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Mujeres en la vida de Carlos V

Mujeres en la vida de Carlos V

La serie de Televisión Española pone de actualidad la figura del emperador. Este es un interesante reportaje sobre las mujeres de su vida publicado en IDEAL en el suplemento que este periódico elaboró en el quinto centenario del monarca

Esteban de las Heras

Lunes, 2 de noviembre 2015, 22:58

Los caprichos de la muerte dieron a Carlos el mayor imperio hasta entonces conocido y los caprichos de la sangre portuguesa le envolvieron en el mundo mágico de la melancolía. La muerte se llevó a su tío el príncipe Juan, el heredero de los Reyes Católicos, aquel que había sido armado caballero en 1490 junto a la Acequia Gorda de Granada; el que casó con Margarita de Austria y murió en Salamanca a causa de los excesos de la vida marital. La muerte se llevó a su tía Isabel, la que había sido jurada princesa de Asturias en las Cortes de Madrigal en 1476, antes de que naciese Juan . La que casó con Alfonso de Portugal y, a la muerte de éste, con su cuñado Manuel el Afortunado. Isabel murió al dar a luz a su hijo Miguel, que fue jurado sucesor de las tres coronas de Aragón, Castilla y Portugal . También la parca arrebató la vida del pequeño Miguel . Su cuerpo está enterrado junto a los de sus abuelos en la Capilla Real de Granada.

Pasan los derechos dinásticos a Juana, la tercera hija de los Reyes Católicos, casada con Felipe, el hijo de Maximiliano de Austria, nominado emperador del Sacro Imperio.

Otra vez la muerte. Fallece repentinamente en Burgos Felipe el Hermoso y Carlos, su hijo; recibe su herencia borgoñona y, más tarde, los derechos dinásticos de sus abuelos de Castilla y Aragón.

Antes de esta herencia, Carlos ha recibido otra muy diferente. Aquella que viene en la sangre portuguesa que circula por sus venas. La sangre de aquellas princesas, que a finales del siglo XV, eran consideradas una especie de hadas, bellas, ricas y temibles. Unas princesas cuya belleza había atraído a los herederos de casi todas las dinastías reinantes, cuyos descendientes volvían a buscar esposas de la misma sangre . Se llegó así a mezclar sangre de Avis con sangre de Avis y los hijos nacidos de un primo y una prima llegaban a formar una familia tan homogénea que parecían frutos del incesto. El atractivo de las infantas crecía a la par que su poder de seducción, al tiempo que en sus mentes -según Philippe Erlanger- surgían fantasmas y en ellas se encendía el fuego que podía llevarlas lo mismo a la genialidad que a la locura.

Portuguesa era Isabel, la madre de Carlos el Temerario, duque de Borgoña; portuguesa era Leonor, la madre de Maximiliano (el abuelo de Carlos) que se casó con la hija dei Temerario. Los Trastamaras castellanos también habían emparentado reiteradamente con las princesas de la Casa de Avís. Isabel la Católica era hija de una princesa portuguesa. Isabel, a la que las crónicas la describen como una ardiente belleza, que después de enviudar cayó en una suerte de divagaciones y manías, lo que obligó a encerrarla en el castillo de Arévalo.

De Portugal, pues, le vino a Carlos la genialidad como a su madre le había venido la locura. Y a Portugal fue a buscar la madre de su heredero, tras renunciar al matrimonio con su prima María Tudor, hija de su tía Catalina y de Enrique VIII, que después se casaría con Felipe II.

Isabel, la emperatriz

Con Isabel vino el amor y el flechazo. Carlos había acabado ya con la revuelta comunera, había sido coronado emperador en Aquisgrán y sus tropas habían capturado a Francisco I, rey de Francía. Carlos se encuentra en Sevilla con Isabel, que ademas de una dote de 900.000 doblas de oro (unos 5.000 millones de pesetas en la actualidad, según Manuel Fernández Alvarez) aporta su belleza. Tiene 23 años, tres menos que el novio. Carlos la ha hecho esperar en Sevilla una semana. El sábado 10 de marzo entra el emperador en la capital hispalense .

