Hay un libro pequeñito, una auténtica delicia, que corre el riesgo de pasar inadvertido entre tanto mastodonte como se publica. Me refiero a 'Conversaciones sobre ... la escritura' (Altamarea), que reúne cuatro charlas entre Manuel Vázquez Montalbán y Andrea Camilleri, la primera con motivo de la presentación en Mantua de 'O César o nada' (1998), la última en Brescia dos años más tarde, sin otra coartada que la de hablar de sus lecturas y de su escritura. De Literatura, en suma.
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Completan el volumen dos conversaciones más, una publicada en 'La Vanguardia', otra en el 'Corriere della Sera'. Los tertulianos, creo yo, no necesitan presentación. Manuel Vázquez Montalbán y Andrea Camilleri son dos de los máximos exponentes de la novela negra mediterránea, dos auténticos fenómenos editoriales que lograron acercar el género a lectores indiferentes o incluso reacios al mismo gracias a las peripecias de un detective imposible (Pepe Carvalho) y un comisario igualmente improbable (Salvo Montalbano) y, aun así, humanos, decididamente humanos; en un divertido apunte, Camilleri reconoce que su personaje no habría aguantado ni siquiera unos pocos días en una comisaría italiana auténtica. Como se sabrá, o al menos como cabe deducir, al ponerle apellido a su comisario, Camilleri rindió homenaje a nuestro querido Manolo.
Uno y otro se sirvieron de la novela negra para indagar en la sociedad y en el tiempo presente, de manera más insistente e incisiva en el caso de Vázquez Montalbán, me atrevería a decir. (El ciclo Carvalho conforma una rigurosa crónica de la España del último cuarto del siglo XX y deberían conocerlo todos cuantos quieran acercarse a la historia reciente de nuestro país). A pesar de estos puntos en común y de alguna otra coincidencia entre sus criaturas –a Carvalho y Montalbano les encanta la buena cocina–, no se me ocurren mundos narrativos más distintos. En una intervención, Vázquez Montalbán señala la diferencia más evidente: «Montalbano es un policía, un funcionario público; Carvalho, no». En efecto. Montalbano pertenece a la escuela del comisario Maigret; es un ciudadano integrado en el sistema que intenta hacer el mundo más habitable; Carvalho, por su parte, es un detective privado, un 'outsider', un tipo al margen que observa con recelo el orden instituido y con desasosiego a sus perros guardianes: «Todavía hoy me asalta cierta inquietud cuando me cruzo con un policía – confesaba Vázquez Montalbán–. Pesan los años de coexistencia con el franquismo».
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