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Una joven diseñadora gráfica de Wisconsin que trabaja en una empresa de paquetería se convirtió el domingo en la flamante ganadora del millón de dólares ... que sorteaba Elon Musk entre aquellos votantes dispuestos a luchar «contra los jueces activistas». El requisito de que ya hubieran votado a favor de Brad Schimel para juez del Supremo se retiró en el último momento para evitar las demandas del Estado, que protesta contra la compra de votos.
Ekaterina Diestler posó sonriente sobre el escenario sosteniendo por una esquina el gigantesco cheque que le ofrecía el hombre más rico del mundo por la otra esquina. Pese a que su nombre aparecía escrito en él, no está claro que la chica lo vaya a cobrar. Para empezar, el pago por servir de «portavoz» de esta lucha contra jueces progresistas está congelado en los tribunales. Para seguir, Musk, como Donald Trump, es famoso por sorteos con trampa. El de Pensilvania, en el que supuestamente sorteó periódicamente un millón de dólares entre los votantes de Trump, estaba amañado, porque cuando se le demandó por ello el propio Musk admitió en los tribunales que los ganadores de esta «rifa» no se elegían aleatoriamente. Su recompensa dependía de la «labor» que hubieran realizado como «portavoces de America PAC», el Comité de Acción Política creado por el magnate surafricano para apoyar la candidatura de Trump.
Al entregarlos como una compensación laboral, el magnate surafricano se libraba también de las reglas que afectan a la «lotería» ilegal que llevaba a cabo. En total, America PAC entregó 16 cheques en todo el país, cuatro de ellos en Pensilvania, uno de los siete Estados clave para ganar las elecciones. Dado que la estrategia le funcionó, el magnate surafricano ha decidido repetirla en Wisconsin, donde su intervención a favor del juez Schimel ha convertido las elecciones judiciales de este martes en las más caras de la historia en todo el país.
El gasto de esta campaña supera ya los 81 millones de dólares, según datos de la Comisión Electoral del Estado, duplicando la marca previa nacional. Los seguidores de Musk alegan que solo hace de contrapeso a millonarios como George Soros, que en comparación ha donado un millón de dólares al Partido Demócrata de Wisconsin. A través de sus PACs, Musk ha inyectado más de 14 millones en anuncios televisivos y digitales, carteles, redes sociales y eventos masivos como el de Green Bay, donde Diestler fue coronada símbolo de la cruzada conservadora.
Junto a ella recibió también un cheque simbólico Nicholas Jacobs, un conductor de camiones de Appleton, otro bastión republicano. En el mitin se les presentó como «ciudadanos valientes que se han levantado contra la dictadura judicial de la izquierda». Los organizadores invitaron al público a firmar en directo una petición contra los jueces progresistas y prometieron seguir repartiendo premios millonarios en los próximos días, pese a las advertencias legales.
La Fiscalía general del Estado, encabezada por el demócrata Josh Kaul, ha intentado sin éxito frenar el reparto de cheques, alegando que constituye una forma encubierta de compra de votos. La Corte Suprema estatal, de la que se retira una jueza progresista, desestimó la demanda el viernes pasado, lo que permitió a Musk seguir adelante con su plan. La campaña de la candidata progresista, Susan Crawford, le acusa a Musk «colonizar el sistema judicial con dinero extranjero», en referencia a su nacionalidad sudafricana.
«El pueblo de Wisconsin no está en venta», proclamó Crawford el domingo durante un mitin en Madison. Schimel, por su parte, ha evitado criticar la campaña de Musk, limitándose a decir que «cualquier esfuerzo para educar al electorado sobre el valor de la Constitución es bienvenido». El candidato conservador fue fiscal general del Estado y se opone al derecho al aborto, defiende la portación de armas sin restricciones y ha prometido impedir que «los burócratas interfieran en la vida de la gente de bien».
Además de ser el primer termómetro sobre el sentir de los votantes desde que Trump llegó al poder, el resultado de la contienda podría cambiar el equilibrio ideológico de la Corte Suprema estatal, ligeramente hacia la izquierda desde 2023. Eso tendrá un impacto sobre legislación estatal de interés nacional, como el acceso al aborto, la redistribución electoral de los distritos y las demandas laborales, pero lo que realmente está en juego es la legitimidad del sistema judicial ante la creciente intervención de multimillonarios como Musk. Si gana su candidato, la cuestión ya no será si se pueden comprar las elecciones judiciales, sino cuánto cuestan.
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