Ya de noche conoce a la que va a ser su esposa. Tras cambiarse de ropa, vuelve a donde la emperatriz estaba y -según el cronista Fernández de Oviedo- se desposó con ella. Aun faltaba la misa de velaciones para que el matrimonio se consumara y cuando todos se han retirado a descansar, se apareja un altar en la cámara de la emperatriz a medianoche y el arzobispo de Toledo celebra la misa. Fueron padrinos el duque de Calabria y la condesa de Odenura y Faro. Asisten como testigos muy pocos caballeros. Acabada la misa, Carlos da tiempo a que su mujer se acueste «e desque fue acostada, pasó el Emperador a consumar el matrimonio, como católico príncipe». Respiran amor por todos los poros de su cuerpo. El embajador de Portugal, Azevedo Continho dice: «en cuanto están junios, aunque todo el mundo esté presente, no ven a nadie.... ambos hablan y ríen, que nunca hacen otra cosa...»

Por mayo, el emperador decide trasladarse a Granada, pasando por Córdoba. Granada cautiva a la pareja imperial, donde viven una prolongada luna de miel, hasta finales de 1526 . Aquí, Carlos e Isabel engendrarían a mediados de agosto, a su primer hijo y heredero, el futuro Felipe II.

Su madre Juana, la reina loca

En agosto de 1496, una flota de 120 barcos había zarpado desde Laredo rumbo a los Países Bajos. Juana, la tercera hija de los Reyes Católicos, con 16 años, se va a casar con Felipe, el hijo de Maximiliano. También aquí, el novio hace esperar a la novia. Cuando por fin, al cabo de un mes, se encuentran en Lille el enamoramiento -como después ocurriría entre Carlos e Isabel -fue instantáneo. Felipe pide un sacerdote para que les case en el acto y ya pasan la primera noche juntos. La boda solemne podía esperar a mañana, la pasión no. Siguen los días de vino y rosas; aparecen los primeros celos; llegan los niños, Leonor, Carlos ; Isabel ... y la vuelta a España, porque el azar les ha convertido en los herederos de la Corona de Castilla. Aquí nace Fernando, el nieto preferido del Rey Católico, el que se cría en Alcalá de Henares, el que con el tiempo será emperador de Alemania. Tras la tragedia burgalesa de septiembre de 1506, comienza el largo viaje de dona Juana hacia su destrucción, paseando el cadaver de su marido por los campos de Castilla. Da a luz a Catalina en enero de 1507 en Torquemada y sigue su deambular hasta Tordesillas. Y comienza el largo encierro en el castillo, con la sola compañía de su hija Catalina, bajo la odiosa guardia de mosén Ferrer. Allí la encuentra Carlos cuando viene a España con 17 años. Poco antes en el torreón de la casa-palacio han abierto un hueco para que la niña Catalina pueda ver, al menos, el cielo desde su habitacíón. Otras ocho veces visitaría Carlos a su madre. En 1522, tras la derrota de los comuneros, que habían intentado ponerla al frente de la rebelión. En 1524, cuando, por fin, se entera del maltrato que los marqueses de Denia infligen a la reina de Castilla y su hija. Ni la más siniestra madrastra de los cuentos infantiles se hubiera portado peor que la marquesa de Denia con Catalina ... La despojaba de los vestidos que la enviaba el emperador, la escondía sus joyas, la menospreciaba en público, posponiéndola detrás de sus propias hijas.. . ¡y era la hermana del emperador!

Juana, en la nube de sueños heredada por su sangre portuguesa, vivió las mas hermosas Navidades en 1536, en compañía de su hijo y la emperatriz. Luego siguió enhebrando en el humo de los sueños el paso de los días y se durmió definitivamente el 12 de abril de 1555. Durante toda su vida, en todos los documentos oficiales, figuró por delante de su hijo como reina de Castilla.

