categoría: impredecible.
Repetía siempre Luis Aragonés que en las diez jornadas finales es donde se gana y se pierde todo. La frase es obvia, pero el caso es que el Granada inicia en el Heliodoro Rodríguez López esa recta decisiva. El equipo de Fran Escribá no puede fallar ante un Tenerife en puestos de descenso. El Granada dio un paso adelante con su triunfo ante el Oviedo y ahora debe ratificarlo ganando al Tenerife.
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