
Las elecciones europeas han servido para que le pongamos una alfombra roja, con photocall incluido, a la abstención. Esa fue la gran triunfadora de unos ... comicios en donde la estrella de la noche estuvo protagonizada por quienes decidieron no ejercer su derecho al voto y que alejados de los focos y de las grandes pantallas le hicieron la cobra a las urnas y a los colegios electorales.
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La mayoría del electorado dejó a un lado su derecho. No sabemos si porque unas europeas no son lo suficientemente atractivas o porque, simplemente, los partidos están contribuyendo con su aptitud de reproche e insulto permanente al incremento de la desafección de los ciudadanos por esto de la política. Y es que visto y viviendo lo que estamos observando en los últimos años, no es para menos.
Pasan las campañas con más pena que gloria. No hay mitin que se precie en el que resulta poco menos que imposible encontrar una propuesta. No digo ya dos o tres aspectos del programa electoral, una sola iniciativa que vayan a hacer más allá de desacreditar al contrario y a todo su entorno.
No es extraño que, en este clima, que dura ya demasiado, nos den ganas de, como dijo la vicepresidenta, Yolanda Díaz, mandarlo todo allí mismo. Extraña aún menos que las elecciones en nuestro país se conviertan en la fiesta de Mecano. Sí aquella a la que todo el mundo va, se planta y se cuela.
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Así está el nivel, y lo que es peor: todo es susceptible de empeorar porque quienes tienen la responsabilidad están empecinados en parecerse cada vez más a los kamikazes. Al grito de 'banzai' parece querer llegar hasta las últimas consecuencias sin la mínima autocrítica. Todos vuelven a ganar, de una forma o de otra retuercen los datos. Pero ¿qué valor tiene una victoria donde la mitad, o más de la mitad, del electorado decide no votar?
Sin duda, la triunfadora fue la abstención. Además, ganó por incomparecencia. Recuerdo cuando los líderes políticos de antes señalaban el día de las elecciones como el triunfo o la fiesta de la democracia. Ahora ya ni eso, se ha convertido en algo tan habitual que quizás estemos cansados de tanto votar, este año ya hemos vivido tres consultas electorales y lo mismo nos queda otra u otras dos. Y así no es posible centrarse en los verdaderos problemas de la gente. Así no es que se acabe la fiesta, es que… ¡la fiesta no ha hecho más que empezar!
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