Germana de Foix, el remedio de las penas

Había encomendado Fernando el Católico, en su última carta a su nieto Carlos, que no abandonase a su viuda, Germana de Foix, «pues no le queda, después de Dios, otro remedio sino sólo vos. . .» y le encarecía que le fuesen satisfechas las rentas del reino de Nápoles que le habían sido asignadas. El Católico había muerto en Madrigalejo el 23 de enero de 1516, por tomar -se dijo- unas hierbas con la esperanza de lograr sucesión de Germana; otros apuntan que no fueron las hierbas sino el abuso carnal con su joven esposa lo que le llevó a la tumba.

Cumplió fielmente el buen nieto las recomendaciones del abuelo y ya en la primera entrevista mantenida con la viuda en Valladolid se mostró muy afable con doña Germana. Las comadres pronto empezaron a murmurar que el nuevo rey estaba prendado de una dama de alta alcurnia. Según cuenta Laurent Vital en su Relación del primer viaje de Carlos V a España -y que recoge Manuel Fernández Alvarez en su reciente libro Carlos V, el César y el Hombre-, el palacio del Rey y la casa en la que habitaba doña Germana estaban fronteros y Carlos ordenó que se construyese entre ambos edificios un puente de madera «para poder ir en seco y más cubiertamente a ver a la dicha Reina... y también la dicha Reina iría por él al palacio del Rey...» . Aquellos encuentros entre el joven belga de 17 años y la viuda de su abuelo, Germana de 29, dieron como fruto una niña que recibió el nombre de Isabel. En 1519 doña Germana, que había acompañado a Carlos y a su hermana Leonor a Zaragoza y Barcelona para celebrar Cortes y ser jurado como -rey, se casó en la ciudad condal con el marqués de Brandemburgo. Era la manera de poner fin a los amores del futuro emperador con su abuelastra. Viuda ya del marqués, el emperador ordenó una nueva boda de Germana con el duque de Calabria, haciendo a los dos virreyes de Valencia. Para entonces doña Germana había engordado enormemente. El embajador polaco, Dantisco, comenta sobre el particular: «este buen Príncipe (el duque de Calabria), que cuenta entre sus antepasados ochenta reyes de la Casa de Aragón, forzado por la penuria, ha venido a caer con esta corpulenta vieja, y a dar en un escollo tan famoso por sus naufragios...».

La 'tita' Margarita de Austria

Margarita de Austria, que había estado destinada a ser la reina de España por su boda con el príncipe Juan, aquel que murió de los excesos maritales, había nacido en 1480, un año después que su cuñada Juana la Loca. Tras la muerte de su marido y de su hija póstuma en un mal parto, pasó unos años en Saboya donde estuvo casada con el duque Filiberto. De nuevo viuda y sin hijos es reclamada por su padre el emperador Maximiliano para hacerse cargo de los hijos de Felipe el Hermoso, que acaba de fallecer, y de Juana, que ya ha comenzado a dar señales de su locura congénita. Carlos siempre la recordaría como su tita preferida ("Ma bonne tante"). Margarita se encargó de educar, en su corte de Malinas, a los pequeños sobrinos Leonor, Carlos, Isabel y María. Leonor tiene entonces nueve años, Carlos siete y la pequeña María dos. Margarita es también gobernadora de los Países Bajos. Amiga de Inglaterra y enemiga de Francia -una galofobia que le venía desde que con tres años fue llevada a la Corte francesa como prometida del Delfín y de donde fue devuelta cuando contaba trece años porque aquel se casó con Ana de Bretaña- los cronistas de su tiempo la conocen como la desventurada.

Fue hasta 1530 la gran colaboradora de su sobrino en la política internacional. Tomo parte activa en los manejos para la designación de Carlos como emperador, en lo que gastó 850.000 florines, más de la mitad prestados por los Fugger, banqueros que obtienen por ello las rentas de las Ordenes Militares españolas durante tres años Fue artífice, con la reina de Francia Luisa de Saboya, de la Paz de las Damas en 529, el periodo más importante de paz durante el reinado de Carlos V.

