Para no sabedores cabe decir que puede producirse un cierto gas hilarante que, aspirado, procura una leve risa o sonrisa. Sin mucha ironía ni malicia ... alguna, podría declararse lo inane de tan singular gas ante aconteceres e informaciones que imperan en actualidad granadosa. No, no deseemos ser aguafiestas, pero bien puede sonreírse algún observador crítico ahora, en las discurrentes calendas, ante determinadas fotos, acciones, actos en pro de la encumbrosa candidatura de Granada a capital europea de la Cultura.
Quizá convenga, con la venia, repasar el grueso sentido de cultura. En primera acepción, más etimológica, latina (colere), el 'cultivar' las facultades humanas; de ahí el conjunto de conocimientos de ciencia o de arte, y así –en tercera instancia– se da una estructura o entramado social portador sustinente de tales logros humanos.
Entonces, preguntamos y aduciríamos –con la misma venia– el modo granadino que, claro, por instituciones docentes certeramente se procure, el cultivo del corpus humanum, de los ciudadanos en ciernes y acaso también en madurez. No es uno quién ni puedo analizar el modo de Educación en toda su amplitud o complejidad. Mas en relieve la de la Universitaria –calificación insuficiente, ¿no? entre las 300 mejores–. Y si hablamos de cultivo humano, antes de acelerador de partículas, estarían supuestas las bases precisamente humanísticas –una dama, acabada su licenciatura, nos dice «no tengo ni idea de lo que es un soneto»–.
En segunda consideración, ese resultado del previo cultivo de conocimientos y artes. El cómo de tanto profesional de origen en la buena Enseñanza resulta competente en el despacho, maestría, emplazamiento de trabajo… Y acaso sea pertinente destacar –con la venia– el especial trascender a información, publicaciones, comunicación del modo que sea. Parece problemático el campo de cualificada literatura nueva, la poesía signo de la capital, y más aún el de una intelectualidad honda, de profundo pensamiento, como enseña y norte de la cultura candidata, dudando si trufada de cierto super-cofradismo, y escasa de taurinismo –el más bello espectáculo del mundo–. Tal vez es que pensamos en demasía sobre puridad de cultura, y sin Alhambra ni Albaicín.
En final consecuencia, sí, la cultura como trazo definitorio de la ciudad. A manera de como se dice, por ejemplo, 'cultura helénica', bien decir 'cultura granadina'. En semejante tesitura, tal vez cuestionar el 'ser granadino' –título de un libro editado cuasi filosófico–, si el tal no es un tanto hermético y retraído, excluyente de abiertas manifestaciones personales. Evidentemente puede darse una generalización de riesgo, mas creemos, salvas excepciones, que no resulta fácil que el ciudadano granadino sea espontáneamente comunicativo –referencias hay de observación foránea–. ¿Cultura de lo humano?
En definitiva, con los supuestos antedichos, sincera o ingenuamente no nos cuadra esa estrategia de consolidar la candidatura mediante apoyos institucionales, corporativos, empresariales, sin faltar reuniones y sus fotos, con la última 'guinda' de apoyo en una consultora de Bilbao licitante en solitario, mas buey en soltura bien se lame… Sistema que más parece de empresa y negocio, pactante o político, que recabador de medios y medidas tendentes a elevar la cultura en su más exigente sentido.
Perdónenme autoridades y gestores si con las noticias de esa traza de poner en valor la cultura, nos parece que se riega fuera del tiesto –mear fuera de bacín nos decía un profe de Filosofía–, dándose cierta escenificación más de disfraz que de eficacia, sin que nos sea menester ningún especial gas para que modestamente, respetuosamente, sí, se nos desplieguen los labios en una leve sonrisa.
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