Nos siguen (y algo más)
Nos analizan, nos monetizan. Se sienten autorizados a ir más allá, a hacernos suyos
Lorenzo Silva
Lunes, 24 de marzo 2025, 23:36
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Lorenzo Silva
Lunes, 24 de marzo 2025, 23:36
Un día te levantas y descubres gracias a una investigación periodística de The Atlantic que Meta se ha apropiado por la cara de millones de ... libros para adiestrar a su IA y que entre ellos –la revista ofrece un buscador ad hoc– están todos los tuyos. Ya te constaba la desfachatez y la falta de escrúpulos de los dueños del presente, esos espabilados mutados en milmillonarios que tras hacerse con la programación de nuestras vidas han dado el paso natural de expugnar instituciones, legislaciones y demás. Ya imaginabas que habrían saqueado también tu obra, en suma, pero obtener la prueba produce siempre un escalofrío.
De todo esto, y de la ardua insumisión, habla a través de una ficción que huele muy poco a fantasía la última novela de Belén Gopegui, 'Te siguen'. En ella, a través de la peripecia de un par de ejecutivos de empresas de cibervigilancia, volcados a la vez en descifrar la clave del comportamiento de individuos que aciertan a escapar a la determinación de sus pasos a través de la tecnología –y a los que llaman Recalcitrantes–, se nos invita a una reflexión sobre el perfeccionamiento de la dominación por medio de la digitalización de la existencia y las opciones –cada vez menos– de escapar a ese código que nos atenaza.
Novela de ideas, a ratos densa, que apela a un lector activo, en sus páginas aguarda la recompensa de compartir una buena gavilla de intuiciones luminosas sobre la nueva esclavitud que se cierne sobre todos, sus mecanismos y las maneras de eludirlos. Será de interés para aquellos que –por lo que fuere– no deseen resignarse a ser engranaje y reducir su existencia a combustible de la gran máquina que convierte en riqueza y poder para unos pocos la peripecia vital de muchos, previamente transformada en bytes almacenables y procesables. La primera de ellas golpea en seguida al lector: «Las palabras vacías nos convierten en seres sin porqué, sin significado». En el combustible perfecto.
Hay muchas más. Junto al vaciamiento del lenguaje, hitos como la licuefacción de la vida en «experiencias» digitalizables y desmaterializables, la devaluación de las obligaciones y de la responsabilidad para supeditarlas a un deseo que a la postre viene prescrito como ineludible –y que por tanto no es tal– o la abolición del arrepentimiento van empedrando según Gopegui el camino de servidumbre al que se aboca al homo ciberneticus. Así, no sólo nos siguen, nos analizan, nos monetizan, nos prevén. Se sienten autorizados a ir más allá: a despojarnos de cuanto nos permite ser fuera de su circuito cerrado. A hacernos suyos.
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