María, la reina viuda de Hungría

Mientras Carlos V y la Emperatriz viven su idilio en los jardines de la Alhambra, a 3.000 kilómetros al Este el joven rey de Hungría y cuñado del emperador, Luis II, al frente de 20.000 hombres a caballo, todos los disponibles, se enfrenta al poderoso ejército turco de más de 100.000 combatientes con 300 cañones que avanza Danubio arriba rumbo a Budapest. Es la batalla de los campos de Mohacs del 28 de agosto de 1526. Todo el ejército húngaro y su rey quedaron tendidos en el campo de batalla. Luis II tenía 20 años; su mujer, María, la hermana del emperador, 21. Cuando el correo enviado por Fernando, el hermano de Carlos y María, desde Viena dando cuenta del desastre llega a Granada, Carlos ordena que todos los predicadores y confesores prediquen a los pueblos el peligro de la cristiandad. Hungría se había perdido, el siguiente destino para el invasor sería Viena. María, la reina viuda de Hungría, sustituyó cuatro años después a su tía Margarita en el gobierno de los Países Bajos. Menos cultivada que Margarita, que había hecho de su corte de Malinas un centro cultural del primer orden, María, que en principio fue, receptiva a las ideas luteranas, se plegó a los deseos de su hermano y fomentó 1á orientación tradicional. Defendió las tierras de Flandes contra los franceses y fue el alma de los acuerdos de Aubsburgo de 1551, que suponían que Felipe II accedería en su día al trono imperial a la muerte de Fernando. Dejó el poder al tiempo que su hermano y le acompañó a en su viaje a España en 1556, una tierra que desconocía . Murió en Cigales el 18 de octubre de 1558 poco después de conocer la muerte de su hermano y cuando se disponía a volver a los Países Bajos, porque así se lo había pedido su sobrino Felipe.

Catalina, niña pobre, reina rica

Aquella niña que en sus primeros años ni siquiera podía ver la luz del sol desde su habitación, que sufrió vejaciones sin cuento por parte de los marqueses de Denia, aquella niña que su hermano encontró pobremente vestida cuando llegó por vez primera a ver a su madre en Tordesillas, sirvió a Carlos para consolidar sus alianzas con Portugal y la casó con Juan III. Catalina, la hija póstuma de Felipe el Hermoso, siempre estuvo agradecida a su hermano, de quien se dice «humilde servidora», por haberla sacado de aquel triste encierro y haberla elevado al trono portugués, uno de los más ricos de entonces. Su hijo Juan -casado con la hija de su hermano Carlos, Juana- murió antes de llegar a reinar. Carlos V la valoraba tanto que en la crisis sobrevenida a esta muerte la apoyó para que se encargase de la regencia durante la minoría de su nieto Sebastíán, aquel rey en el que el fruto de las reiteradas uniones consanguíneas desataron los fantasmas de la mente y le empujaron a un místico afán de gloria, que acabaron con su vida en la batalla de Alcazarquivir.

Leonor, la hermana preferida, la reina abandonada

Si había fijación entre los castellanos por las princesas portuguesas, otro tanto podría decirse de los herederos de la Corona portuguesa respectó a las españolas. Aquel Manuel O Venturoso (El Afortunado) -que se había casado sucesivamente con dos hijas de los Reyes Católicos, Isabel y María- volvió a contraer nupcias cuando ya tenía 50 años con la sobrina de éstas, Leonor, la hija mayor de Juana La Loca y hermana del emperador, aquélla con la que mejor se lleva en la corte de Malinas de su tita Margarita. Se quedó viuda a los dos años de la boda (1521) y abandona la corte lisboeta, dejando allí a su hija María, que tiene sólo un año. Esta repentina marcha desata una catarata de rumores en los mentideros de Lisboa. El embajador polaco Dantisco se hace eco de ellos: «el nuevo rey, Juan 111, se ha enamorado de su madrastra y está embarazada. ..» De vuelta a España, Carlos la casa con Francisco I, rey de Francia -fue uno de los acuerdos del Tratado de Madrid con el monarca francés preso-. La boda no se celebra hasta 1530. Nunca tuvo el aprecio de su esposo; asistió a las aventuras galantes de éste, ensimismada en lecturas piadosas y en la añoranza de su hija María, que quedó en Portugal. Acompañó a Carlos a su retiro de Yuste, desde donde se acercó a Badajoz para ver a la hija abandonada. Tras la dolorosa entrevista entre madre e hija cayó enferma y murió pocos días después.

