
Matías Arezo y la cruel exigencia del fútbol
La plazoleta ·
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El joven charrúa se enfrenta a la presión de su coste y la de un negocio que exige rendimiento inmediatoMatías Arezo tiene 19 años. Conviene recordarlo, para ponerlo todo en contexto y que cada uno se imagine cómo era con esa edad, salvo aquellos ' ... viejóvenes' que por entonces ya tenían claro el sentido de su existencia. Arezo vivía en Montevideo hasta enero, con su familia. Tenía pareja, una chavala como él. Le acompañó en su aventura a España y decidieron contraer matrimonio en verano para regresar juntos de cara a esta temporada, para cumplir su sueño infantil. Con 8 años, Arezo ingresó en las inferiores del River Plate uruguayo. Progresó, metió muchos goles y empezó a sentir el peso de la expectativa a su espalda. Se le comparaba, cómo no, con Luis Suárez, su compatriota. El Atlético de Madrid, decían, estaba tras su rastro. Sin embargo, fue el Granada el que le incorporó. Desde entonces, pocos minutos y un gol, el de la primera jornada en Segunda, en Ibiza. La carga de los 5,5 millones de euros pagados por la mitad de su pase. La llamada inadaptación deportiva.
Arezo tiene 19 años. Parece un chico normal, que pasea a sus perros y que, como la mayoría de charrúas, bebe mate en uno de esos recipientes tan característicos. No es el culpable de lo que abonaran por su traspaso ni seguramente de las especulaciones veraniegas para que se fuera cedido a otro equipo. Tampoco se le puede conferir una gran responsabilidad en el descenso rojiblanco. Se le demanda ahora un rendimiento de estrella, acorde a su caché. De referente para devolver a un club necesitado a Primera división. Él es primero que querrá rendir, pero está en un proceso complejo. Necesita cierta comprensión pero también exigirse más. Buenos consejos a su alrededor y responsabilidad propia. Notar la tolerancia que se aprecia con cualquier canterano porque él es más joven que los chavales salidos del Recreativo.
Tiene 19 años. La precocidad, con frecuencia, es un atributo sobrevalorado en el deporte. Irrumpen aparentes fenómenos que alcanzan hitos, pero a los que después se los devora la ola cuando no siguen rebasando un listón cada vez más alto. La habilidad con los pies, el instinto goleador o la capacidad de fintar rivales no siempre van de la mano del grado de madurez preciso. Aunque lo viera de lejos en otros, nunca se está del todo preparado para lidiar con el peso de la fama ni con el amargo reverso de la frustración cuando las cosas salen mal. Arezo tiene mucho que aprender y que mostrar. De él depende casi todo, pero no es lo mismo caminar por la cuerda floja con red que sin ella debajo. Esta la ponemos los demás. El equilibrio, él, con ayuda de sus compañeros.
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