Isabel, breve reinado en Dinamarca

Tenía un año menos que Carlos. Cuando cumplió los 14 se casó con Cristian II, rey de Dinamarca, Noruega y Suecia. Durante su reinado, tras el baño de sangre de Estocolmo, el noble Gustavo Vasa se subleva y en 1523 se proclama rey de Suecia. Al tiempo la nobleza danesa proclama rey a Federico, el tío de Cristian . Este y su esposa buscan refugio en Flandes, donde Isabel muere poco antes de la boda del emperador con Isabel. Cristian regresa a Dinamarca, donde es encarcelado y permanece en prisión hasta su muerte en 1559. Tuvieron tres hijos: Juan, que murió al poco de nacer; Dorotea, que casó con el conde palatino Federico, y Cristina, casada con Francisco María Sforza, último duque de Milán.

María, hija de Madrid, reina de Bohemia

La primera de las hijas de Carlos V e Isabel de Portugal vino al mundo en Madrid el 21 de junio de 1528. En las tormentosas sesiones familiares de Aubsburgo, en las que Carlos V pretende que a su hermano Fernando le suceda en el trono imperial el futuro Felipe II, se acuerda el matrimonio de María con su primo el hijo de Fernando, Maximiliano, y reciben el título honorífico de reyes de Bohemia. Mientras Felipe se encuentra con su padre en Flandes, María y Maximiliano se encargan del gobierno de España entre los años 1548 y 1551. El carácter de bon vivant de Maximiliano chocó fuertemente con la pacata María, dada al misticismo. Maximiliano fue nombrado emperador a la muerte de su padre en 1564. Tuvieron 16 hijos, de los que sobrevivieron ocho, entre ellos Rodolfo (el futuro Rodolfo 11, mecenas de Tico Brahe y Kepler). Ya viuda, regresó a Madrid, donde entró en el convento de las Descalzas Reales.

Juana, la reina viuda

Fue la última de las hijas de Carlos e Isabel (24-6-1535). Quedó huérfana a los cuatro años y se casó a los 17 con su primo Juan, hijo de Juan III de Portugal y de su tía Catalina, aquella que había sufrido el encierro de Tordesillas con la reina loca) . Quedó viuda estando encinta de Sebastián, el príncipe visionario muerto el Alcazarquivir. Dejó a su tía de regente en lisboa y se volvió a Madrid, su ciudad natal, para hacerse cargo del gobierno entre 1554 y 1559. Ejerció de viuda, vistió de negro el resto de su vida y no dejó ver su rostro ni a los embajadores con los que tenía que despachar. Fundó el monasterio de las Descalzas Reales. Reprimió con severidad la herejía: presidió en Valladolid el auto de fe de 21 de mayo de 1559, e impuso la severidad y la devoción en la corte de su hermano Felipe II . Murió en El Escorial el 7 de septiembre de 1573.

Margarita, la hija del tapicero, duquesa de Parma

Entre 1521 y 1522, tras la Dieta de Worms, aquella en la que el emperador se entrevistó con Lutero y desde la que lanzó el edicto contra los comuneros de Castilla, tuvo Carlos tiempo de dedicarse al ocio, a los paseos fluviales por el Rhin, a la reunión de los caballeros de la Orden del Toisón de Oro .. . y tuvo

también tiempo de entablar relaciones amorosas con Juana Van der Gheyst, hija de un tapicero de Audenarde. Fruto de estos amores fue Margarita, la que había de ser gobernadora de los Países Bajos durante el reinado de Felipe II . Se educó con Margarita de Saboya en la corte de Malinas. Estuvo casada con Alejandro de Médicis, duque de Florencia, y, asesinado éste, contrajo nuevas nupcias con el nieto del papa Paulo III Octavio Farnesio, duque de Parma y Plasencia, por to que se la conoce como Margarita de Parma.

Juana de Austria, la niña novicia

Peor suerte tuvo otra hija natural, la niña Juana de Austria, nacida en 1522 de los amoríos que entonces tuvo Carlos V con una joven de la clientela del conde de Nassau . Nació en los Países Bajos y murió siendo novicia en el convento agustino de Madrigal de las Altas Torres, bajo la custodia de la madre abadesa doña María de Aragón, hija natural de Fernando el Católico. Apenas vivió tres años. Carlos V donó a la congregación agustina el antiguo palacio regio de Madrigal, donde había nacido su abuela Isabel la Católica, gesto de generosidad que bien pudo tener que ver con que dicho convento albergara a su pequeña.

Tadea, la niña romana

Ursolina della Penna, la bella di Perugia, era una hermosa italiana que en 1522 acompañaba a su marido en la corte de Bruselas . Enviudó al poco tiempo y el emperador se interesó por ellas. «Tuvo conversación» -dicen algunos documentos- y fue tan íntima que la bella perugina «quedó preñada» . De vuelta a su tierra dio a luz una niña, Tadea, por la que Carlos V mostró con cierta frecuencia interés, sobre todo durante su estancia en Roma en 1536 después de la victoriosa campaña en Túnez. Cuando el emperador supo que Tadea se había casado le envió 3 .000 escudos y una fuerte reprimenda por haberlo hecho sin su consentimiento. Poco más se conoce de esta Tadea, salvo que tuvo unos hermanos broncos y violentos que la hicieron padecer mucho; que perdió pronto a su madre, al parecer envenenada, y también a su marido . Vivió a partir de entonces en Roma llevando una vida muy recatada. En 1562 envió un emisario a Felipe II pidiéndole que reconociera que era hija del emperador.

Bárbara de Blomberg, el amor de otoño

Bárbara de Blomberg conoció al emperador, ya viudo, en Batisbona, durante la época que algunos historiadores conocen como la etapa aflictiva. En 1945, poco después de firmarse la paz de Crépy, Bárbara da a luz un niño, el futuro Don Juan de Austria, que fue encomendado a otros cuidados. Bárbara no pudo conocer a su hijo hasta la mayoría de edad de éste . Bajo la protección de la reina María de Hungría, gobernadora de los Países Bajos, se trasladó Bárbara de Blomberg a Flandes y alli se casó en 1548 con Jerónimo Kege, que a cambio de un empleo se comprometió a cubrir el desliz de su esposa. Tuvieron dos hijos; el primero se ahogó en un pozo y el segundo sirvió en el ejército español con el apellido Pyramus, donde llegó a coronel. Barbara enviudó en 1569. El duque de Alba, entonces gobernador de los Países Bajos le propuso que viniese a España, pero prefirió los 4.944 florines de pensión que le señaló el rey Felipe II y siguió alli llevando una vida, que las crónicas más conservadoras señalan como disipada. Cuando su hijo don Juan de Austria es nombrado gobernador de los Países Bajos se impone el traslado a España, ya que su vida demasiado alegre comprometía la autoridad de su hijo . Don Juan consigue con engaños que su madre embarque y es recibida en Laredo por doña Magdalena de Ulloa, la viuda de don Luis Quijada, la que había hecho las veces de madre de don Juan (Jeromín) . Posteriormente se trasladó al castillo que unos hermanos de Magdalena, los marqueses de la Mota, tenían en San Cebrián de Mazote, en Valladolid . A la muerte de don Juan de Austria, Felipe II destina una renta de 3.000 ducados a la madre de su hermano y accede a que se traslade a Colindres, en Santander, donde al final de su existencia llevó una vida más reposada.

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